Mi Columna
No fumas, pero te daña
Por Carlos Robles Nava

Las consecuencias que produce el humo del tabaco de los cigarrillos aunque no sea inhalado por el fumador activo ni el pasivo, son preocupantes y peor cuando su exposición se hace al ambiente ya que las moléculas producidas por la combustión del tabaco permanecen en el ambiente por mucho tiempo.
Entre las enfermedades prevalecientes que puede ocasionar el humo del tabaco, están problemas circulatorios, pulmonares, renales, enfisema, reproductivos y otros tipos de cáncer, destacando el de pulmón, advirtiéndose que estos males en la salud no se presentan a poco tiempo y pueden transcurrir de entre 20 y 30 años para suceda en alguna o varias personas que estuvieron expuestas.
El investigador del Departamento de Toxicología del Centro de Investigación y Estudios Avanzados, CINVESTAV, conforme a sus estudios y análisis sobre los daños causados por el humo del tabaco en el medio ambiente, conocido como “cuando el cigarro se apaga” o “humo de tercera mano”, dijo que la toxicología del humo del tabaco es tan compleja, como el número de productos químicos que contiene resultando numerosas patologías, ya que las moléculas producidas por la combustión del tabaco prevalecen por largo tiempo en el ambiente.
Añadió que el humo del tabaco es una compleja mezcla de alrededor de siete mil químicos como arsénico, benceno, tolueno, cadmio, así como hidrocarburos aromáticos policíclicos y otros más clasificados como carcinógenos y nicotina.
Calificó el tabaquismo como un padecimiento social convirtiéndose en una prioridad nacional en problema de salud requiriendo mayor atención de las autoridades federales de salud, a pesar de que para contrarrestar este mal y en distintas acciones y programas se destina el diez por ciento del presupuesto anual asignado a la salud.
Para las instancias gubernamentales, no ha sido difícil lograr reducir la cantidad de fumadores en México, aún con las campañas de proselitismo que por años se han llevado a cabo recalcándose las enfermedades que ocasiona este arraigado vicio, siendo lo peor que cada vez son más los menores de edad que se hacen adictos al cigarrillo.
Conforme se ha avanzado en los estudios e investigaciones relacionado con el humo del tabaco en su concepto “humo de tercera mano” o “cuando el cigarro se apaga” se ha comprobado que no por fumar en áreas “a cielo abierto” se disipa la peligrosidad del tabaco que será un mal latente en las actuales y futuras generaciones.
Los carteles colocados en los comercios de todo tamaño sobre la advertencia de que no se venden cigarrillos a menores de edad, ha sido un gasto innecesario, pues son advertencias que lamentablemente los comerciantes se los pasan por el “arco del triunfo”, al vender ese letal veneno al mejor postor sin importar edad.
Las mamás y papás de los jóvenes de la actual generación no se mortifican ni menos se “quiebran la cabeza” pidiéndoles no fumar, ya que son adicciones que tienen y deben eliminarse en cada persona por convicción propia y no con “anuncitos” como se hace en la actualidad. (www.intersip.org)


