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Guillermo Robles

Dieciséis años pelando el mismo candado

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Dieciséis años pelando el mismo candado

Es muy notorio el ingreso en las escuelas tanto privadas como de gobierno puesto que se ve pasar a los niños con mochila nueva y no puede evitar el mismo pensamiento de hace dieciséis años: ojalá el plantel todavía tenga luz el lunes. Ayer arranco el ciclo escolar 2026-2027 en Coahuila. Primarias y secundarias federales, jardines de niños estatales, técnicas, las de siempre. Y otra vez la pregunta que ya debería estar resuelta. ¿Llegaron enteras?

En 2010 escribí casi lo mismo. Entonces el botín era de televisiones, grabadoras, computadoras, micrófonos, hasta los mil quinientos pesos de la cooperativa. En la primaria Año de las Américas, colonia Los Sauces, en Torreón, se llevaron hasta la herramienta. Se notaba el oficio. Iban con camioneta. No era un muchacho con hambre. Era gente que ya sabía cómo entrar, qué cortar y por dónde salir. Pues la cosa es que el modus cambió un poco, pero el daño no. Ahora lo que más duele es el cable. El cobre. El medidor. El tramo que alimenta el minisplit y la bomba del tinaco. Se van con eso y dejan el aula a oscuras, el baño sin agua y al maestro explicando con gis lo que iba a proyectar.

La verdad yo he visto de todo en esta chamba. Directores que llegan el domingo por la tarde a revisar candados. Madres que pagan de su bolsa un rollo de cable porque la cuota de la asociación no alcanza ni para el papel sanitario. En Monclova, en enero, se metieron a un kínder y el daño anduvo por los veinte mil pesos. En Torreón, estas vacaciones de verano, Seguridad Pública habló de por lo menos cuatro escuelas tocadas, casi todas por cable. Hace unos días, en la Eva Sámano, en el centro, forzaron la puerta y dejaron tirados un refrigerador y un archivero que no pudieron cargar. Imagínense nomás. Ni siquiera respetan el nombre de una maestra.

¿Y saben qué? Hay que decir lo que sí se movió. No todo sigue igual que en 2010. En Monclova el operativo Escuela Segura ha bajado de forma clara los robos en vacaciones. En la Región Centro hay planteles que, después de que los visitaban una y otra vez, pusieron cámaras, púas, alarma, y ya no entran tan fácil. En el norte del estado, por Piedras Negras y esa franja, ha habido temporadas con saldo en ceros. La Secretaría de Educación habilita bodegas —trece en el estado— para guardar computadoras y proyectores cuando los niños se van. Hay drones que ya pescaron a dos adolescentes dentro de un preescolar en Torreón. Hay municipios que prometen enlazar planteles al C2. Eso hay que reconocerlo. Quien diga que no ha bajado, no ha salido a preguntar.

Pero bajar no es erradicar. Siguen siendo las mismas escuelas de gobierno —federales y estatales da igual— las que pagan el plato. Las particulares se blindan más rápido. Las públicas esperan oficio, presupuesto, el seguro que tarda, la reposición que no llega a tiempo. En la Región Centro, de unos cuatrocientos planteles, apenas treinta o cuarenta tienen videovigilancia decente. El resto sigue con el velador, el candado chino y la esperanza de que el patrullaje pase a las tres de la mañana. Saltillo, Torreón, Monclova, Ramos, Acuña, Sabinas… la geografía cambia, el oficio no.

Lo insaciable no es solo de las ratas de dos patas. También es de un sistema que lleva décadas tapando hoyos. Se instala la alarma y se roban la alarma. Se reponen los sanitarios y se los arrancan. Se pone cerca y se llevan los tubos. Hay una desvergüenza antigua en meterse a donde estudian los hijos de la gente que trabaja. No es un delito sofisticado. Es un delito cobarde. Entra cuando no hay testigos de nueve años.

La policía municipal de Torreón, la de Saltillo, la estatal, andan más coordinadas que antes. Eso también es cierto. Les faltan unidades, les falta gente en el tercer turno, les falta que el vecino llame cuando ve la camioneta parada a deshoras junto a la barda de la primaria. Sin el barrio, el plantel es un almacén con bandera.

Este lunes pasado los niños entraron. Ojalá hayan encontrado los ventiladores donde los dejaron. Ojalá el pizarrón electrónico encienda. Ojalá no tengan que empezar el ciclo escuchando que “por lo pronto vamos a juntar para el cable”. Dieciséis años después de aquella columna, el título podría ser el mismo. La diferencia es que ahora sabemos que se puede reducir. Lo que no hemos querido aceptar del todo es que mientras el cobre siga valiendo más que un salón a oscuras, van a seguir entrando.

La pregunta que le dejo a usted no es si van a robar otra escuela este año. Van a intentarlo. La pregunta es cuántas veces más vamos a tratar el aula como un objeto reemplazable y no como el único patrimonio que de verdad les estamos dejando a esos muchachos. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org