Mi Columna
Son una vil burla
Por Carlos Robles Nava
Son aberrantes y contradictorias muchas de las campañas promovidas y estimuladas directamente por las autoridades y un caso concreto es el excesivo consumo de bebidas embriagantes e igual que los permisos de apertura autorizando negocios que burlonamente se anuncian como restaurante y son alimentos lo que menos consumen sus clientes.
Esto no es privativo para un solo municipio de la Entidad, el problema existe en todos, desde el más pequeño hasta los más grandes que componen el territorio coahuilense.
Hay situaciones crueles, burlescas y hasta de ofuscación de la comunidad cuando se anuncian campañas para combatir el exceso de ingesta de bebidas alcoholizadas y por el otro lado o sea como coloquialmente lo define la gente, “se voltea la tortilla” y se muestra un rostro totalmente diferente, pues por un lado las autoridades simulan un combate al alcoholismo y por otro, la apertura de nuevos negocios en donde la embriaguez es lo predominante, que no solo causan desconcierto y sumo malestar, sino decepción y engaño por la actitud simulada y las dos caras que muestran las autoridades municipales.
Son las alcaldías quienes supuestamente y conforme su función, quienes deben expedir las licencias de venta de bebidas alcohólica lo que no sucede desde hace años atrás, pues improcedentemente las licencias se cedieron a las empresas cerveceras que son las que disponen a diestra y siniestra de los citados permisos.
Las razones de ese perjudicial cambio al ceder los permisos a las cerveceras nadie en la actualidad las conoce, pero que en su tiempo fue un negocio redondo para las autoridades locales en funciones, no puede descartarse ni menos taparse el sol con un solo dedo.
Pocas veces, llega a las oficinas municipales un incauto, contándose con los dedos de una sola mano y sobran, tramitando un permiso para vender bebidas etílicas, cuyo costo depende del municipal y en general anda arriba de los cien mil pesos, mientras que las cerveceras las “prestan” a los solicitantes condicionado a vender las “chelas” de su la marca de la cervecera que las tiene en su poder, encargándose esas empresas del refrendo de esos permisos, aunque en ocasiones se les olvida y esas franquicias o concesiones las prestan temporalmente ya vencidas como sucedió hace unos días con el restaurante saltillense “Las Delicias de mí General”.
Ese vencimiento causó altas multas a la propietaria del restaurante, aunque en contrapartida, normalmente las cerveceras las pagan como fue el caso de esta propietaria a quien tan pronto puso el grito en el cielo por considerar de injusta la visita de la policía y el cierre del negocio por estar vencida la licencia, la cervecera dueña de esa franquicia o concesión le dijo que ellos pagarían la multa, lo que más que justo es una obligación, pues la cervecera con o sin justificación soltó la licencia pese a estar vencida y no refrendada.
Mientras la iglesia este en manos de Lutero, sobrarán las mentadas campañas para reducir el alcoholismo no solo en los jóvenes, sino en general en la gente que se excede y deja en el olvido considerar las bebidas etílicas como un producto de moderación, al menos tomarlo con ciertos topes y parámetros, siendo esto factor de tanta violencia interfamiliar, accidentes trágicos por ingesta de alcohol de los conductores, riñas callejeras de briagos sin control, etc.
Lo ideal sería que si las autoridades locales realmente quieren combatir el exceso de alcohol, tan fácil como es poner un alto a tantas licencias en manos de las cerveceras, porque mientras no se haga algo sensato, todo es y será una vil burla para el pueblo. (www.intersip.org)

