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Guillermo Robles

El milagro de gastar lo que nadie cobra

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

El milagro de gastar lo que nadie cobra

En la capital de Coahuila, se ha hecho costumbre mirar cómo se pasan los mismos semáforos de siempre y se pregunta en voz alta —porque a estas alturas ya no hay otra forma de preguntárselo— de dónde pretenden sacar los ayuntamientos el dinero para tapar baches, cambiar luminarias y pagar la nómina si llevan décadas siendo campeones para abrir la chequera y aficionados, cuando no francamente desganados, para cobrar lo que la ley les manda. Fíjense ustedes. El mal no es de un alcalde ni de un partido. Es de todos. Y en Coahuila se ve con una claridad que duele.

Las presidencias municipales de este estado siempre han sido hábiles para gastar. Lo han demostrado año con año. Lo que no han demostrado —y ahí está el archivo, no la opinión— es la misma gana para recuperar predial, derechos, multas de parquímetro y las infracciones de vialidad que se quedan dormidas en un cajón. Hay carteras vencidas que parecen pieza de museo. Cuentas de hace veinte o treinta años. Aunque, y esto hay que decirlo con calma, el cobro legal apenas alcanza los últimos cinco. El resto se fue al barril sin fondo. Apatía de tesorerías viejas, desinterés, esa costumbre de dejarle el problema al que llega.

Y eso es nada más lo que le deben a las oficinas del ayuntamiento. Si uno suma lo que no se cobra de agua potable, el daño patrimonial se pone de muchos ceros. No hay Sistema Municipal de Aguas en la entidad que no arrastre una cartera vencida gorda. La ciudadanía lo señala, y con razón: esa cultura del no pago es la misma que después se queja de que no hay obra, de que el drenaje se tapó otra vez, de que el pozo anda fallando.

En Saltillo, donde vivo desde hace ya más de un cuarto de siglo, la tesorería reconoció al arranque de este año que en 2025 se pusieron al corriente cerca de cuarenta mil contribuyentes y se recaudaron 539 millones de predial. Suena bien. Hasta que uno oye la otra mitad: siguen en mora 89 mil 775 predios, casi la tercera parte del padrón. Setenta y tres por ciento de eficiencia, dicen, por encima del promedio nacional. Está bien. Pero 89 mil cuentas sin pagar no son un detalle. Son calles sin alumbrar y banquetas que se siguen rompiendo.

En Torreón el cuadro es más recio. El año pasado el tesorero habló de una cartera vencida municipal que rebasaba los mil millones de pesos. De unas 380 mil cuentas catastrales, alrededor de 250 mil andaban en rezago. Imagínense nomás. Y el agua… el agua es otro capítulo. El Simas Torreón ha llegado a reportar más de 865 millones sin cobrar entre tarifas domésticas y comerciales, con decenas de miles de usuarios atrasados, algunos por más de cien meses. Luego aparece la cifra redonda de 900 millones y el anuncio de despacho de cobranza, descuentos del 30 al 70 por ciento, la misma receta de siempre. El Simas Rural, el de las comunidades de Torreón, Matamoros y Viesca, carga más de 200 millones, en cuentas públicas se ha visto arriba de 250, y apenas la mitad de sus usuarios paga con cierta regularidad. En Monclova y Frontera el Simas arrastra unos 150 millones, noventa de ellos en Monclova, con unos veinte mil morosos. En Piedras Negras el predial vencido se estimó en unos 50 millones y el agua, en revisiones recientes, cerca de 83. No es que un municipio sea el villano y los demás los santos. Es el mismo mal con distinta talla.

¿Y las infracciones? Hace dieciséis años, cuando escribí por primera vez sobre esto, el tesorero de Torreón reconocía más de 95 mil multas sin cobrar entre placas, licencias, tarjeta de circulación, vialidad, y no se atrevió a decir el monto. Hoy ya no circula esa cifra exacta, pero el problema no se fue. Siguen saliendo miles de boletas. En un tramo de septiembre del año pasado, en diecisiete días, Tránsito de Torreón levantó más de tres mil. En Saltillo, solo por parquímetro, se contaron unas tres mil quinientas infracciones en 2024. Y al cierre del año pasado casi el 40 por ciento de los vehículos del estado no había cubierto derechos vehiculares. La solución, otra vez, huele a lo de siempre: condonar, descontar, “regularizar”. En 2010 ofrecían perdonar el 90 por ciento de multas, recargos e intereses para que la gente rescatara placas y licencias que ya no servían de nada. Documentos vencidos. Pagar poquito por un papel muerto. Yo lo dije entonces y lo repito ahora: hay autoridades que todavía creen que se le puede dar atole con el dedo a la gente.

Y la cosa es que el cobro de cinco años no absuelve la holgazanería de treinta. Yo he visto tesorerías donde el archivo de adeudos parece closet de trastero. He oído a funcionarios jurar que “ahora sí” va el operativo, y a la semana el operativo se vuelve feria de descuentos. No niego que haya quien no pueda pagar. Eso existe. También existe el que puede y no quiere, el comercio que se acomoda, el predio que lleva lustros sin una visita. La pregunta no es si el municipio gasta. La pregunta es si tiene la voluntad de sentarse a cobrarle al que debe, con criterio y sin teatro.

Porque mientras la cartera duerma, la obra social también duerme. El agua no llega igual a todas las colonias. El bache espera. Y nosotros, los de a pie, seguimos pagando dos veces: una cuando cumplimos y otra cuando el servicio no alcanza. ¿Hasta cuándo vamos a seguir confundiendo la condonación con la administración? Esa, me parece, es la cuenta que de verdad está vencida. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org