OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Tiburones, regeneración y ahora turistas: Islas Marías

A once años después a mi llegada como periodista en Saltillo, allá por agosto del 2010, cuando todavía andábamos con la noticia fresca, la entonces Secretaría de Gobernación mandó de golpe mil doscientos ocho reos nuevos a las Islas Marías.
La mayoría del fuero federal, delitos contra la salud. Uno se quedaba ahí, con el café de la mañana en la mesa de Saltillo, preguntándose en voz alta: ¿y no van a revolver todo?
Porque las Marías no eran ya el castigo de antes. Ese archipiélago de cuatro islas frente a Nayarit, con sus tiburones rondando las aguas como centinelas naturales, había cambiado de piel. De penal a cielo abierto, con casas, calles, comercios chiquitos, escuelas para los niños de los internos y talleres donde el reo podía aprender un oficio.
El que se portaba bien y demostraba que quería enderezarse, se ganaba el traslado como premio. Ahí podía tener a su familia cerca, la esposa, los chamacos yendo a clase como en cualquier pueblo. No era Disneylandia, ni mucho menos, pero era distinto a los CERESOS de tierra adentro, donde uno ha visto cómo salen más listos para delinquir, no para vivir en paz.
En el 2007 andaban por los novecientos quince internos, casi todos con su gente. Después creció la cosa, y para cuando llegó esa orden ya rebasaban los tres mil novecientos ochenta. La idea oficial era clara: aliviar la sobrepoblación de los penales continentales, reforzar seguridad, quitarle poder a la corrupción de adentro. Palabras que suenan bien en un discurso.
Pero los que conocen el paño decían otra cosa: que se estaba metiendo el aceite en el agua clara. Que traer a gente de la mafia, viciosa, de la peor calaña, iba a contaminar el poquito de regeneración que se había logrado con los de buen comportamiento. Los que tenían familia ahí, los que se habían ganado la confianza con esfuerzo, ahora tendrían que convivir con los que traían otros códigos.
Y la verdad, uno que ha caminado fuentes oficiales desde temprano, que ha sacado notas de banqueta y ha platicado con funcionarios y con la gente que sale de adentro, sabe que esas mezclas rara vez salen bien.
En Coahuila también lo hemos visto de cerca, pero en el lado que da esperanzas. En los penales de por acá, cerca de Ramos Arizpe o en Monclova donde el calor aprieta hasta las ideas, cuando hay programas serios de capacitación, talleres que funcionan de verdad y un orden que respeta perfiles, la convivencia entre quienes buscan enderezarse puede generar soluciones. Hay quienes entran por un delito menor y salen con oficios aprendidos, disciplina ganada y contactos que sí les sirven para empezar de nuevo, sin volver a tropezar. No es perfecto ni pasa siempre, pero cuando se hace con cabeza y recursos, esos resultados existen y se notan
Los años siguieron pasando. La guerra contra el narco apretó todo el sistema. Las Marías, que antes tenían ese aire más abierto, se volvieron más estrictas. Hubo secciones de máxima seguridad, reportes de condiciones difíciles, costos que subían como espuma. Un motín aquí, quejas allá.
Y en febrero de 2019 todo cambió de golpe. El presidente López Obrador firmó el decreto y cerró el penal. Dijo que quería más escuelas y menos prisiones. El lugar se convirtió en el Centro de Educación Ambiental y Cultural Muros de Agua; José Revueltas, parte de la reserva de la biosfera. Ya no hay internos. Ya no hay familias viviendo adentro.
Hoy, en este junio de 2026, las Islas Marías son otra cosa. La Secretaría de Marina organiza tours controlados. La gente llega en ferry desde San Blas o Mazatlán, camina por donde antes estaban las celdas, ve el panteón antiguo, los sitios donde hubo trabajo forzado, pero también las playas y la naturaleza que quedó casi intacta por años de aislamiento. Es como un museo vivo del pasado penal, abierto al turismo responsable. Bonito para quien lo visita un día y se regresa con fotos. Pero el modelo de regeneración con familias, escuelas y talleres se quedó en el recuerdo.
¿Y la contaminación que tanto preocupaba en el 2010? Pues sí, llegó de alguna forma. El agua se revolvió. El experimento único de un penal donde el reo podía reconstruir algo de vida familiar se diluyó con el tiempo y terminó cerrando. No digo que todo fuera perfecto antes, ni mucho menos. Pero era distinto. Era un lugar donde el buen comportamiento tenía recompensa tangible. Cuando metieron a los “pesados”, las dinámicas cambiaron, los costos subieron, las condiciones se complicaron y al final se optó por cerrar.
Mientras tanto, aquí en tierra firme el problema no desapareció. Al contrario. En todo el país hoy hay más de doscientas sesenta mil personas privadas de su libertad, con sobrepoblación en muchos centros. Los CERESOS de Coahuila y del resto de México siguen enfrentando los mismos retos de siempre: hacinamiento, recursos limitados, la dificultad real de regenerar a alguien cuando el sistema mismo está saturado. Mandar gente lejos no resolvió el fondo. Solo movió el problema un rato.
Uno se queda pensando, sentado bajo los árboles de la Alameda o en la mesa de trabajo, con el fresco de Saltillo que ayuda a ordenar las ideas. ¿Valía la pena arriesgar ese modelo de las Marías por aliviar un poco la presión de los penales de adentro? ¿O era inevitable que todo terminara así? La verdad es que la regeneración no se logra mandando problemas lejos ni revolviendo aguas que ya estaban claras. Se logra con trabajo cercano, con oportunidades reales, con voluntad que no se quede en discursos.
Las Marías ahora son para aprender del medio ambiente, para que los jóvenes vayan a campamentos y entiendan por qué hay que cuidar lo que tenemos. Eso está bien. Pero uno, que ha visto penales de cerca y de lejos, no puede evitar sentir que perdimos algo único en el camino. Un lugar donde el castigo no era solo encierro, sino una oportunidad distinta. Y que al final, como tantas veces en este país, el aceite terminó imponiéndose sobre el agua.
¿Usted qué opina, lector? Porque estas cosas, aunque pasen en islas lejanas, terminan tocándonos a todos. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org



