OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Ruta que cobra en carne: trata cubana

Uno cree que con los años las cosas cambian, que las redes se rompen, que la gente aprende. Pero la verdad es que no. Hace una década, allá por el 2015 y el 2016, un tipo llamado Silvio Clark Morales, de 31 años entonces, andaba moviéndose entre Cuba, Florida, y quién sabe si México y Centroamérica, ofreciendo a jóvenes cubanas el sueño de salir de la isla.
Les prometía trabajo como bailarinas exóticas en Miami. Nada más. A cambio, pagaban 20 mil dólares por la travesía peligrosa por Centroamérica hasta la frontera con Estados Unidos. Ellas, entre 21 y 25 años, desesperadas por dejar atrás la escasez y el miedo a que se les cerrara la Ley de Ajuste Cubano, aceptaban. ¿Quién no lo haría en su lugar?. Piense nomás en una muchacha de La Habana o de Santiago, con la maleta hecha y el corazón latiéndole fuerte por un futuro que no llega nunca en la isla.
La cosa empezó como siempre empieza, es decir, por Facebook. Morales, alias “Jander” o “Silvito”, contactaba, cerraba el trato en Cuba y las mandaba por la ruta del contrabando. Una vez en Miami, la deuda se inflaba mágicamente a 55 mil dólares. Y adiós al baile exótico. Las obligaba a prostituirse, a entregar 100 dólares diarios, a vivir bajo amenaza. Golpes, pistola en la sien, amenazas de tirar a una desde un puente o de matar al hijo que había dejado en la isla.
Esclavas sexuales puras y duras. Seis muchachas. Una de ellas se escapó con otra el 6 de septiembre de aquel 2016, fueron a la policía de Miami y todo se destapó. Las otras cuatro las encontraron en un edificio donde vivían con él. Morales terminó arrestado ese mismo día. Años después, en 2017, se declaró culpable y le cayeron 30 años de prisión. Justicia hecha, dirá usted. Sin embargo, la historia no terminó ahí.
Porque la crisis en Cuba no se ha ido. Al contrario. En este 2026, con la economía hecha trizas, la escasez de todo y esa sensación de que el futuro se lo tragó el malecón, la gente sigue huyendo. Y los traficantes, los que viven de la desesperación ajena, se han vuelto más creativos. Ya no solo Facebook y promesas de baile.
Ahora son ofertas de trabajo falsas que llegan por redes sociales, relaciones afectivas que empiezan en línea, hombres que financian el viaje o mandan dinero a la familia en Cuba para luego cobrar con el cuerpo. Engaños que suenan a salvación y terminan en yugo. La misma ruta: Centroamérica, México, la frontera. Solo que ahora, con los cruces irregulares más controlados por las políticas del norte, los que logran pasar o se quedan varados aquí son más vulnerables. La desesperación no espera.
Cuando era joven ya se sabía de muchas historias de este tipo y desde los tiempos en que Torreón y Saltillo veían pasar a centroamericanos como si fuera el pan de cada día, le digo que esto no es solo un problema cubano. Aquí en México también nos toca.
Apenas el pasado abril de 2025, en Cancún, la Fiscalía de Quintana Roo rescató a 16 mujeres en un bar de Benito Juárez. Nueve eran cubanas. Las habían engañado con promesas de empleo o con romances virtuales que terminaron en explotación sexual. Cobraban 5 mil pesos por servicio y la mayoría iba a parar a los bolsillos del que las controlaba. Muchas llegaron pensando que era un trabajo decente; otras, con la familia en Cuba dependiendo de ese “apoyo” que luego se convertía en deuda eterna. La misma historia, solo que ahora en la Riviera Maya, donde el turismo brilla y la oscuridad se esconde en los bares de la avenida Bonampak.
Y no es el único caso. Según reportes oficiales de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, las solicitudes de refugio de cubanos en México se duplicaron en 2025 y pasaron de más de 18 mil en 2024 a casi 35 mil. Casi la mitad de todas las peticiones ese año fueron de ellos. Gente que ya no solo cruza para llegar al norte, sino que se queda aquí porque la frontera se les cerró más fuerte. Y en medio de eso, la trata aprovecha.
El informe de Trata de Personas del Departamento de Estado de Estados Unidos del 2025 habla claro que en México se identificaron 13 víctimas cubanas en formas de trata no especificadas solo en 2024, y hay preocupación por cómo el régimen cubano sigue beneficiándose de sus trabajadores aquí, aunque eso ya es otro tema de explotación laboral que también duele.
He platicado con migrantes en las estaciones del INM, con familias que cruzan Coahuila huyendo de la violencia o del hambre, y siempre sale el mismo patrón; la promesa fácil, la deuda que crece, el miedo que calla. En el caso de Morales había un vigilante, un tal Yoel Trujillo, que al final se arrepintió, rompió el lazo y testificó. “Reconozco que fui culpable, pero tuve el valor de romper el lazo y venir a decirlo por ellas”, dijo. Ese gesto humano, pequeño pero valiente, es lo que a veces salva. Pero ¿cuántos Trujillo hay hoy?. ¿Cuántas muchachas siguen calladas porque amenazan con sus hijos o con denunciarlas a las autoridades cubanas?
Es más que claro que la trata de personas no se erradicó. Todo lo contrario. La crisis cubana la ha alimentado más. Antes era el temor por perder la Ley de Ajuste; ahora es el día a día sin luz, sin comida, sin esperanza. Y los métodos se modernizaron; ya no solo el coyote de siempre, sino perfiles falsos, chats que empiezan inocentes y terminan en pesadilla. En Miami, en Cancún, en cualquier ciudad que prometa un mejor vivir.
Las autoridades mexicanas y estadounidenses siguen hablando de cooperación, de visitas y negociaciones, pero la realidad en la calle es otra. Una agente de la Unidad de Tráfico Humano de Miami decía entonces que cada vez llegaban más cubanas recién llegadas. Hoy, en 2026, podría decir lo mismo, solo que con más acento en las que se quedan varadas en México.
Piensen nomás en una de esas muchachas. Sale de Cuba con una maleta y un sueño. Cruza selvas, paga lo que no tiene, llega al norte y se encuentra con que el precio real no era en dólares, sino en dignidad. Golpes, amenazas, una pistola apuntando. Y al final, la denuncia, la fuga, el juicio. Pero mientras una red se desmantela, otras diez se arman. Esa es la cruda realidad. No es que no haya avances; los hay. Rescates, condenas, líneas de denuncia. Pero mientras la isla siga empujando a su gente al mar o a la carretera, y mientras haya quien vea en esa desesperación un negocio, la trata seguirá ahí, como una sombra que viaja con ellos.
Yo, que sigo escribiendo a mano en mi libreta, hojeando mis apuntes de atrás hacia delante y viceversa, asegurándome el orden de mis ideas antes de pasar a mi computadora, como los viejos reporteros. Y de algo si puedo decir, con el respeto que se merecen: no se trata solo de un caso de hace diez años. Es un recordatorio de que la migración desesperada siempre tiene un costo oculto. Y que ese costo, muchas veces, lo pagan las mujeres con su cuerpo y su alma. Ojalá algún día la crisis en Cuba se calme y estas historias queden en el pasado. Mientras tanto, aquí seguimos, contando la verdad tal como la vemos, sin adornos. Porque la gente merece saber que el pasaje al norte a veces lleva directo al infierno. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org

