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Carlos Robles

Es una buena intención

Al menos, por ahora, es una buena intención la del Alcalde, Isidro López Villarreal, al anunciar que su administración irá contra los “ruidosos” de Saltillo, aunque específicamente se refiere a los antros y cantinas.

Mi Columna

Es una buena intención

Por Carlos Robles Nava

Al menos, por ahora, es una buena intención la del Alcalde, Isidro López Villarreal, al anunciar que su administración irá contra los “ruidosos” de Saltillo, aunque específicamente se refiere a los antros y cantinas.

Sin embargo, no hay que olvidar y echar al cesto de la basura, las múltiples quejas de familias que claman tranquilidad en el interior de su domicilio, por el tremendo ruido al tener contiguo a su vivienda negocio como escuelas de música, clubes sociales, tiendas de ropa y otra índole, “cafecitos” con sillas afuera y con música en vivo o grabada por las noches, etc., que arman más ruido y desorden que los negocios que tienen permiso para vender bebidas alcohólicas.

Lo peor es los negocios mencionados en el segundo párrafo, ni siquiera cuentan con el respectivo permiso de uso de suelo y menos para tener el giro que comercializan, encontrándose dentro de colonias de todo tipo, no solo las residenciales de los alrededores del bulevar Pedro Figueroa, que está de moda, sino en múltiples sectores y cuya proliferación ha sido enormemente por ayuntamientos del pasado que jamás hicieron caso a los quejos, por lo que es de tomarse en cuenta que por ahora lo de Isidro López Villarreal, es el anuncio de una intención, aunque a determinado sector de los “escandalosos”.

Dicen que el mundo está lleno de promesas y buenas intenciones y no dudamos de que esas sean las del edil saltillense, quien ha anunciado que se hará una reglamentación para estipular los decibeles permitidos para las cantinas y antros.

Empero, la tarea de Isidro no será nada fácil, pues el problema no se reduce a que se reglamente el nivel de los decibeles ya que el tema de los ruidosos tiene muchas aristas que lógico ninguno de los 38 Presidente Municipal de la Estidad puede estar enterado totalmente de ellas y que lamentablemente le son ocultadas por sus cercanos colaboradores.

No hay que hacer a un lado que esos negocios ruidosos o escandaloso en su mayoría funcionan el mayor tiempo por las noches y cuando se llama a la policía, nos referimos al caso concreto de Saltillo, la o el operador de radio de esa corporación inmediatamente da solución al problema reportado con “por favor llame a la Dirección Municipal de Ecología” y la respuesta lógica es del angustiado quejoso “¿ a estas horas de la noche?”, cuando que esa área trabaja a más tardar hasta las tres de la tarde y a veces a las cuatro.

Por otro lado, lo importante, es demasiado reducida la plantilla de personal de Ecología para atender tantas llamadas, así como la limitación de vehículos para desplazarse.

Por desgracia y las razones de que no tienen suficiente de lo más indispensable, ni siquiera las quejas de mismos comerciantes, oficinas particulares y algunas viviendas que hay en el primer cuadro de la ciudad, son atendidas contra colegas que afuera de sus negocios tienen a todo volumen, que vaya si lo hacen, para anunciar sus artículos, promociones, etc.

Y, no se diga de los vehículos que perifonean bailongos a diestra y siniestra, lucha libre, funciones de circo, ventas varias y que recorren la mayor parte del día las calles del centro de la ciudad, tan repetidamente que hartan y causan la protesta de su prójimo, sin que Ecología actúe.

Hay demasiada tarea que hacer, pues el problema de los ruidosos no es solo cuestión de tener aparatos para medir los decibeles con los que no cuenta Ecología, ni menos dispone de una reglamentación, personal y parque vehicular, sino también hay que combatir la corrupción del poco personal que se tiene, estando demostrado que en el caso de academias de música u otros comercios que funcionan indebida e ilegalmente en el interior de sectores habitacionales, tienen de aliados a los propios inspectores de ecología que tan pronto se presenta la queja contra los ruidosos y éstos en ser informados de que serán visitados tal día y hora para que le “bajen a su borlote”.

Esto último se ha denunciado no solo a Isidro López Villarreal, sino a los anteriores alcaldes y todo queda en nada, sobretodo porque en general los inspectores pertenecen al sindicato y por tanto son “intocables”.

De que Isidro ha mostrado por ahora, una buena intención no puede negársele el mérito, pero de que se logre callar y mesurar a los escandalosos, está por verse. (www.intersip.org)