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Guillermo Robles

Soplos desde la ventanilla

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Soplos desde la ventanilla

En cada reunión de amistades de fin de semana es cada vez más común un tema que predomina sobre todos. Que fulano salió del banco con lo de la nómina y a dos cuadras ya lo estaban esperando. Que la señora apenas cruzó el estacionamiento y le quitaron el bolso. Pues la cosa es que no es invento de ahora. La verdad yo he visto esto desde hace años, pero los modos cambian y la gente sigue cayendo.

Antes se hablaba mucho del pacazo, ese cambio de fajos donde solo los billetes de encima eran buenos y adentro puro papel. Todavía aparece de vez en cuando, pero lo de hoy es más descarado. Hay videos circulando en las redes donde se ve claro: el cuentahabiente sale con el efectivo y a pocas cuadras o incluso dentro del mismo estacionamiento del banco ya lo interceptan. En Torreón, hace apenas unos días de este mes de agosto, detuvieron a tres de una célula que venía de Guadalajara. Su forma de trabajar era seguir a la gente que entraba a las sucursales, identificar quién sacaba cantidad decente y luego asaltarlos en moto. La moto la escondían después en una camioneta para desaparecer. En Piedras Negras también se han visto casos parecidos, taxistas o amas de casa que retiran y no alcanzan a caminar cincuenta metros. En Saltillo igual, y hasta en Nuevo León el mes pasado asaltaron a un empleado de despacho que llevaba dos millones recién sacados, en pleno estacionamiento.

¿Y cómo saben los rateros quién vale la pena? Esa es la pregunta de siempre. ¿Son adivinos?. ¡Ande… no!. Hay quienes entran al banco como si fueran clientes, miran las manos, calculan el monto, anotan cómo viste la persona y le avisan por teléfono a los de afuera. Les llaman conejeros. Pero también queda la sospecha de siempre: que alguien de adentro filtre la información. Empleados que ven los movimientos o tienen acceso a pantallas y pasan el dato. No es generalizar, la mayoría de la gente que trabaja en banco es honrada, pero basta con uno o dos para que se arme el desmadre.

Y no solo es el asalto en la calle. Ahora hay que cuidarse también en el cajero. Condusef anduvo alertando hace poco sobre el tallado de tarjetas. Ponen un aparatito en la ranura que copia los datos, a veces una cámara chiquita para agarrar el NIP, o una trampa que retiene el billete para que uno se vaya pensando que falló la máquina y ellos después lo recogen. Los bancos casi nunca se hacen responsables del todo y el cliente termina pagando el plato roto. Imagínense nomás la desconfianza que genera. Uno empieza a pensar mal, y a veces con razón.

Más grave todavía son esos casos donde el engaño viene desde la ventanilla misma. Hace poco, por allá de 2025, en Saltillo se destapó una red que operaba entre aquí, Acuña y Monterrey. Un supuesto empleado del área de sistemas de un banco conocido ayudaba a que una joven pidiera un adelanto de nómina de diez mil pesos. Todo parecía normal, pero de la noche a la mañana le apareció un crédito de más de cien mil que nadie autorizó. El hombre transfería el dinero a cuentas propias y después le decía que se cancelaba, pero los cobros seguían llegando.

Hay videos en redes de gente denunciando intentos parecidos: que van por una tarjeta adicional o un préstamo y en la ventanilla les empiezan a hacer movimientos raros, los quieren sacar de ahí a como dé lugar. Algunos marcan al 911 sin moverse del lugar. No siempre se denuncia formal, por miedo o porque el banco se hace el desentendido, pero los testimonios andan sueltos.

La verdad es que uno camina por Ramos Arizpe, por Monclova o por Arteaga y escucha las mismas historias. Gente que ya no quiere sacar más de cierto monto de una sola vez. Que prefiere varias vueltas o pedir que los acompañen. Los bancos tienen cámaras, protocolos, alarmas… pero si la información se filtra o si hay quien desde adentro se aprovecha, de poco sirve. En la capital del país, hace años, se descubrió una banda de plagiadoras que usaba a empleados bancarios para saber el estatus económico de las víctimas. El esposo de una de ellas trabajaba en un banco y pasaba los datos. Parece que ese fantasma no se ha ido del todo.

Hay que pensar mal para acertar, sin caer en la paranoia total. Mientras existan filtradores o empleados que se pasan de listos, el billete recién salido del banco seguirá siendo un imán. Tal vez toque exigir más revisiones internas, más transparencia en quién tiene acceso a las pantallas y más responsabilidad de las instituciones cuando el cliente resulta perjudicado. O quizás, como ciudadanos, volvernos más cuidadosos y menos confiados al momento de sacar efectivo. Porque el soplo sigue existiendo, solo que ahora llega más rápido y por más caminos. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org