Mi Columna
Primero estuvo en Piedras
Por Carlos Robles Nava
La población de toda cárcel de cualquier país del Mundo, sea ergástula chiquita, mediana o grande, será siempre una gran familia. De eso no hay duda.
Todos se conocen, pero además están enterados de lo que pasa en su interior, en su entorno, lo bueno y malo, el trato preferencial y discriminatorio que se tiene porque todo depende de don dinero, sobra decir que en las penitenciarías todo cuesta y más cuando se piden privilegios que van desde no ser maltratado, tener comida sana, buena cama y me refiero a un mísero y antihigiénico colcho sencilla y de ninguna manera a una king side y ni siquiera matrimonial.
Cuando los funcionarios nos aseguran que en tal o cual penal no hay autogobierno, no solo están mintiendo, sino burlándose, porque son precisamente esos grupos los que mantienen las cosas en el interior de toda ergástula en ese mundo, porque sin esos auto gobiernos, no funcionarían, sobretodo en estos tiempos en que hasta de esos cuestionados lugares se han posesionado los grupos de la llamada delincuencia organizada o sea capos de cárteles capturados y que con sus “ahorros” que tienen en el exterior pueden hacer y tener todo.
Poco, al menos años atrás, se ha hablado de lo mucho que hay que conocer de lo que hace diez o menos años se vivía en la penitenciaria de Piedras Negras, Coahuila, aunque este año como que quiere abrirse y decirse todo lo que existió y hubo que si en verdad se dice todo de todo, dejará paralizada a miles de personas.
Entre los años 2008 al 2011 hubo una cantidad exagerada de dizque “desaparecidos” en el interior del penal de Piedras Negras, Coahuila, lo que no suena lógico, sino es una incongruencia aberrante hablar de que dentro de una cárcel, es decir, en un área de cuatro muros altos y protegidos por personal armado pueda “desaparecer” gente.
Se dice que hablar de 150 desaparecidos es una cantidad exagerada y, más cuando se habla de hasta 300, pues automáticamente se le califica como unafalacia, sin embargo, hay quienes siguen a la fecha en el interior del Penal de esa ciudad fronteriza y en su tiempo supieron de esos “desaparecidos” que rechazan la existencia en los años mencionados de un horno para cremar quienes del exterior eran entregados al penal para “desaparecerlos”.
¿ Horno ?, se burlan los reos que platican las añoranzas de esos tiempos. Como si no fuera suficiente una sola burla, vuelven sarcásticamente a preguntar ¿horno?, cual.
En la penitenciaria de Piedras Negras, Coahuila, jamás hubo un horno, porque para eso tuvieron su propio “pozolero”, pues fue a base de “cocinar” a las víctimas en agua y hasta aceite caliente con cal molida y otros ingredientes como fueron “desaparecidos” las decenas humanos que fueron parte de esta terrible masacre.
Los “clientes” del “pozolero” de Piedras, fueron secuestrados por bandas rivales que por años operaron en los distintos municipios de la región Norte y que eran “conducidos” al penal en donde lo recibían para masacrarlos y luego “cocerlos” como si fuesen pozole, así de sencillo y simple.
A ese grado llegó la impunidad y protección que por años hubo en la Penitenciaria de Piedras Negras, Coahuila, cloaca que se quiere destapar pero no pasa de allí.
Hay investigaciones, pero no revelaciones directas y reales de las autoridades, no olvidando que en ese aberrante cocimiento de cuerpos humanos están involucrados funcionarios de diferentes áreas de aquellos famosos años del 2008 al 2011, entre ellos policías, ex funcionarios, custodios, infinidad de reos y hasta gente exterior del penal, pues no debemos olvidar que hasta en las ergástulas existe la “familia unida” que rompe el silencio hasta que ven resquebrajadas las paredes.
“El pozolero” si estuvo en Piedras, ya no. Ahora radica en el penal de Saltillo, a donde se le refugio para protegerlo. Ya no cuece humanos, ahora, cuece pan y hostias para la Diócesis de Saltillo, de la que recibe un trato más que preferencial. ¿ Porque?. No me pregunten a mí (www.intersip.org)
