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Guillermo Robles

Que no quede en el pasado

 Rumbo a la localidad “Los Lirios”, en el municipio de Arteaga, Coahuila, es más conocido por la renta de caballos que para el disfrute de los grandes pinos verdes entre su variante vegetación, flora y fauna, pero sobre todo el escuchar los exóticos cantos de los pájaros de nuestra región.

OPINION

Por Guillermo Robles Ramírez

Que no quede en el pasado

 Rumbo a la localidad “Los Lirios”, en el municipio de Arteaga, Coahuila, es más conocido por la renta de caballos que para el disfrute de los grandes pinos verdes entre su variante vegetación, flora y fauna, pero sobre todo el escuchar los exóticos cantos de los pájaros de nuestra región.

 Como algo fuera de lo común para quienes vivimos en las zonas urbanas, en su camino hacia “Los Lirios” existe un letrero hecho a mano de manera muy sencilla en la que dice rumbo a la fiesta de Gloria. Cualquiera pudiera pensar que se tratase de algún evento de una quinceañera, pero contrario a todo ello se trataba una invitación de aquella comunidad para ir a celebrar el Sábado de Gloria que con motivo de la Semana Santa que culminó este domingo conocido como el de Resurrección, los locatarios hicieron un llamado para recordar a todos sus visitantes la importancia y reafirmación de la fe católica.

Y efectivamente, esto me hizo hacer una retrospección en cuanto a la celebración de la Semana Santa y efectivamente con el tiempo los usos y costumbres de la gente van cambiando algunas veces sirve para reafirmarlos, otras desafortunadamente se van perdiendo. Las nuevas generaciones confunden la Semana Santa como sinónimo de “vacaciones santas”, y lo vemos con la afluencia de los lugares turísticos de nuestras playas; el ausentismo dentro de las ciudades.

La Semana Santa y Pascua están llenas de simbolismos religiosos que se comparten mundialmente, teniendo representaciones diferentes, pero todas encaminados a la misma causa.

Para la mayoría de los católicos es para reafirmar la fe y para otros la celebración de otras cosas. Aunque se ha ido perdiendo un poco el fervor por seguir las tradiciones como es en el caso de nuestro país, la representación de la pasión de Cristo, la manera con mayor peso para celebrar la rememoración de los últimos días de la vida del hijo de Dios, y su entrega hasta su crucifixión demostrando el amor hacia el ser humano teniendo que pasar por el sufrimiento físico para la salvación del hombre.

El cine hollywoodense retoma la vida de Jesucristo al cine en particular la Pasión de Cristo en donde por décadas eran transmitidas a los televidentes mexicanos ésta película que era muy obvio su filmación antigua antes de la existencia de otros competidores en la televisión, cable o señal vía satélite y todavía la seguían trasmitiendo muy a pesar de las nuevas trasmisiones y competidores.

Pero no fue hasta que Mel Gibson, en el 2004 debutando no como actor sino como director de cine y productor a su vez hace ésta remembranza representada en las principales calles de diferentes ciudades que pasando los años cada vez eran menos personas quienes asistían. Sin embargo, desde la óptica de Mel Gibson logró tocar la sensibilidad de la gente logrando penetrar a un público nuevo en donde la gente se veía literalmente saliendo de las salas cinematográficas a llantos reafirmando la fe de millones de católicos.

Subsecuentemente a ese año como la espuma del mar se va difuminando conforme toca tierra firme, de igual manera la participación y asistencia de la gente fue bajando; teniendo en éste año menos gente donde se vio muy claro en las diferentes calles de Saltillo, Torreón, Parras de la Fuente, y el resto de los municipios donde antes había muchedumbre siguiendo la representación de la pasión de Cristo ahora son contados los seguidores, no pasando de cincuenta personas e inclusive otras donde se veía hasta grupos de diez o quince personas predominando gente de la tercera edad,  y muy poca participación de menores.

Por otra parte, la celebración de Pascua, aunque en el Nuevo Testamento o en las Escrituras apostólicas no hay una festividad como tal, pero de manera mundial significa en su concepción religiosa la continuidad de la celebración de la resurrección de Jesucristo.

Cada año los jóvenes saben menos sobre éstas celebraciones al igual como sus tradiciones encontrándose una falta de conocimiento de las costumbres que nuestras generaciones atrás hacían o comían en aquel entonces. Es común que si a una persona joven le preguntas si conoce el pipián; platillo muy frecuente en ésta temporada para evitar comer carne de res, la desconozcan o nunca lo han probado,  así como algunos otros alimentos como los romeritos, cabuches, bacalao, capirotada, habas, tortitas de calabaza, los orejones (albaricoques o melocotones deshidratadas) y otros.

Tanto la iglesia católica como las familias mexicanas tenemos la tarea de retomar las costumbres religiosas para que no se pierda éstos valores esenciales para el ser humano para coexistir como parte de un equilibrio de la humanidad o simplemente en la necesidad de la creencia de un Ser Supremo sin tomar la bandera de cualquier religión pero si necesario como parte historial de la existencia del hombre.

Aunque renieguen el comercio de las carnicerías por tener que cerrar sus negocios el miércoles de ceniza, jueves, viernes siguientes y aquellos días marcados por la iglesia como días de abstinencia; no hay que dejar que esto afecte u otras variables, las costumbres de celebrar la liturgia de la Iglesia y esperemos que para el próximo año se despierte un poco más el fervor de una fe más fuerte pero no solo el despertar sino el vivirlo como se hacía antes y no permitir que cada año se quede en el olvido y el pasado.   (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org