OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Niños que aprendieron el oficio

Hay veces que pienso mucho en nomás en eso de la misma palabra que los políticos repiten como mantra, “competencia”, se ha vuelto un cuchillo de dos filos en la frontera. La sana competencia, dicen, la que baja precios y aviva la creatividad. Pero saben qué cosa tan cabrona pasa cuando esa creatividad se tuerce y la usan los más chiquitos para sobrevivir en el negocio más viejo y sucio del norte: el cruce ilegal.
Los infantes emprendedores, como los llamaban hace años. Hoy, en este presente año, siguen ahí, pero con menos ruido porque las deportaciones masivas del vecino del norte han apretado la tuerca.
Antes, en el 2015, hablábamos de miles y miles de chamacos repatriados cada trimestre. Ahora las cifras del Instituto Nacional de Migración que es el que maneja todo esto desde hace rato, ya no tanto la vieja Secretaría de Relaciones Exteriores, muestran una baja fuerte: en todo el 2025 se repatriaron alrededor de seis mil menores mexicanos no acompañados desde Estados Unidos, y en los primeros meses del 2026 la cosa bajó todavía más, unos novecientos en enero y febrero nomás.
Disminución del sesenta por ciento en algunos periodos, según los boletines oficiales. Pero no se engañe usted, la verdad es que en Piedras Negras la llama sigue prendida. Ahí los niños de ocho a dieciséis años siguen compitiendo con los polleros viejos, cobrando cincuenta, cien dólares o más por llevar a un migrante, dependiendo del tramo, del riesgo y de cuánto esté dispuesto a soltar el “pollo”.
Sinceramente, yo he visto cómo se ha refinado el asunto con los años. Lo que empezó como un goteo en el 2010 se volvió corriente en el 2015 y ahora, aunque más escondido, persiste como un vicio que no se quita. Los chamacos ya no solo hacen de guías; contactan al que quiere cruzar, lo conectan con el pollero grande, conocen rutas nuevas que ni los adultos se atrevían a pisar. Tienen facilidad de palabra, cambian de nombre como quien se cambia de camisa y saben perfectamente sus derechos: si los agarran del otro lado, los regresan rapidito a México y acá no hay proceso porque el delito se cometió allá.
La Ley de Migración, que se reformó por última vez en enero de este 2026, sigue dejando ese hueco. Antes se llamaba Ley de Población y era más floja; ahora es más clara con los menores no acompañados, pero el vacío legal para los que reinciden sigue ahí.
Y no sé que duela más. El papel de los padres. La Constitución les da la patria potestad y la guarda y custodia, pero también les exige proteger a los hijos. Lo peor de todo, en muchos casos los papás saben. El chamaco llega con dólares, con tenis nuevos, con dinero para la casa, y nadie pregunta de dónde salió tanto billete. “Mi hijo es muy trabajador”, dicen.
Inverosímil, ¿verdad? Pero pasa. Una vez que fui al norte de Coahuila me tocó por pura casualidad uno de esos operativos en la frontera desde hace décadas y recuerdo una tarde calurosa en Piedras Negras, de esas en que el Río Bravo huele a lodo y desesperación. Agarraron a un grupo y venía un chavalo de trece años bien aleccionado: “Yo solo iba de paseo”. Sus papás tenían casa modesta pero televisión grande y celular de última.
Cuando los confrontaron, la mamá bajó la mirada y el papá se hizo el desentendido. No hubo cárcel para ellos. Un regaño, un reporte y adiós. El niño, al mes, ya estaba otra vez en el puente reclutando.
Eso es lo que me hace detenerme cuando escribo. Estos niños están aprendiendo que el delito no tiene consecuencias graves si eres menor. Los adultos que mueven el negocio los aleccionan: “Di que ibas solo, que buscabas chamba”. Y una vez que aprenden, buscan independencia. Reclutan a otros chamacos, forman sus propias células chiquitas, como las de los narcos pero a escala de barrio.
Desplazan a los polleros tradicionales y crean su propio negocio “emprendedor” dentro de la economía informal. Todo bajo la sombra de la frontera viva de Coahuila, donde el calor de Monclova y el aire puro de Arteaga contrastan con esta realidad que nadie quiere mirar de frente.
La cosa es que el fenómeno no se ha ido del todo. Aunque las deportaciones bajaron en 2025 por las políticas más duras del otro lado, en Piedras Negras y Acuña sigue latiendo. Los métodos se modernizaron: usan más el celular, las redes, rutas menos vigiladas que ellos mismos descubrieron.
Y los papás, ¿están al pendiente?. Algunos sí viven de las ganancias y ni se cuestionan. Otros, la verdad, parecen no enterarse… o no quieren enterarse. Rara vez se castiga a una mamá o un papá por permitir esto. En todo México no hay muchos precedentes claros de condenas fuertes solo por esto en la frontera norte.
En trata sexual sí ha habido casos duros, como en Tlaxcala, pero en tráfico de migrantes con menores el castigo es casi inexistente. Se les regaña, se les da plática y se le devuelve al hijo. Punto.
Piensen nomás qué mensaje les estamos mandando a estos chamacos. Que la creatividad sirve más para el mal que para el bien. Que el sistema los protege más que a los adultos y que el dinero fácil vale más que el futuro.
Están formando una nueva generación de organización ilícita a menor escala, y mientras tanto nosotros seguimos hablando de competitividad sana como si esto no estuviera pasando a la vuelta de la esquina, en Ramos Arizpe con sus sierras cercanas o en el calor de la Laguna.
Yo no sé si esto es progreso o puro retroceso moral. Pero sí le digo una cosa, amigo lector: mientras sigamos viendo a estos infantes como “emprendedores” en vez de como víctimas de un sistema que falló, y también de las familias que a veces miran para otro lado, seguiremos perdiendo.
Perdiendo niños, perdiendo familias, perdiendo el norte moral de esta tierra que tanto quiero. Porque al final la verdadera competencia no se mide en dólares cruzados de noche, sino en cuántos chamacos logramos salvar del abismo. ¿Y usted? ¿Ha visto algo parecido en su colonia, en su rancho? (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) ww.intersip.org



