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Carlos Robles

Los matarán de hambre

No solo es triste, sino frustrante que programas sociales gubernamentales para proteger o ayudar a los más desvalidos tengan torceduras que defraudan la confianza que se les otorgó a los asignados para llevar esos apoyos a quienes más lo necesitan para al final de cuentas incumplirse con el propósito.

Mi Columna

Los matarán de hambre

Por: Carlos Robles Nava

No solo es triste, sino frustrante que programas sociales gubernamentales para proteger o ayudar a los más desvalidos tengan torceduras que defraudan la confianza que se les otorgó a los asignados para llevar esos apoyos a quienes más lo necesitan para al final de cuentas incumplirse con el propósito.

Ese es el caso de la “Cruzada Nacional Contra el Hambre”, implementada por el gobierno federal hace tres años en varias regiones de diferentes Estados de la República, para desterrar o disminuir el hambre, yendo al fracaso por una serie de circunstancias adversas que no permiten que avance y, por el contrario, se convierte en una más de las promesas demagógicas oficiales.

Los factores son, entre otros, el que los comedores populares y comunitarios que fue la base de esta acción federal para darle de comer a millones de familias mexicanas de regiones vulnerables, han sido insuficientes para atender la creciente demanda, demostrando que en efecto son muchas las comunidades en donde se requiere de esa atención y beneficio, pues no abren todos los días.

Otra de las situaciones irregulares es el tremendo desabasto de los productos principales que se entrega a las familias vulnerables para mitigar el hambre, no permitiendo cumplir con los objetivos fundamentales para realizar este combate al hambre que históricamente han sufrido infinidad de comunidades del México del pasado y presente, sin descartar el futuro cercano y mediano plazo, considerando los malos resultados de uno de los tantos intentos que gobiernos priistas y los dos sexenios panistas que se han tenido, por proteger a las clases más vulnerables del país.

El resultado de lo anterior, se tuvo al realizarse una evaluación del programa por parte del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, (CIESAS).

Testigos de esas realidades inocultables lo fueron Magdalena Villarreal Martínez y Gabriel Torres González, investigadores del CIESAS que acompañaron a los funcionarios de la Secretaría Federal de Desarrollo Social, que hizo la evaluación y una vez concluida señalaron públicamente que los comedores o centros comunitarios no están funcionando correcta o debidamente en el caso específico en los que atienden a infantes, pues se ha detecto que los alimentos son un poco variados y se concentran en grasas y carbohidratos, aunque en el caso de los adultos es diferente y no es tan importante la aportación de proteínas y grasas de las comidas.

Esta incidencia se ha detectado de manera más alarmante en los Estados de Nayarit y Jalisco, en donde la estrategia de distribución  de la comida favorece a grandes distribuidores y productores de alimentos, dañando la intención o idea que en un principio se anunció de que los más beneficiados de que el programa debiera fortalecer a los productores locales, quienes por desgracia o decisión de ciertos mandos o responsables de la “Cruzada Nacional Contra el Hambre”,  estos últimos comerciantes quedaron exclusivos del citado programa para vender las despensas.

Los investigadores del CIESAS recorrieron junto con la gente del CIESAS múltiples regiones y lugares recónditos para dar fe sobre el cumplimiento o no de disminuir el hambre en comunidades de pobreza de México.

Lo peor de toda esta situación, es que la realidad sobre si progresan, se estancan o retroceden los programas sociales, no son enteradas las altas autoridades nacionales de SEDESOL, por lo que, su apreciación sobre los resultados y cuando los hacen saber públicamente, suenan huecos, demagogos y burlescos.(www.intersip.org)