Al menos para quienes somos de las épocas pasadas o llamadas igual “doradas”, siempre tuvimos en la mente analizando los sucesos contemporáneos en los que la violencia ronda por los diversos rincones del país, en algunas partes más que en otras, que no seriamos testigos de romper con tabúes en relación al respeto irrestricto que se mantuvo por años al Ejército Mexicano.
Mi Columna
Violaron límites
Por Carlos Robles Nava
Al menos para quienes somos de las épocas pasadas o llamadas igual “doradas”, siempre tuvimos en la mente analizando los sucesos contemporáneos en los que la violencia ronda por los diversos rincones del país, en algunas partes más que en otras, que no seriamos testigos de romper con tabúes en relación al respeto irrestricto que se mantuvo por años al Ejército Mexicano.
Lamentablemente, ya que algunos mexicanos considerábamos que era lo último que había respetable en el país, el lunes 12 de este mes, un grupo de padres de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero, acompañados por estudiantes y maestros se enfrentaron con militares del 27 Batallón de Infantería, en Iguala.
Esto ocurrió cuando ese grupo pretendió entrar con violencia al cuartel militar de Iguala, con el pretexto de que en su interior podrían estar sus hijos.
Ante la resistencia de los soldados que en ese momento se encontraban en el interior del cuartel, los padres de los desaparecidos, así como dizque estudiantes encapuchados, comenzaron a lanzar bombas molotov y piedras, los militares para no recurrir a las armas, lo que se reconoce esa prudencia, devolvieron o regresaron las piedras a los audaces e irrespetuosos maestros y estudiantes normalistas así como a los padres de algunos de los desaparecidos que se unieron a esa inusual agresión no recordada, al menos en los últimos 30 a 40 años.
Los civiles, maestros, padres de los desaparecidos y estudiantes encapuchados, ante la resistencia de los soldados, se apoderaron de un enorme tráiler para echar abajo las puertas del cuartel, lo que no lograron y abandonaron su intentona.
Similares pretensiones sucedieron en cuarteles de otros municipios de Guerrero, como Cruz Grande y Acapulco, lo que demuestra un plan elaborado previamente para provocar, al menos en opinión de autoridades guerrerenses, a las fuerzas militares, que por momento han decidido mantener la cordura y procurar eludir a toda costa cualquier enfrentamiento, por cierto nada deseable por las consecuencias que a que pueden llevar estos incidentes.
Que se recuerde fue el famoso y tan cacareado dos de octubre de l968, cuando los soldados salieron a la calle, precisamente a la Ciudad Universitaria, allá en la capital del país, para “aplacar” a estudiantes que decidieron enfrentarse al gobierno de Gustavo Días Ordaz. Después de esos trágicos días de octubre negro, no volvió el ejército a sacar sus armas a las calles hasta hace tres a cuatro años cuando ante la impotencia de las autoridades civiles para combatir la delincuencia organizada, hubo de enfrentarse a esos criminales que ya portaban armas más especializadas y tácticas muy inteligentes para repeler las balas de los militares.
Para líderes de opinión, los fallidos asaltos a los cuarteles de distintas ciudades de Guerrero, muestra el interés de provocar una desestabilización gubernamental, aprovechando la disponibilidad, gracias al indebido pago que reciben por sus “servicios”, algunos grupos de maleantes que se hacen pasar como “anarquistas” o sea inconformes con los gobiernos por infinidad de motivos, algunos razonables y justos, pero otros no cuando pueden resolverse a través del diálogo.
Las suspicacias de que los desaparecidos podrían estar “refugiados” en el interior de los cuarteles militares de Guerrero, surgió inesperada y repentinamente, sin que se haya solicitado con anterioridad a las respectivas autoridades, lo que aumentan las sospechas e “indicios” de que en esos centros militares se tenía ocultos a los jóvenes desaparecidos.
Definitivamente que los grupos que respaldan y exigen que se devuelva en vida a los normalistas desaparecidos, violaron y se excedieron en sus exigencias justas e injustas, al irse contra el Ejército, la única institución que pese a lo sucedido el 12 de enero, sigue siendo la de mayor respeto, al menos por la mayor parte de los mexicanos.(www.intersip.org)

