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Guillermo Robles

Sombrero prestado sobre cuentas pendientes

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Sombrero prestado sobre cuentas pendientes

Sentado frente a mi computadora y revisando mi libreta sobre el escritorio y leyendo una que otra nota informativa que escribí a mano antes de redactar esta columna. Muchas veces le doy vueltas a lo mismo de siempre pero no porque quiera sino porque los disparates de los funcionarios públicos son muy repetitivos.

Menciono el pecado más no el pecador, pero sale un presidente municipal cualquiera, de esos que andan por los medios locales o en alguna reunión de la región, y presume que en año y medio de gestión ya tiene guardados varios millones.

Habla de disciplina financiera, de recortes inteligentes, de un “colchón” que le va a servir para lo que venga. Y uno, que ha visto de todo en estos años por el norte, se queda pensando: ¿de dónde salió ese dinero si al mismo tiempo se oye que los proveedores siguen esperando su pago, que las facturas de la obra terminada hace meses siguen sin liquidarse y que el que puso el material o hizo el trabajo anda batallando para pagar su propia nómina?

La cosa no es nueva. Ya en otros tiempos, cuando andaba uno recorriendo cabeceras municipales desde Torreón hasta Piedras Negras, pasaba lo mismo. El alcalde llegaba a la conferencia de prensa con la sonrisa ancha y los números bonitos. “Hemos ahorrado tanto”.

Mientras tanto, en la trastienda, el que le surtía el Diesel para las patrullas o el que le pavimentó la calle del ejido seguía mandando recordatorios amables que se convertían en quejas calladas. Y pues como decimos en La Laguna …¡Ande..No!… la cosa es que ahorrar con dinero que no es tuyo, o peor, con dinero que ya le debes a alguien, no es ahorro. Es solo aplazar el problema y pasárselo al que viene después o, lo que es peor, al que ya puso el trabajo.

Difícil de imaginarse cuando no se está en los mismos zapatos, pero es más común de lo que se piensa y solo consideren o imaginen lectores lo siguiente. El proveedor local, ese que tiene su taller en Ramos Arizpe o su ferretería en Monclova, le entrega el material confiando en que el ayuntamiento va a pagar en tiempo y forma como se acostumbra entre gente de palabra. Pasa un mes, pasan dos, y el cheque no llega. Mientras tanto el alcalde sale en la foto recibiendo una placa o anunciando que “gracias a nuestra buena administración” se tiene tal cantidad en la caja. Y por el otro lado el proveedor, que tiene familia que mantener y empleados que pagan, termina prestando el dinero sin saberlo. Y cuando por fin le liquidan, ya perdió el margen, ya tuvo que pedir prestado él mismo o retrasar sus propias cuentas. Eso no se ve en los espectaculares. Eso no sale en los informes de “ahorro”.

Y hay otra cosa que sigue doliendo igual que antes. Resulta que en varios municipios uno ve cómo se suben al escenario a cortar el listón de una obra que claramente la está pagando y ejecutando el gobierno del estado.

El gobernador Manolo Jiménez ha estado recorriendo cabeceras con ese programa de obras sociales que han llamado “a pasos de gigante”, pavimentando calles en ejidos, mejorando espacios públicos, llevando apoyos que los ayuntamientos por sí solos no hubieran podido sacar adelante tan rápido. Y de repente aparece el edil de turno diciendo “en mi administración logramos tal cosa”.

No es que uno le quite mérito al trabajo local, pero cuando la inversión viene de arriba y el que la presume es el de abajo, se siente como saludar con sombrero ajeno. La gente de la colonia no es tonta. Sabe de dónde salió el dinero y sabe quién lo gestionó. Pretender lo contrario es falta de respeto, simple y llano.

La verdad yo he visto cómo funciona esto de cerca. Hace años, cuando todavía andaba uno metido redactando notas locales y de gobierno, tocó cubrir un municipio donde el ayuntamiento presumía superávit mientras los constructores locales tenían que cerrar sus puertas porque no les pagaban.

Las familias de los trabajadores se quedaban sin quincena y el alcalde seguía hablando de “política de ahorro responsable” o “finanzas sanas”. Al final todo se supo, como siempre se sabe. Los números bonitos se desinflaron cuando llegó la hora de rendir cuentas reales. Hoy, con los nuevos ayuntamientos que empezaron en enero de 2026, uno esperaría que esa lección ya estuviera aprendida. Pero parece que en algunos rincones sigue habiendo quien prefiere el anuncio fácil al compromiso cumplido.

Porque al final de cuentas, la deuda a proveedores no es un número abstracto que se esconde en un informe. Es el pan de la casa de alguien. Es el crédito que el ferretero ya no le dan en el banco porque tiene cuentas por cobrar atrasadas. Es el albañil que no puede terminar su propia casa porque el municipio le debe. Y mientras tanto se sigue presumiendo el “guardadito”. Esa es la parte que más molesta. No es que no se pueda ahorrar. Claro que sí. Pero ahorrar sin pagar lo que se debe es como el marido de la anécdota de antes: llega contento a la casa diciendo que ya tiene varios miles en el banco y la señora le contesta que los niños siguen sin calzones y la comida está escasa. El colchón crece en el papel, pero la casa se cae a pedazos.

En Coahuila, donde el estado ha logrado ordenar mejor sus propias cuentas en los últimos años y donde se siguen impulsando obras que benefician directamente a los municipios, sigue siendo necesario que los presidentes municipales entiendan que la responsabilidad no termina en el anuncio.

Termina cuando el proveedor cobra, cuando el contrato se liquida y cuando la obra que se presume como propia se reconoce como lo que es: un esfuerzo compartido. La gente del norte ya está cansada de los juegos de palabras. Quiere ver resultados claros, cuentas claras y, sobre todo, palabra cumplida. Porque al final, el verdadero ahorro no es el que se presume. Es el que se siente en la calle, en el bolsillo del que trabaja y en la confianza que se recupera cuando se paga lo que se debe. Y no presumiendo “cero deudas”, cuando incumplen un contrato o simplemente lo desconocen que alguna vez hubo uno. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org