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Carlos Robles

Se hizo viejo y creció

Mi Columna

Se hizo viejo y creció

Por Carlos Robles Nava

El crecimiento desmesurado que ha registrado en los últimos años el consumo de drogas, particularmente mariguana, en las escuelas secundarias, así como en antros de jóvenes lo mismo en Torreón que en Saltillo, Monclova, Piedras Negras y otras ciudades de Coahuila, no es nuevo.

Es un viejo problema que creció por falta de atención y no precisamente por las autoridades de alguno de los tres niveles gubernamentales, sino porque no toda está en lo que hagan las fuerzas administrativas del país, una Entidad o ciudad, sino el combate a las adicciones viene y tiene que ser así desde el seno familiar, partiendo de esa base, las mamás y papás, lo aceptemos o no, tenemos igual o más culpa que la que recae en nuestras y nuestros hijos en general proclives, lamentablemente, al consumo de enervantes.

¿ Cuántos padres estamos pendientes de las salidas nocturnas de nuestras hijas e hijos, cuántos los “checamos”, husmeamos, olfateamos o revisamos en el momento de que llegan a casa en las primeras o últimas horas de la madrugada y cuántos sabemos con que amigas o amigos se reúnen o se van de pachanga?.

La verdad, sin disculpar y menos cerrar los ojos a la responsabilidad que tenemos en los hijos, al menos mientras vivamos en el mismo techo, es cierto que vivimos otros tiempos, pero igual nos hemos envuelto en ese pretexto para seguir siendo la primera autoridad familiar.

Que las autoridades civiles no hacen la tarea que le corresponde, igual es de cierto, como también lo es que la prevención no puede ser solo de una parte, porque, insisto, todos y cada uno de nosotros debemos poner nuestro granito de arena en esta conflictiva y convulsionada vida que arrastran los adolescentes de estas épocas.

Cuando relato los tiempos de mis primeros 14 o 15 años e inclusive a los 18 y hasta antes de contraer matrimonio, período en que ha llovido bastante, las llegadas a casa no podían ser más de las 8 de la noche y tras dar la bendición a Dios porque llegue completo y con vida, lo primero que hacía mi madre era “haber écheme un soplido mi hijito”.

Claro, insisto, eran otros tiempos y condiciones de vida, aunque la responsabilidad en los hijos desde el punto de vista personal, es hasta en tanto sigan compartiendo el techo con sus viejos o medio maduros de sus padres.

En días pasados, leí una noticia del joven Secretario de la Juventud de Coahuila, Carlos Gerardo García Vega, con quien pese estimo a que le llevo un centenario en edad, es un chaval con quien comparto muchos de sus ideales y reconozco que su edad tan temprana le ha permitido hacerse de una fama, por cierto muy bien ganada, de un muy joven funcionario estatal responsable y muy metido cumpliendo en las encomiendas que le han sido asignadas.

Esa información de Carlos Gerardo García Vega, revelaba el alarmante consumo de mariguana en muchas de las escuelas secundarias de diferentes Municipios de la Entidad, lamentando que la venta de ese enervante se hacía en total impunidad.

Este problema, no es nuevo, pues hace aproximadamente entre 5 y 6 años, compañeras o compañeros de trabajo me comentaban que la secundaria de su colonia o sector, estaba plagada de narco-menuderos e inclusive que había jóvenes que abandonaban los estudios por meterse a la venta de la mariguana o llamada también “Mari Juana”, relatando que les preocupaba mucho por ambiente que vivirían. Algunos de ellos llegaron a platicarlo con los maestros e inclusive hasta con la o el director de la secundaria y la respuesta siempre fue: “Ya le avisamos a la policía, pero vienen y espantan a los narcos y éstos regresan pronto”.

Las cosas desde ese entonces eran de tal gravedad que la venta al menudeo no se concretó a la yerba conocida también como cannabis indica, sino que sus vendedores, en la mayoría jóvenes como los chavales de las secundarias, metieron entre la “variedad” de sus drogas, la cocaína y cristal de mala calidad para venderla a más bajo precio e igual obtenerse más utilidades.

Tiene razón el Secretario Estatal de la Juventud, García Vega, es un problema que se está enraizado en nuestros jóvenes, pero por desgracia con el tiempo se hizo viejo y creció, requiriendo ahora de todos y más esfuerzo para desterrarlo o bien, como consuelo, disminuirlo paulatinamente. (www.intersip.org)