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Guillermo Robles

Sabemos, pero no lo aceptamos

En la ciudad de Torreón, el presidente de Canacintra, enfatizó hace unos días la necesidad de darle mayor importancia sustancial a las ferias del empleo para aumentar el número de contratados y de ésta manera abatir los niveles de desempleo que existen en la región laguna.

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Sabemos, pero no lo aceptamos

En la ciudad de Torreón, el presidente de Canacintra, enfatizó hace unos días la necesidad de darle mayor importancia sustancial a las ferias del empleo para aumentar el número de contratados y de ésta manera abatir los niveles de desempleo que existen en la región laguna.

            Con una carencia de no menos de 10 mil empleos al año son necesarios para terminar con problemas como la inseguridad incentivada por la falta de oportunidad.

            Esta situación se repite no solo en el municipio de Torreón, sino en todo el país en donde las oportunidades se acaban por la carencia de empleos y el continuo cierre de los pocos que quedan incentivados por la estrangulación de las reformas fiscales que no permiten a los empresarios a tomar oxígeno porque aunque éstos se encuentren en una situación deplorable por la falta de pagos de proveedores de la industria e incluyendo quienes les prestan servicios al sector oficial o gubernamental porque ni éstas pagan en tiempo y forma, sin embargo, para el Código Fiscal tiene muy claro que ningún contribuyente moral o físico se puede declarar en quiebra o pérdidas porque están obligados a pagar impuestos de una u otra manera porque así lo establece la ley.

            Las reformas hacendarias lejos de la realidad, no perdonan por lo que orillan a muchos a tener que desaparecer y a dedicarse al informalismo y otro se refugian en los programas sociales federales, por cierto, llenos de corruptelas  en donde el moche es lo que prospera o detienen el arranque de programas quedándose únicamente en puros banderazos mientras se cierra el ciclo de la corrupción.

            A casi tres años por cumplir el gobierno de Enrique Peña Nieto, ante los ojos de los expertos en la economía, tienen bien definido que ni las reformas hacendarias y energéticas son suficiente para generar empleo y mucho menos sacar de la cada vez más hundida pobreza en México. Sin embargo, a quien todavía no se convence de ello por amor propio es al mismo poder ejecutivo quien miope al panorama sombrío y lleno de pobreza, terracería, lodo y hombres que mendigan una moneda en las colonias que conforman la periferia de los 31 Estados y sus  múltiples cabeceras municipales fiel reflejo de la pobreza extrema en que habitan.

            Esta población vulnerable, que le llaman casa a un refugio hechos de madera y cartón para protegerse de la intemperie pero en esa morada, la suciedad y residuos de comida se aparecen en todos los puntos en donde las dizque paredes convergen para levantar una choza de barro, palos y mallas que carecen de todo trazo previamente establecido.

            Ahí, donde las ratas y los perros callejeros acuden para comer algo de basura, un lugar en donde ni un animal podría vivir de forma tranquila constituye la vida de éstos mexicanos que se resisten a convivir con los demás no por decisión propia sino por falta de oportunidades para el empleo y desprotegidos por cualquier autoridad porque ni siquiera en un mapa figuran y mucho menos en las agendas políticas.

            La falta de empleo y la corrupción en los programas sociales u obras federales como estatales en donde piden el moche, son el peor enemigo de México en donde cada vez está consumiendo a los mexicanos a una decadencia total y sin opciones orillados a tomar un solo camino para poder llevar alimento a sus hogares que es el consumo de drogas para despegarse de la realidad y por consiguiente presas fáciles del crimen organizado en donde a cambio de un trabajo informal e ilícito al menos reciben un ingreso para sus familias viéndose obligados a tener que hacer cosas en contra de su voluntad porque el hambre, la pobreza  y  la desesperanza obliga a cualquiera a recurrir a lo que sea.

            Mientras existan estos factores, evidentemente la inseguridad seguirá creciendo ante la desigualdad del reparto de la economía en el país y por consiguiente cualquier mandatario estatal o el mismísimo Presidente de la República Mexicana podrán visitar a cualquier nación en busca de inversiones pero los empresarios no son tontos en pretender buscar lugares en donde peligra la integridad de sus staff administrativo e inclusive de sus productos con un índice algo de inseguridad, violencia, secuestros y ejecuciones. Cuando México tenga realmente leyes justas, reformas estructurales que incentiven a los empresarios, reformas hacendarias que dejen de ser un barril sin fondo, hasta entonces esos empresarios extranjeros buscarán por si solos y tocarán las puertas a nuestro país para invertir. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org