OPINÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Cuentas heredadas que no se apagan solas

Muchos por acá en Saltillo andamos pensando en cómo le va a la gente de Torreón estos días, y de pronto cae la noticia de que Miguel Ángel Riquelme Solís ya está otra vez al frente del ayuntamiento, como alcalde sustituto, después de que el anterior edil se fue para siempre.
Con todo el respeto que merece la familia del que partió, la verdad es que los problemas de dinero no se van con la persona. Esos más de ciento cincuenta millones de pesos en observaciones sin resolver de la auditoría de la Cuenta Pública del año pasado siguen ahí, pesando como una losa sobre la tesorería. Y la pregunta que muchos nos hacemos en el norte es sencilla pero incómoda: ¿quién va a responder por eso? ¿A quién le toca aclarar, pagar o, en su caso, asumir las consecuencias?
La cosa es que, en Coahuila, cuando la Auditoría Superior del Estado deja observaciones en un municipio, el proceso está marcado en la ley. Hay un plazo para solventarlas, justificar con documentos o devolver lo que haga falta. Si no se hace, las irregularidades se tienen por aceptadas y pueden derivar en responsabilidades administrativas, resarcitorios para recuperar el dinero al erario, o incluso denuncias penales si hay indicios de delitos contra la hacienda pública.
La responsabilidad recae principalmente en quienes estaban al frente en el momento de los hechos, el tesorero de entonces, los funcionarios que autorizaron o ejecutaron los gastos cuestionados. No es que el cargo actual herede culpas penales personales del pasado, pero sí hereda la obligación de administrar lo que queda, de intentar aclarar lo pendiente y de honrar las deudas legítimas del municipio como institución. Las deudas no mueren con un cambio de edil, ni con un fallecimiento.
Imagínense nomás cómo se siente llegar a un despacho y que te digan: “Aquí está la caja, pero está casi vacía y encima hay cuentas por pagar de antes”. Riquelme ya lo vivió una vez, cuando fue alcalde de Torreón entre 2014 y 2016. En ese entonces heredó también situaciones complicadas, incluyendo deudas que venían de administraciones previas, y además le tocó enfrentar una de las peores etapas de inseguridad que ha tenido la ciudad.
Negocios cerrando, gente con miedo de salir de noche, un toque de queda casi natural que se imponía solo entre los comerciantes para no exponerse. Y la verdad yo he visto cómo poco a poco, con trabajo y coordinación, se fue apaciguando esa bola de fuego. No fueron inventos míos ni de nadie; están los testimonios en los periódicos de la época, en las noticias nacionales, en la memoria de la gente que vivió el cierre de comercios y la zozobra diaria. Esa fue su fortaleza más clara entonces: devolverle a Torreón un poco de esa paz que tanto se extrañaba.
Ahora regresa, hace apenas unos días, a agarrar otra vez una situación caliente. Pero esta vez el problema principal no es la inseguridad, aunque sigue siendo prioridad, como él mismo ha dicho al encabezar pases de lista a las corporaciones, sino el estado de las finanzas.
Con la tesorería tan apretada, lo más probable es que las obras que se vean sean las chiquitas, las de mantenimiento urgente: bacheo, pavimentación de tramos cortos, arreglos que no cuesten tanto. Lo demás dependerá mucho de lo que anuncie el gobierno estatal del gobernador Manolo Jiménez Salinas. Una cosa es el municipio y otra es el estado; hay que separarlas para no confundir. Riquelme tendrá que decirles a proveedores, a acreedores y sí, también a algunos medios de comunicación que en su momento se les adeudaba, que “no hay dinero”. Borrón y cuenta nueva en lo posible, pero con la realidad de que las cuentas del pasado no desaparecen por decreto.
¿Y saben qué? Uno respeta el duelo familiar, porque perder a un ser querido siempre duele, y más cuando era alguien que estaba al frente de la ciudad. Pero los recursos públicos no entienden de tragedias personales. Esos ciento cincuenta y tantos millones en anomalías no solventadas de Torreón son dinero de la gente.
Dinero que pudo haber ido a servicios, a seguridad, a infraestructura que la ciudad necesita. Preguntarse quién responde no es falta de respeto; es parte de la transparencia que tanto se pide. En casos similares en Coahuila y en otros estados de México, cuando las observaciones no se aclaran a tiempo, la Auditoría Superior promueve los procedimientos correspondientes contra quienes tenían la responsabilidad en ese ejercicio fiscal. El nuevo alcalde sustituto puede y debe colaborar en la aclaración, pero la carga principal sigue en quienes generaron las observaciones.
He platicado con colegas y con gente de a pie en Torreón estos días. Hay quien dice que Riquelme tiene la experiencia para ordenar lo que se pueda. Otros recuerdan que ya demostró temple cuando le tocó apagar el fuego de la inseguridad la primera vez. Y sí, hay que reconocerle ese valor: no cualquiera regresa a un cargo donde te esperan problemas acumulados y expectativas altas.
Pero también hay que decirlo claro: administrar pobreza en la caja no es lo mismo que administrar abundancia. Las obras pequeñas pueden dar respiro inmediato, pero la gente de Torreón merece saber qué pasó con esos recursos, quién va a responder y cómo se va a evitar que se repita. Porque si algo he aprendido en estos años cubriendo estas cosas en el norte desde las auditorías es que las deudas y las irregularidades se heredan, pero la responsabilidad de aclararlas no se puede patear para adelante eternamente.
Al final, lo que queda es una lección sencilla pero profunda. El dinero público es sagrado, no importa quién esté al frente ni las circunstancias personales que rodeen un cambio de mando. Cuando la Auditoría Superior señala observaciones por montos tan altos, no es para enterrarlas ni para que pasen de administración en administración sin consecuencias.
Es para que se aclare, se resarza lo que se pueda y se castigue si hay dolo. Riquelme tiene la oportunidad de demostrar, otra vez, que sabe manejar bolas de fuego. Ojalá lo haga con la misma transparencia que pide la gente: diciendo la verdad sobre lo que hay y lo que no hay, priorizando lo urgente y dejando claro que nadie, ni el municipio como institución, puede evadir las cuentas que ya están hechas. Porque al final, la confianza de los torreonenses se gana con hechos, no con herencias pasadas que se pretenden olvidar. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org



