Crece la cuota y encoge consultorio
Por Guillermo Robles Ramírez

Uno se sienta un rato entre amigos y termina oyendo lo mismo que en cualquier clínica de Saltillo. No es un discurso. Es el suspiro de la señora que llegó de Ramos Arizpe a las seis de la mañana y todavía no sabe si le van a dar fecha. Es el hombre de la Laguna que trae la receta doblada y ya se sabe de memoria que “hoy no hay”. Fíjense ustedes: el Seguro Social en Coahuila no se está muriendo de hambre. Al contrario. Se está llenando de gente. Y esa es, precisamente, la herida.
En agosto de este año el Instituto reportaba en el estado más de ochocientos cincuenta y cinco mil trabajadores afiliados. La industria no para. Saltillo, Ramos, Arteaga, Torreón, Monclova, Piedras Negras… el norte sigue metiendo gente a la formalidad. Cada patrón paga. Cada trabajador también. Y uno pensaría que con esa membresía el consultorio debería crecer al mismo paso. Pues la cosa es que no. La fila sí. El especialista, no.
Lo he visto demasiado tiempo como para creerme que esto es mal de un solo sexenio. Cambia el nombre en Palacio y la receta sigue incompleta. Ahora, bajo el gobierno de la presidenta Sheinbaum, el IMSS presume más consultas de fin de semana, un programa de unidades de tiempo completo que, sí ha desahogado algo la medicina familiar. Nueve clínicas en el estado, sábados y domingos. Ayuda. Pero no tapa el hueco. El propio delegado, José Valeriano Ibáñez de la Rosa, ha reconocido un faltante de alrededor de doscientos especialistas. Radiología, urología, medicina interna, neurología entre otros más. En Monclova hubo quienes salieron con cita hasta el año siguiente. Imagínense nomás. La enfermedad no espera el draft de marzo.
Y aquí viene lo menos platicado. El IMSS en Coahuila funciona cada vez más como oficina recaudadora de primer mundo y como hospital de pueblo. Entra el dinero. Sale la nómina. Queda poco para que se parezca a lo que prometió cuando el trabajador firmó. No es que el personal no quiera. La verdad yo he visto enfermeras y médicos de base que se desviven con lo que hay. El problema no es la bata. Es el techo. Es la centralización. El delegado puede saber dónde duele, y claro que lo sabe, y aun así espera a que Ciudad de México suelte plaza, medicamento y ambulancia.
Porque sí todavía hay unidades, sobre todo cerca de zonas ejidales, donde el traslado no depende del Instituto sino de la buena voluntad. En Francisco I. Madero y en comunidades parecidas se sigue recurriendo a la Cruz Roja o a lo que aparezca. En campaña algún político dona una unidad y todos aplauden como si eso fuera normal. No lo es. Quien cobra cuota obrero-patronal no debería pedir limosna de temporada.
Está por demás que lo explique. Usted llega, saca ficha, espera, entra cinco minutos y sale con una receta que la farmacia no surte completa. Entonces paga dos veces. Una al Seguro. Otra en la particular. Esa falta de acceso oportuno empuja a las familias a gastar de más. En Coahuila se siente en la carne. El obrero de la planta, la empleada del comercio, el muchacho de la maquila sostienen la caja. Y cuando el sistema falla, también sostienen la consulta privada.
Este mes, mientras el país discute abasto y el eterno anuncio de que “se ha avanzado mucho”, en Saltillo los trabajadores del Hospital General de Zona Número 1 andaban atajando descuentos raros y pagos incompletos. No pararon urgencias, hay que reconocerlo. Pero el detalle queda: hasta adentro se pelean por lo básico. Si a quien atiende le recortan el estímulo, ¿qué le espera a quien espera en la silla?
Nada en la vida es gratis. Sube el salario mínimo, este año quedó en trescientos quince pesos diarios, y también se mueve la tabla de cuotas. El patrón pone más. El trabajador pone más. El recibo crece. La pregunta no es si hay que cotizar. Claro que hay que cotizar. La pregunta es para qué. Si la membresía no va de la mano del consultorio, del especialista, del medicamento y de una ambulancia que no se pida de favor, el Seguro se vuelve lo que mucha gente ya murmura: una membresía cara para una atención pobre. Y digo membresía por su costo porque ya no lo considero que sea derechohabiente.
Hay obras anunciadas. Dos unidades de medicina familiar para Saltillo, en Santa Bárbara y El Cortijo. Un hospital regional de doscientas sesenta camas cuyo terreno ya aseguró el estado. Si llegan de verdad, y no se quedan en maqueta, algo se mueve. Pero las paredes no curan solas. Sin médicos, sin surtido y sin que Coahuila decida más de lo que hoy decide, vamos a inaugurar edificios para seguir formando la misma fila.
Por eso el reclamo no debería ser sólo del paciente enojado. Les toca a los empresarios que ya pagan y a los trabajadores que ya descuentan. Exigir que el Instituto cumpla el trato original: cuidar a quien cotiza y a su familia. No administrar una caja. Cuidar. Si esa presión se organiza, con números, con persistencia, sin teatro; todavía se puede enderezar el rumbo. El norte sabe trabajar. También debería saber cobrarle a su Seguro la salud que ya pagó. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org


