OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
La muerte que no se registra

Hay cosas que no cambian en Coahuila así pasen años. Y uno de ello son los accidentes de trabajo, la mayoría mortales, y otra vez sale a relucir lo mismo: el pobre que se mata en la obra ni siquiera tenía su folio en el IMSS. Los deudos se quedan con la mano tendida, con la cuenta del hospital o del panteón que nadie quiere pagar, y la empresa que lo contrató se hace la loca.
Una situación que duele. Duele porque pasa una y otra vez, y parece que nadie quiere ver el elefante en la habitación. Sobre todo en la construcción. Ahí es donde más se evade el derecho que tiene cualquier obrero a estar protegido.
Llevo muchos años como periodista, cubriendo estas historias desde que era un chamaco con libreta y lápiz, le puedo decir que la escena se repite como un disco rayado. Llega la ambulancia, llega la nota en el periódico, llega el lamento de la viuda… y luego, nada. Silencio. O peor: rumores que corren de boca en boca en las cantinas de la colonia o en las reuniones de los viernes.
Apenas el pasado marzo de este 2026, las cifras de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social dieron un campanazo: novecientos noventa accidentes laborales en Coahuila solo en los primeros tres meses del año. Casi mil. Y Coahuila otra vez entre los primeros lugares del país.
Piensen nomás. Muchos de esos muchachos estaban en obras, cargando block, subiendo andamios, manejando maquinaria pesada. Y muchos, la mayoría en los casos fatales, sin estar dados de alta. ¿Dónde estaba el IMSS? Buena pregunta.
Lo peor es que no hay registro claro de que el Instituto haya ido con todo contra las empresas que se hacen pendejos. Ni una multa gorda que se sepa, ni un cierre de obra, ni nada que haga temblar a los patrones. En cambio, contra las empresas “cautivas”, las que sí pagan religiosamente cada mes su cuota patronal, ahí sí se van con todo el rigor de la ley. Las que sostienen el sistema, las que tienen a sus trabajadores bien inscritos desde el primer día, esas cargan con el peso económico de todo el aparato. Y mientras, las otras, las que contratan al día o por obra, se escabullen.
Los inspectores del IMSS, si es que aparecen, brillan por su ausencia o, cuando llegan, según cuentan los dueños de constructoras y comercios en voz baja, “se arregla”. Nadie tiene pruebas sólidas para denunciar, claro. ¿Quién va a meterse en problemas con una dependencia gubernamental? El miedo es gratis, y las represalias también. Yo he escuchado eso mismo en cafés de la Avenida Carranza y en las oficinas de la Cámara de la Construcción desde hace décadas. Rumores, sí. Pero tan repetidos que ya huelen a verdad.
Y no me diga que no es injusto. Las constructoras y proveedores que tienen contratos con gobierno federal, estatal o municipal, deberían ser los primeros en ser revisados con lupa. ¿No es lógico? Están trabajando con dinero público, ¿y no pueden garantizar que su gente tenga seguro? Pues la cosa es que no. Es más fácil tapar el pozo después de ahogado el niño, como dice el dicho viejo.
Tiene que haber un muerto, o dos, o tres, para que el IMSS se entere de que en esa obra había gente trabajando sin estar inscrita. Entonces sí sale el comunicado, la promesa de investigación… y al rato se olvida todo.
La ineficiencia del Seguro Social, o la complacencia, llámelo como quiera, es evidente. Protege a unos y castiga a otros. A las empresas que desde hace años cumplen, les cae el peso completo. A las evasoras, impunidad. Y mientras, el sistema se sostiene sobre las espaldas de los que sí pagan. Los empresarios del norte, los que yo conozco desde hace rato, me lo dicen con cara de cansancio: “Nosotros pagamos puntual, cada mes, sin chistar. ¿Y los demás? Ahí andan, contratando gente en la esquina sin dar de alta a nadie”.
Solo hay que pensar aquella persona que trabaja en una obra en Monclova o en Piedras Negras. Se cae del tercer piso, lo llevan al hospital, y de repente la esposa se entera de que no hay póliza, que no hay pensión, que ni siquiera hay derecho a la atención que ya le dieron. Las cuentas llegan. El entierro hay que pagarlo de la bolsa. Y el patrón desaparece o dice que “era subcontratista”.
Yo he estado en varios velorios así, escuchando a las madres que no entienden por qué su hijo murió dos veces: una en el accidente y otra en el papeleo. Y no es que no haya avances. El IMSS y la STPS han estado mandando exhortos a miles de empresas inscritas en el REPSE, ese registro de prestadores de servicios especializados, para que regularicen sus obligaciones.
En enero del año pasado mandaron cartas a más de veintidós mil. Pero el problema persiste. Porque la cultura de la formalidad no se construye con oficios desde un escritorio. Hay que salir a la calle, como dicen los mismos empresarios que pagan sus cuotas sin falta. Hay que inspeccionar de verdad, no solo cuando ya pasó la tragedia.
Es arbitrario, es injusto y es peligroso. Porque mientras sigamos así, la construcción seguirá siendo de las actividades más riesgosas del país. Las cifras nacionales lo confirman: miles de incidentes al año, cientos de muertos. Y en Coahuila, con su industria y sus obras en marcha, el riesgo es todavía más palpable.
La solución, la única de verdad, es aplicar la ley sin miramientos. Cultura de cumplimiento, sí, pero con dientes. No desde cuatro paredes con aire acondicionado. Hay que ir a las obras, revisar nóminas, pedir los avisos de construcción, checar que cada trabajador tenga su alta desde el primer día. Solo así se va a acabar este círculo vicioso de accidentes que revelan lo que todos sabemos, pero nadie quiere decir en voz alta: hay empresas que juegan con la vida de la gente porque saben que, al final, el costo lo paga el de abajo.
Yo, me hago viejo en esto, sigo creyendo que el norte es de gente trabajadora y derecho. Pero también creo que merecemos algo mejor. Merecemos que el IMSS sea para todos los que sudan la camiseta, no solo para los que les conviene. Porque cada obrero que muere sin folio no es solo una estadística. Es una familia rota, una historia que se cuenta en voz baja y un pozo que, una vez más, se tapa demasiado tarde. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org


