OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Simulación que se queda a medio camino de las aulas

Sentado estos días bajo los árboles de la Alameda, con el sol ya pegando fuerte en Saltillo, aquel que era fresco, y el tráfico de la calle Victoria zumbando ahí nomás, uno se pone a pensar en los muchachos que andan cruzando los campus de la Autónoma.
No es que uno ande buscando pleito, pero la vida de periodista en el norte te enseña a fijarte en las cosas que se anuncian bonitas y luego no terminan de llegar enteras. Hace poquito, en esas elecciones del Congreso local, el PRI se llevó el carro completo otra vez, y eso siempre hace que uno se pregunte cómo se mueven o se frenan los recursos que vienen del centro del país. Porque al final, los que pagan el precio no son los que firman los oficios, sino los estudiantes que esperan una beca, un laboratorio que funcione o que la universidad pueda seguir cumpliendo con lo básico.
Fíjense ustedes, la cosa no es nueva. Desde hace años se ha venido repitiendo esa historia de números que se pelean entre oficinas. En su momento se habló de un supuesto adeudo del gobierno del estado con la UAdeC por más de setecientos millones en 2019, según datos que soltó la SEP.
Sonaba grave, como si Coahuila estuviera dejando tirados a sus universitarios. Pero cuando la Auditoría Superior de la Federación revisó las cuentas de ese mismo año, lo que encontró fue otra cosa; la universidad había hecho una gestión razonable de los recursos que sí llegaron de la federación.
Y en algunos rubros, hasta aparecían montos que la federación no había transferido completo o que tenía que reintegrar. Imagínense nomás, mientras se decía que el estado le debía a la universidad, en la realidad había huecos en el otro sentido. Esa es la parte que nunca termina de aclararse del todo y que deja a la gente con la duda colgando.
Pues la cosa es que uno, con los años que lleva viendo estas jugadas desde Torreón hasta Saltillo, ya sabe cómo funciona el truco. Se arma un número grande, se difunde en medios o en reportes oficiales, y mientras tanto la verdad se va quedando atorada entre burocracias.
Lo mismo pasó con otras simulaciones que todos recordamos como aquella consulta del Tren Maya que nadie pidió de verdad y que terminó destruyendo lo que destruyó; el cheque gigante que se mostró para “combatir la corrupción” y que la propia Auditoría tuvo que desmentir; el avión presidencial que tampoco cuadraba. La caca y las mentiras, como dice el dicho viejo, tarde o temprano flotan. Y cuando flotan cerca de las universidades, los que más resienten son los jóvenes que están tratando de salir adelante en un estado que vive de su gente preparada.
Ahora, en este 2026, la historia tiene su propio sabor. Según los datos oficiales de subsidio ordinario que publica la SEP, a la UAdeC le corresponde este año un monto federal de mil ochocientos nueve millones de pesos, parejo con lo que aporta el estado, para llegar a poco más de tres mil seiscientos millones en total. Suena bien en el papel.
Según los registros oficiales de la transparencia de subsidios, la federación ha cumplido con su aportación al estado sin adeudos pendientes reportados al corte de mayo. Sin embargo, los montos que finalmente llegan a la universidad siguen mostrando retrasos acumulados por parte del estado porque los recursos federales etiquetados para la UAdeC, no llegan y peor porque es dinero que le corresponde a los coahuilenses de sus impuestos y ya andan por los quinientos noventa y tantos millones. La universidad ha tenido que apretarse el cinturón, reducir parte de la deuda heredada con el SAT y seguir sacando becas de inclusión que este mismo mes van a ayudar a cientos de muchachos que de otra forma no podrían ni inscribirse.
La gente no es tonta. Tanto en la comunidad universitaria como entre los coahuilenses de a pie empieza a circular la sospecha de que estos tropiezos en el flujo de recursos no son pura casualidad burocrática. Que tienen que ver con que Coahuila mantiene su propio rumbo político y no está alineado del todo con el partido de la presidenta.
Y lo más evidente para cualquiera que sigue las noticias es que, mientras aquí se pelean los montos para la Autónoma y se acumulan pendientes que afectan la operación diaria, al CNTE; después de sus movilizaciones, plantones y huelgas por fin se le abrieron recursos por alrededor de ochocientos millones de pesos para atender necesidades educativas en las zonas donde tienen más fuerza.
El gobierno federal dice que es para combatir el rezago y que no es un pago directo al sindicato, pero la percepción que queda en la calle es que el dinero aparece más rápido cuando hay presión fuerte y cuando se trata de resolver un conflicto que incomoda. Entonces la duda crece: ¿hay recursos para ciertas cosas y ciertos grupos, pero para la educación pública de Coahuila se pone más difícil? No se les olvide a los que están allá arriba que en este estado también hay gente que votó por ellos, que cree en partes de su proyecto y que también tienen derecho a que sus hijos estudien en una universidad que no tenga que estar mendigando mes con mes lo que por ley le corresponde.
Y mientras tanto, la vida sigue en los campus. Los profesores dan clase con lo que hay, los estudiantes organizan sus propios apoyos, y la institución sigue siendo ese motor que el norte necesita. Porque Coahuila no es solo números en un reporte de la ASF o de la SEP. Es la gente que sale de aquí y que construye el estado. Cuando los recursos se anuncian, pero no llegan completos, o cuando se crea una narrativa de deudas que no siempre cuadra con las auditorías, al final quien pierde es el mismo que siempre pierde: el muchacho que quiere estudiar sin tener que preocuparse si la quincena va a alcanzar o si el laboratorio va a tener lo necesario.
Al final, uno termina preguntándose qué tanto estamos dispuestos a seguir tolerando que la educación superior se convierta en terreno de fricciones políticas. Porque la UAdeC no es de un partido ni de un gobierno federal. Es de Coahuila, de sus jóvenes, de su futuro.
Y mientras los números se peleen entre papeles, los que están en las aulas siguen esperando que la verdad, esa que tarde o temprano flota, termine por aclarar de una vez por todas hacia dónde va el dinero que se supone es para ellos. Que no se nos olvide que gobernar no es solo premiar a los que hacen ruido o a los que están más cerca, sino atender a todo el país, incluyendo a los que, como en Coahuila, tienen su propia forma de ver las cosas. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org


