OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Dos robos y un recibo

Uno cruza Torreón de noche y de pronto frena. No es un bache. Es un hueco negro, redondo, sin tapa. El corazón se le sube a la boca. Fíjense ustedes: esa misma escena la vi hace años en la Laguna y la sigo viendo. Cambia el alcalde, cambia el gerente del SIMAS, y la alcantarilla sigue esperando a que alguien se la lleve o a que alguien se caiga.
La verdad yo he visto de todo en esto del agua tanto en mis viajes como periodista pero también lo he sufrido como ciudadano coahuilense. En Saltillo se quejan del recibo y del tandeo. En Monclova ya empezaron a poner tapas de concreto y de PVC porque el fierro se esfuma; allá contabilizaron más de sesenta robos en un año. En Torreón, hace poco, detuvieron a un hombre en la colonia San Luis con una tapa a cuestas. En Joyas del Desierto las cámaras cacharon a dos sujetos, con toda la calma del mundo, cortando cable de una instalación del propio organismo. Vecinos dijeron lo de siempre: de madrugada no hay quien vigile y a veces ni candado hay.
No es ya aquella cuenta vieja de un millón doscientos mil pesos al mes. Tampoco hace falta esa cifra para entender el daño. Cada tapa que falta es un hoyo. Cada medidor o tramo de cobre que desaparece es un servicio que se descompone y un costo que, tarde o temprano, alguien paga. De día el peatón. De noche el coche. Siempre la ciudad.
¿Y saben qué? El pueblo le pone nombre de una vez. Dice que al SIMAS le roban por un lado y que al usuario le cobran por el otro. Pos la cosa es que las dos quejas viven en la misma casa. Menos de la mitad de las tomas en Torreón tiene medidor que sirva. El resto paga a ojo, con estimación. Este año el organismo se propuso llenar esa laguna a pedazos, a ver si en 2026 avanza la micromedición. Mientras tanto, al recibo le han ido saliendo renglones nuevos como saneamiento, un cargo federal de extracción de unos cuantos pesos, y la gente compara lo que paga con lo que le sale de la llave. Esta misma semana fallaron pozos y hubo variaciones en Veredas, Jardines del Sol, Las Torres. Imagínense nomás la cara de quien abre la llave, no cae nada, y en la mesa ya está el papelito.
¡Ande…no!. No todo es ratero de madrugada. También hay tomas clandestinas. También hay quien usa el drenaje de basurero: hace meses sacaron miles de taparroscas de una sola alcantarilla en Las Torres. Y andan denuncias gordas en fiscalía y en el Congreso: empresas que aparecen y desaparecen, contratos de bombas y pozos que huelen mal, hasta un presunto desvío de decenas de millones. Cierta o no cada versión, eso lo tendrán que probar los papeles, el descrédito se acumula igual que el rezago.
Y estoy seguro que quienes viven allá sabe a qué me refiero. Cuando el usuario llama “robo” a un cobro, no siempre tiene la razón técnica. A veces hay fuga adentro de la casa. A veces el medidor sí midió y uno se asusta del número. Pero cuando el organismo no puede explicar de frente cuánta agua entra, cuánta se factura y cuánta se pierde entre la calle y la cocina, la sospecha se vuelve costumbre. Y la costumbre, en esta ciudad, ya tiene años de recibo.
El remate no es mandar más patrullas a cuidar tapas, aunque hagan falta. Es que el SIMAS deje de ser, a la vez, víctima de la calle y sospechoso de la cocina. Mientras el fierro se lo lleven de noche y de día el recibo llegue sin que uno entienda el número, Torreón va a seguir frenando ante el mismo hoyo. El de la calle… y el del papel. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org



