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Guillermo Robles

Participaciones 2026: se pueden checar sin tanto misterio

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Participaciones 2026: se pueden checar sin tanto misterio

Se ha visto últimamente muy activos algunos municipios coahuilenses, aunque contados con los dedos de una mano, pero al menos aquí en la capital de Coahuila, se ven las banquetas que se reparan, el alumbrado que prende por la noche en los barrios, la patrulla que pasa, el camión de basura que recoge.

Y la cosa es que buena parte de eso se paga con lo que llega de participaciones federales. No es un tema de números fríos nada más; es lo que permite que un municipio chico de la sierra o una ciudad como Ramos Arizpe sigan funcionando sin que se les caiga todo encima.

Recuerdo hace tiempo, cuando el precio del petróleo se ponía bueno, se armaba un griterío grande en todo el país. Los gobernadores, sobre todo los del norte, andaban quejándose de que el gobierno central se quedaba con los excedentes para llenar sus fondos de estabilización y a los estados y municipios les tocaba esperar o apretarse el cinturón más de la cuenta.

También decían que el dinero que generaba el país con la venta del crudo no bajaba como debía, que servía para que allá en el centro gastaran mientras aquí se posponían obras y se atrasaban pagos. Era un reclamo que se oía fuerte en conferencias de prensa, en reuniones de gobernadores, en los pasillos de los congresos locales. Muchos rezaban porque terminara ese periodo porque sentían que los estaban asfixiando poco a poco.

Hoy, en lo que va de este 2026, el panorama se ve distinto. Ya no es tan sencillo repetir ese mismo discurso sin que alguien levante la mano y diga: “espere, pero aquí están los números”.

La Secretaría de Hacienda, publica calendarios de administración en el Diario Oficial, actualiza mes con mes los reportes de recaudación federal participable y cualquiera que quiera puede entrar a los portales de transparencia y ver cuánto se ha entregado y cuándo.

En Coahuila las finanzas estatales arrancaron el año con proyecciones que contemplan lo que corresponde según las fórmulas vigentes, y los municipios también planean su presupuesto sabiendo más o menos a qué atenerse. No significa que todo sea perfecto ni que nunca haya ajustes; la economía sube y baja, la recaudación no siempre pega exactamente con lo que se calculó, y a veces hay que mover fichas. Pero ya no es ese “hasta el año que entra les damos lo que les toca” que se escuchaba antes.

Imagínense nomás cómo se siente eso en la práctica por estos rumbos. En Saltillo, con todo el movimiento industrial y la llegada de nuevas inversiones, las participaciones ayudan a cubrir la nómina de seguridad pública y a mantener servicios básicos. En la Laguna, donde el agua siempre ha sido tema serio y el crecimiento no para, ese dinero se usa para alumbrado, limpieza y algo de infraestructura.

En pueblos más chicos de la sierra o cerca de la frontera, como por Acuña o Piedras Negras, un retraso de semanas o meses en otros tiempos significaba que el alcalde tenía que andar pidiendo prestado al banco local o dejando de pagar a los proveedores de material.

Yo lo vi varias veces en mis años de andar reporteando; un retraso en el primer trimestre y ya empezaban los problemas en el comercio chico, en las obras que se quedaban a medias, en la gente que preguntaba por qué no se arreglaba tal calle. Ahora, aunque sigue habiendo quejas cuando los montos no alcanzan para todo lo que se necesita, al menos se sabe con precisión qué se administró en enero, qué en febrero, qué en marzo y así hasta los meses recientes. Eso cambia la conversación.

La verdad es que el sistema de estabilización sigue existiendo por una razón lógica; cuando los ingresos federales bajan de golpe por el precio del petróleo o por cualquier otra razón, no se puede dejar a los estados sin nada de un día para otro. Tiene sentido guardar algo para los malos ratos. El problema viene cuando ese mecanismo se percibe como una forma de que el centro tenga más holgura mientras los de abajo se las arreglan como pueden. En el norte siempre ha habido ese sentir de que aportamos con industria, con energía, con el cruce fronterizo, y que lo que regresa no siempre compensa el desgaste. Pero ahora que los datos están ahí, en páginas oficiales que se actualizan, el reclamo ya no suena igual. Ya no es tan fácil sostener que “no nos dan nada” cuando uno puede checar mes con mes lo que sí ha llegado.

Y, sin embargo, el tema no desaparece del todo. Porque, aunque las entregas sigan el calendario publicado, sigue habiendo preguntas de fondo. ¿Alcanza lo que llega para las necesidades reales de un estado que crece como Coahuila? Con el Nearshoring que se ve en Ramos Arizpe y en otras zonas industriales, la demanda de servicios sube más rápido que los ingresos compartidos. Los municipios tienen que estirar cada peso para pagar policías, maestros en algunos rubros, mantenimiento de calles. Y mientras tanto, el debate sobre las fórmulas de reparto sigue vivo: si son justas, si premian o castigan según el esfuerzo local, si dejan suficiente margen para que los estados generen más ingresos propios y dependan menos del centro.

Yo he platicado con funcionarios municipales de varios pueblos del norte a lo largo de los años. En unos lados me decían que con lo que les tocaba apenas alcanzaba para lo indispensable y que cualquier obra grande tenía que esperar o hacerse con recursos propios que muchas veces no existían. En otros, con más disciplina presupuestal, lograban hacer rendir el dinero y hasta ahorrar un poco para imprevistos. La diferencia muchas veces no estaba solo en cuánto llegaba, sino en cómo se administraba. Eso también forma parte de la historia.

En definitiva, lo que uno ve es que el viejo lamento de las participaciones se ha ido desgastando no porque ya no haya tensiones, sino porque ahora hay testigos públicos. Uno puede entrar a la página de la SHCP, ver los acuerdos de calendario para 2026, revisar los informes mensuales y enterarse de cuánto se ha distribuido hasta la fecha. En Coahuila hay portales estatales donde se detalla lo que se reparte a los municipios. Ya no es un asunto de fe o de discursos en la tribuna; es algo que se puede verificar.

Quizá el verdadero avance no sea solo que el dinero baje más predecible, sino que empecemos a hablar de cómo hacer que los estados y municipios dependan menos de ese flujo. Porque mientras sigamos esperando todo de arriba, el pleito por las participaciones va a seguir reapareciendo cada vez que haya un ajuste presupuestal o una proyección que no se cumpla.

Chequen ustedes mismos los números oficiales de este año. Vean lo que se ha entregado a Coahuila y a sus municipios en lo que va de 2026. Pregúntense si el problema sigue siendo que no entregan o si ya es otro: que lo que llega no siempre alcanza para el norte que estamos construyendo. Esa es la conversación que vale la pena tener ahora. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org