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Guillermo Robles

Justicia que no se esconde en el papel

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramirez

Justicia que no se esconde en el papel

Fíjense ustedes, hace apenas unos días, en esta primera semana de julio, la noticia corrió por todo el norte de Coahuila como pólvora en tiempo de sequía. La exalcaldesa de Múzquiz, Tania Flores Guerra, fue detenida en Nuevo León y traída de vuelta al estado para enfrentar un proceso por peculado y ejercicio abusivo de funciones.

No fue un rumor de redes ni una denuncia suelta en un micrófono de radio. Fue una orden judicial cumplida, con traslado incluido y prisión preventiva de por medio. Y uno, que ha visto pasar administraciones en Torreón, en Monclova, en Piedras Negras y aquí mismo en Saltillo, se queda pensando: al final, las cuentas siempre terminan llegando, aunque el camino sea largo y lleno de rodeos.

La verdad es que en el norte uno aprende a distinguir el ruido del fondo. Hay quienes, cuando dejan un cargo público, se lanzan a las redes como si fueran a reinventarse en influencers de la vida buena: fotos sonrientes, mensajes de “yo defendí al pueblo”, baños de pureza en los que uno se pregunta si buscan limpiar la imagen o solo esconder lo que ya no pueden tapar. Y luego vienen las auditorías.

En el caso de Múzquiz, la Auditoría Superior de la Federación ya había señalado observaciones por más de 57 millones de pesos en recursos federales que no se justificaron durante su gestión entre 2022 y 2024. El monto total del posible quebranto, según algunos reportes, podría rebasar los 250 millones. Obras sin comprobar, arrendamientos sin respaldo, posibles empresas fantasma. No es cosa menor.

Pero no se trata solo de Múzquiz. La Auditoría Superior del Estado de Coahuila, en su informe de la Cuenta Pública 2024, dejó ver que varios municipios arrastran observaciones importantes. Torreón lidera con más de 151 millones de pesos en anomalías no solventadas, seguido de cerca por Múzquiz con alrededor de 23 millones entre los distintos trimestres y la cuenta anual. Hay otros como Viesca, San Juan de Sabinas y Zaragoza que también aparecen en la lista. La diferencia es que en algunos casos las observaciones se solventan a tiempo y la transparencia gana. En otros, el tiempo pasa y las carpetas se acumulan hasta que la fiscalía anticorrupción decide actuar.

Recuerdo cuando cubría estas cosas hace años, en los noventa y principios de los dos mil. Uno veía alcaldes que salían del cargo y se dedicaban a dar entrevistas en todos lados, acusando persecución o diciendo que todo estaba en orden porque “las cuentas cuadraban”. Pasaban los meses, a veces los años, y nunca llegaba nada concreto al Ministerio Público. Era como tirar piedras al agua: salpicaba, hacía ruido, pero al final se calmaba todo y la gente se olvidaba. Eso es lo que el viejo texto de 2010 llamaba “denuncias de papel”: las que se quedan en el medio impreso o en la pantalla, con promesas de pruebas que nunca se presentan, con berrinches que suenan a revancha personal más que a servicio público.

Y sí, cuando eso lo hace alguien que se jacta de conocer las leyes, el ridículo es mayor. Porque un profesionista sabe que una acusación seria de desvío de recursos no se ventila solo en Facebook o en una conferencia de prensa; se lleva con documentos al juzgado y se deja que la autoridad haga su trabajo.

En el caso de la exalcaldesa de Múzquiz, el camino ha sido distinto. Primero vino la vinculación a proceso en diciembre del año pasado por ejercicio abusivo de funciones, relacionado con la forma en que se asignaron contratos y obras. Luego las observaciones de la auditoría federal. Y ahora, esta detención reciente que ya no es solo comparecencia, sino orden de aprehensión cumplida. La gente de Múzquiz, la que sufrió cierres de negocios, presiones o servicios que no mejoraron como se prometió, está respirando un poco más tranquila estos días. No es venganza. Es la sensación de que nadie, ni siquiera quien estuvo al frente de un ayuntamiento, está por encima de la ley.

Imagínense nomás cómo sería si todos los que manejan recursos públicos pensaran así desde el primer día. Que el cargo no es para lucirse en redes ni para dejar herencias de deudas y carpetas. Que si hay un faltante, lo mejor es regresarlo a tiempo y enderezar el rumbo antes de que la auditoría o la fiscalía lleguen.

Porque la justicia en Coahuila, aunque a veces camine despacio, al final no se queda en el papel. He visto casos en Saltillo, en Ramos Arizpe, en Arteaga, donde alcaldes o funcionarios de antes terminaron respondiendo por irregularidades que parecían olvidadas. Y también he visto lo contrario: cuando todo queda en discursos y las observaciones se acumulan año tras año sin que pase nada.

Lo que uno aprende después de tantos años reporteando en el norte es que el poder es prestado. Hoy estás en el palacio municipal, mañana ya no. Y las cuentas que dejaste atrás no se borran con un cambio de administración ni con un perfil activo en redes sociales. La hipocresía de querer aparecer como víctima o como nueva voz “valiente” después de haber tenido la responsabilidad de gobernar, choca con la realidad de los números. Porque los números no mienten, aunque duela aceptarlos.

Por eso, a quienes andan en puestos públicos hoy, les digo con respeto, pero con claridad: aprovechen la oportunidad. Si hay algo que no cuadra, háganlo cuadrar. Si hay dinero que falta, devuélvanlo. No esperen a que una auditoría o una carpeta los alcance cuando ya no tengan fuero ni cargo. La transparencia no es un capricho de la oposición ni de los medios; es la única forma de que la gente vuelva a creer en las instituciones.

Y en Coahuila, como en cualquier parte del norte, la gente ya está harta de los circos y de las explicaciones que suenan a guion repetido. Al final, lo que queda es simple: la justicia no elige banderas ni apellidos. Llega cuando las pruebas están, cuando las auditorías hablan y cuando alguien decide que ya no se puede seguir escondiendo detrás de discursos o de baños de pureza que nadie se cree. Ojalá que este caso sirva de recordatorio para todos. Porque si algo he aprendido en estos más de cuarenta años mirando la vida pública de Coahuila, es que al que nada debe, nada le teme. Y al que algo debe, tarde o temprano le llega la hora de pagar. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org