Hay situaciones en la vida que se convierten de paradójicas a contradictorias. Una de ellas es el tan cacareado impuesto a los refrescos y comida chatarrera que a final de cuentas ni está reduciendo las estadísticas de niños, jóvenes y adultos gordos mexicanos y sí en cambio, está engordando los bolsillos del gobierno con el cobro de esa contribución.
MI COLUMNA
Los dobles gordos
Por Carlos Robles Nava
Hay situaciones en la vida que se convierten de paradójicas a contradictorias. Una de ellas es el tan cacareado impuesto a los refrescos y comida chatarrera que a final de cuentas ni está reduciendo las estadísticas de niños, jóvenes y adultos gordos mexicanos y sí en cambio, está engordando los bolsillos del gobierno con el cobro de esa contribución.
Sigue nuestra población consumiendo bebidas endulzantes y alimentos nada nutritivos y si llenos de calorías y, particularmente, grasas dañinas para nuestro cuerpo, al menos es lo que se reveló en reunión de expertos internacionales en el reciente Foro “Obesidad: Causas y respuestas de políticas públicas, realizado en días pasados por el Instituto Tecnológico Autónomo de México, ITAM.
En resumen, el Foro dejó bien claro que en los países más industrializados del mundo con tendencia a elevar los impuestos a la comida con alto contenido calórico y refrescos, ha impactado poco o nada en la obesidad en general.
Señalaron que en países como Australia, Estados Unidos, Reino Unido, Canada y México, donde se han incrementado los impuestos a la comida chatarra y refrescos, impactando una alza en los precios al o publico en esos artículos, pero sin disminuir de manera significativa su consumo, pese a lo que representa el gravamen en esas contribuciones.
Por otra parte, la Universidad Cornell, en los Estados Unidos, complementó otro estudio realizado en Berkeley y San Francisco, sobre el consumo de refrescos, después de la aplicación de un impuesto a las bebidas azucaradas y el resultado fue que la mayoría de los negocios no incrementaron los precios de sus gaseosas, pues consideraron que de hacerlo, sus consumidores comprarían en comunidades cercanas donde no se aplica el nuevo impuesto.
Los comerciantes tuvieron que absorber el impacto del impuesto en aras de no perder clientela, realizándose otro ejercicio con 239 a quienes se les ofreció un descuento en diferentes tipo de comida rápida y se comprobó que con un precio menor se inclinaban a comprar más alimentos chatarra que saludable.
En México y de acuerdo a datos oficiales dados por el gobierno federal, el impuesto adicional decretado hace dos a tres años a comida chatarra y bebidas azucaradas, sus resultados han sido muy claros: Los gordos siguen igual o más gordos y han surgido otros gordos que han sido precisamente las bolsas de impuestos del gobierno federal, monto calculado en varios miles de millones de pesos.
Por cierto, pese a que está instituido en un decreto oficial el que ese impuesto debe aplicarse a fortalecer las normas y difusión de las medidas para orientar y recomendar a los consumidores a evadir o eludir consumo de alimentos chatarra y refrescos, siguen sin conocerse datos positivos en el adelgazamiento de los niños, jóvenes y adultos que siguen con las mismas costumbres de en su alimentación.
Esto además de paradójico, resulta contradictorio y aberrante, obligando a la búsqueda y aplicación de nuevas medidas, investigar en países de bajo consumo en bebidas azucaradas y comida con menos contenido calórico.
Algo urge que hacer porque México sigue avanzando y se sostiene en los primeros lugares de engordura, no solo de sus adultos y viejos, sino lo lamentable es en la niñez a quienes cada vez vemos más obesos y lentos. (www.intersip.org)

