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Guillermo Robles

El agua que se esfuma en Torreón

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

El agua que se esfuma en Torreón

Uno se sienta aquí en cualquier banca donde se arrima una sombra sobre en el Centro Histórico de Saltillo, y en verdad se siente el calor de agosto ya metido hasta los huesos, y de pronto le llega la noticia de que en Torreón, esa Perla de la Laguna que tanto presumía de tener agua hasta para aventar pa’arriba, ahora la gente anda tomando oficinas del SIMAS porque llevan meses, a veces más de un año, sin una gota en la llave. Y la cosa es que lo que antes era orgullo se volvió reclamo diario, y no es de ahora nomás, pero este 2026 se ha puesto más serio que nunca.

Yo he visto muchas administraciones pasar por el Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento. Unas prometían con bombo y platillo que no faltaría el líquido ni en el verano más bravo, y al poco rato los vecinos de La Joya o de Villas de la Hacienda andaban llenando tambos a deshoras. Ahora, con Xavier Alain Herrera Arroyo al frente desde hace unas semanas y el alcalde Miguel Ángel Riquelme Solís al mando del municipio, la historia se repite con otros nombres. La semana pasada, apenas el viernes, unas veinte familias de la colonia Francisco Villa, en la calle Acolman, se plantaron en las instalaciones de Saltillo 400. Bloquearon la salida de las cuadrillas. Llevan más de doce meses reportando y nada. Tienen que pagar pipas de su bolsillo mientras el organismo manda operativos emergentes que no alcanzan para todos.

¿Y saben qué? No es solo esa colonia. En el oriente, en el poniente, en colonias como Eduardo Guerra, Fidel Velázquez o Monterreal, la baja presión y los pozos que se apagan se han vuelto pan de cada día. Este mismo mes de agosto el SIMAS anduvo reparando el pozo 27R y el 77, nueve días de trabajos, y mientras tanto repartían agua en pipas. Anuncian un pozo nuevo en Periodistas que va a salir en un mes, dicen, y van a interconectar líneas. Pero la gente ya no cree tanto. Porque las promesas llegan más rápido que el agua.

Me acuerdo de cuando llegaban directivos nuevos y hablaban de megatanques que iban a resolver todo. Instalaban cuatro o cinco en zonas críticas y luego faltaba la infraestructura, otros millones para que funcionaran. Hoy el fondo es el mismo: la improvisación sigue pegada. Pozos viejos que bajan el caudal, fallas mecánicas y colonias enteras se quedan secas. Y la cartera vencida del SIMAS anda por los ochocientos millones. Cuentas que no pagan desde hace años y ahora contratan despachos para cobrar. Bien por recuperar recursos, pero ¿de qué sirve más dinero si el servicio sigue fallando?

La verdad yo he visto esto en otros lados del norte. En Monclova también se quejan, en Piedras Negras igual, aunque allá el problema a veces es de mantenimiento puro y duro. En la Laguna el acuífero se agota, el arsénico aparece en más pozos de los que quisieran admitir, y Agua Saludable para La Laguna ayuda en algunos sectores pero no llega a todos. El municipio anuncia cien millones para rehabilitar pozos y líneas, el Estado ofrece apoyo para ocho fuentes nuevas este año… y la gente sigue haciendo guardia de madrugada para llenar un tinaco. Imagínense nomás a las señoras con los niños, o a los viejitos que ya no pueden cargar cubetas. Eso no se soluciona con un operativo de pipas cada vez que hay protesta.

Lo que más me llama la atención es cómo se echa la culpa para atrás. Antes se decía que la administración panista dejó los tanques a medias. Ahora se habla de pozos que se apagaron el año pasado, de falta de mantenimiento acumulado, de que el director anterior venía de la banca y el manejo del agua es otra cosa. Y sí, manejar un organismo de agua no es lo mismo que un banco. Aquí se trata de que el líquido llegue a la casa, no de números en una pantalla. Pero al final el que paga es el usuario. Paga el recibo, paga la pipa, paga con tiempo perdido y con la paciencia que se le va acabando.

¡Ande… no!, quiero ser puro crítico. Sé que hay gente trabajando en el SIMAS, que reparan, que perforan, que intentan. Pero la improvisación sigue ahí, metida en la estructura. Se invierte y se invierte, se anuncian pozos y más pozos, y el número real de fuentes que dan servicio no crece como debería porque otros se agotan. Mientras tanto, en Saltillo o en Ramos Arizpe uno ve cómo el crecimiento urbano aprieta y el agua también escasea en algunos fraccionamientos nuevos. Es el mismo patrón del norte: se construye primero y el servicio llega después, a jaloneos.

¿Hasta cuándo vamos a seguir así? La pregunta no es de este agosto nomás. Es de años. Cada administración llega con su plan, su gerente nuevo, sus cifras de inversión, y los vecinos siguen reportando lo mismo. La eficiencia no es solo cobrar la cartera vencida o mandar pipas cuando hay bloqueo. Es planear de verdad, mantener lo que ya se tiene, y dejar de creer que con anunciar un pozo más se resuelve la sed de toda una ciudad. La próxima vez en Torreón las llaves traerán agua o aire. De promesas ya estamos hartos. De soluciones de fondo, ninguna que dure más de un verano. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org