Noticias Coahuila, Lideres de Opinión, Reportaje SIP

Guillermo Robles

Plazas que todavía se cotizan en silencio

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Plazas que todavía se cotizan en silencio

Uno se queda aquí el nuevo centro de Saltillo, mejor conocido como “Distrito Centro”, admirando no solo el Centro Histórico, sino disfrutando las cafeterías en donde suelo abrir mi libreta negra, tomando el café ya frío de tanto pensar o bien cuando me viene a la cabeza cómo siguen llegando noticias de jóvenes normalistas que andan esperando su oportunidad.

No es cosa de ayer. Llevamos años escuchando que ya se acabó esto y aquello, que los procesos son transparentes, que hay vigilancia. Y, sin embargo, la plaza magisterial sigue teniendo un precio en algunos rincones, nomás que ahora se mueve con más disimulo.

Fíjense cómo ha sido la cosa. En los tiempos de antes, los dirigentes del magisterio decían con bombo y platillo que los exámenes iban a enterrar las corruptelas de las secciones sindicales. Que ya no habría venta de plazas, que todo sería por mérito.

Pero la realidad, como suele pasar en estas tierras, se puso terca. Una voz autorizada de la Fundación para la Cultura del Maestro, allá por aquellos años, fue clara, aunque con palabras suaves: que no se iba a acabar de la noche a la mañana, que era un proceso, que siempre existía el peligro de que esas “perversiones” volvieran a aparecer. Usaba “perversión” para referirse a las raterías y sobornos. Como si con cambiarle el nombre se pudiera disimular que muchos de esos negocios los manejaban o toleraban los propios líderes de las secciones.

Pues la cosa es que, cuando salen nuevas plazas y en lo que va de estos ciclos recientes han salido varias tandas en diferentes entidades, los que viven de ese tráfico ya están listos.

Y no faltan los que afilan las uñas. En distintas secciones del país se han mencionado cotizaciones que van de quince mil hasta cincuenta mil pesos o más, a veces en abonos. El precio cambia según el lugar: no es lo mismo una escuela en la sierra o en un ejido apartado que una en la capital o en un municipio grande con todas las comodidades.

Y no solo los dirigentes sindicales; también hay funcionarios y empleados de confianza en las secretarías que andan cerca de las decisiones y que pueden beneficiarse cuando llegan esas plazas nuevas.

Aquí en Coahuila, que es lo que más cerca que tengo, la cosa no ha sido distinta. En la Sección 35, la de la Laguna, se detectaron hace poco más de cuatrocientos casos de plazas vendidas en gestiones anteriores, con precios que ya andaban entre cien mil y doscientos cincuenta mil pesos en algunos reportes. Solo una parte terminó en denuncias formales. Imagínense nomás: una maestra detenida por vender una sola plaza en ciento treinta y cinco mil pesos.

Y eso no es cosa antigua del todo; las alertas siguen llegando. Recientemente secciones del SNTE en otros estados han tenido que salir a advertir sobre fraudes que ofrecen plazas por setenta mil pesos o cambios de centro por treinta mil. Estafadores que se hacen pasar por contactos, que prometen lo que no pueden cumplir. El negocio clandestino se modernizó un poco, pero la tentación sigue ahí.

La verdad yo he visto de cerca cómo afecta esto. En mis años recorriendo escuelas en diferentes cabeceras municipales coahuilenses de las colonias populares de Torreón o de las rancherías que rodean Monclova, platicaba con normalistas recién egresados. Chavos y chavas que terminaron su carrera con ilusión, que quieren dar clases en su tierra, y que se topan con listas de espera largas o con la sensación de que para avanzar hay que conocer a alguien o pagar algo.

Mientras tanto, las plazas nuevas se asignan a través de procesos como los de USICAMM, que buscan ser abiertos y transparentes, con eventos públicos y sistemas de consulta. Eso es un avance, no lo niego. Pero cuando hay demanda alta y oferta limitada, siempre aparece quien quiera sacar ventaja.

Los dirigentes sindicales insisten en que recomiendan no participar en esas prácticas, que hay más vigilancia ahora. Y es cierto que los mecanismos existen: convocatorias públicas, padrones, revisiones. Pero pedirle a la misma estructura que se vigile a sí misma es como pedir peras al olmo. Sabe a qué me refiero.

Uno ve las declaraciones oficiales, los incrementos salariales que se han dado en estos años, los esfuerzos por dar certeza laboral, y uno quiere creer que vamos avanzando. Y algo se ha movido, no todo es lo mismo como en aquellos años del 2010 hacia atrás. Pero la desalentadora parte es que la corrupción no ha dado un paso firme hacia atrás. Sigue habiendo jóvenes maestros en la banca, esperando, mientras otros encuentran caminos irregulares o se quedan fuera.

Y el problema no es solo el dinero que cambia de mano. Es lo que eso significa para la educación que reciben los niños y jóvenes de Coahuila. Cuando una plaza se consigue por influencias o por pago, no siempre llega el mejor perfil al aula. En las zonas rurales, donde ya cuesta trabajo retener maestros, esto pesa más. En las ciudades también: las familias de a pie, las que mandan a sus hijos a escuelas públicas, terminan pagando el costo en calidad.

Al final, uno se pregunta qué ha cambiado de verdad en todo este tiempo. Los procesos transparentes ayudan, las alertas de fraude demuestran que algo se vigila, los aumentos salariales reconocen el esfuerzo de quienes sí están en las aulas.

Pero la raíz, esa costumbre vieja de tratar la plaza como mercancía, sigue asomando cada vez que salen nuevas oportunidades. No es que no se haya hecho nada. Es que no ha sido suficiente para que los jóvenes que hoy terminan la normal sientan que hay un camino limpio y claro hacia su primer grupo.

¿Y saben qué? Mientras sigamos viendo que la plaza se cotiza en silencio, aunque sea en menor medida o con otros nombres, la confianza en el sistema magisterial se sigue resquebrajando. Y eso, al final, lo pagan los que menos tienen: los niños de nuestras colonias y rancherías.

Uno sigue escribiendo esto con la misma preocupación de siempre, esperando que algún día la vigilancia de verdad alcance y que la plaza se gane solo con vocación y preparación. Porque de lo contrario, seguiremos en lo mismo, solo con más papeles y menos esperanza para los que vienen detrás. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org