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Carlos Robles

Las ratas campiranas

Mi Columna

Las ratas campiranas

Por Carlos Robles Nava

El reparto agrario en México, tuvo distintas fechas, estimándose que en promedio han transcurrido cien años, aunque en algunos Estados del país tiene menos tiempo la entrega de las tierras a los ejidatarios.

Los gobiernos de esas épocas del pasado, daban por hecho que este acto de justicia rural, sería la panacea, es decir, el antídoto para que las familias del sector agrario dejaran de ser explotadas, saqueadas y salir de la miseria en que se encontraban sumidas, por tanto se entregaron millones y millones de hectáreas cultivables que permanecían en manos de hacendados, terratenientes, políticos y sinvergüenzas de todo tipo.

Muchos de esos pillos desaparecieron como igual sucedió con los especuladores y hacendados, pero apareció un cáncer más terrible, sobretodo porque se multiplicó como medusa y que fueron los líderes campesinos.

De Coahuila, fue la región de La Laguna, donde proliferaron los “dirigentes” campesinos que más que eso se convirtieron en los nuevos vividores de las familias del campo.

Aunque de hecho muchas de las organizaciones y grupos “defensores” de la gente del campo de los viejos tiempos desaparecieron, la lacra de las ratas de dos patas sigue azotando a los ejidatarios, siendo en la actualidad más descarados y abusones, actuando sin medida ni control porque para desgracia de los campesinos en la mayoría de las oficinas oficiales conectadas con el ejido, el contacto directo lo tienen con el líder ratero.

Tan solo para mostrar un botón de las corruptelas en las áreas rurales, en un solo día que cualquier coahuilense recorra aunque sean pocas comunidades, será informado de las múltiples tropelías de esos líderes rateriles.

En esa ilícita actividad que hace más pobres a los ejidatarios, resaltan dos organizaciones que son Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas, UNTA, en Coahuila, regenteada por el “abogado” José Luis López Cepeda, quien tuvo como maestro al ya desaparecido líder de los “Cardenistas”, Francisco Navarro Montenegro y la llamada “Antorcha Campesina”, a cargo una fracción de  Rosendo Soto.

Estos dos sujetos de marras desde años muy atrás tienen “azorrillados”, por sus pillerías, a los habitantes de entre otros ejidos: Macuyú, Guadalupe, Alamitos y Presa de los Muchachos, a quienes les piden cantidades mínimas a cada uno de mil a mil quinientos pesos por ser sus “representantes” en proyectos viables rurales, envolviéndolos para que firmen cartas poder o dizque de representación para acudir a las dependencias oficiales del sector agropecuario a presentar peticiones crediticias para obras en el campo.

Si bien es cierto que esos vivales logran la aprobación de infraestructura para el campo, en infinidad de casos en esas estafas se involucran funcionarios de distintos niveles para entregar los dineros destinados a las obras a Rosendo Soto y José Luis López Cepeda, que luego se ocultan de los incautos campesinos quienes a final de cuentas tienen que pagar el crédito aprobado.

Lo poco exhibido aquí respecto a los abusos a las familias del campo, fueron externado por entre otros: José Presas, Guillermina Castro, Mauricio Vargas, Regino Rodríguez, Julio Osorio, Ismael Martínez y Juan Carmona Macareno.

Gente del campo coahuilense, al menos así lo externan de alguna manera conformistas, que sus parientes antepasados vivieron atados a las injusticias de los hacendados y terratenientes que en aquel entonces eran extranjeros, empero, ahora los abusos y pillerías de que son víctimas de los mismos de su propia raza y que ladinamente les bajan y ofrecen las perlas de la virgen, engañándolos de que tendrán una nueva y “placentera” vida, aunque al final, es peor que soportar a sus explotadores de hace cien u ochenta años. (www.intersip.org)