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Carlos Robles

Quieren más víctimas

Coahuila tiene una enorme población canina, siendo en su mayor parte perros callejeros que pueden tener dueños, pero éstos no les dan la atención ni cuidado indicado, abusando y aprovechándose de la apatía e indiferencia que en este tema han mostrado no solo las autoridades municipales de los 38 ayuntamientos de la Entidad, sino de los mismos legisladores que dicen van crear reglamentos y leyes que sancionen a los propietarios de canes sueltos por las calles de cada ciudad, pero todo queda en queremos hacer, pero no llegan más lejos de esa frase.

MI COLUMNA

 Quieren más víctimas

Por Carlos Robles Nava

Coahuila tiene una enorme población canina, siendo en su mayor parte perros callejeros que pueden tener dueños, pero éstos no les dan la atención ni cuidado indicado, abusando y aprovechándose de la apatía e indiferencia que en este tema han mostrado no solo las autoridades municipales de los 38 ayuntamientos de la Entidad, sino de los mismos legisladores que dicen van crear reglamentos y leyes que sancionen a los propietarios de canes sueltos por las calles de cada ciudad, pero todo queda en queremos hacer, pero no llegan más lejos de esa frase.

No es un problema nuevo, lleva ya sus años y los grupos de adopción canina han sido suficientes para contener los cada vez los cientos de miles de perros callejeros que pululan desde los municipios más pequeños hasta el más grandes.

Una vez más se repite la misma triste historia que representa el ataque a humanos por perros sueltos, siendo lo más triste que estas agresiones han sido a la población más indefensa y débil que son los niños.

La semana pasada, un can de la raza “Pitbull” dio muerte a un pequeño monclovense cuando lo atacó ferozmente hasta acabar con la vida de ese inocente, víctima no de la ferocidad del canino, sino del entrenamiento que se dio a ese perro para atacar a quien sea, incluyendo en ocasiones que lo hacen hasta con sus propios dueños cuando éstos los fastidian y molestan demasiado en su adiestramiento de ataque.

Dicen los “criadores”, cuidadores o dueños de los “Pitbul” que son perros de pelea y difiero totalmente, pues una cosa es que los entrenan y los hacen canes de pelea que dizque nacen para pelear y atacar.

Es tanto como decir que un ser humano que en el futuro se convierte en boxeador, haya nacido “boxeador”, por lógica es rebatible se acepte o no, pues los animales y humanos no nacen malos, se van haciendo o los va haciendo el trato de la vida cotidiana.

Por tanto, la responsabilidad obliga que recaiga con todo el peso de la ley sobre el propietario o dueño del can dizque destinado a peleas y no tratando de remediar las cosas sacrificando al perro que fue entrenado y enseñado a atacar.

Las leyes actuales no están hechas para ir sobre los entrenadores a pelear de cualquier raza de animales, generalmente quien paga las culpas ajenas no son sus amos, sino el mismo can que por una u otra circunstancia ataca.

Lo de Monclova, es lamentablemente un episodio más de la indiferencia de las autoridades que no pasan de criticar los hechos funestos como es el caso de Monclova, como referencia, porque el sacrificio de uno cientos de perros callejeros ni siquiera representaría un paliativo para combatir este problema que estamos creando nosotros los humanos y no es la naturaleza o de la nada el que haya tantos canes pululando por las calles, mientras sus amos disfrutan la comodidad de su hogar frente a la televisión o echándose las chelas y esperando el fin de semana para llevar a su perro de “pelea” a echarse un “tropo a la uña”, apostando fuertes cantidades de dinero, con la complacencia de las autoridades.

Se necesitan más víctimas inocentes para que nuestras autoridades y los diputados puedan regular esta situación, sino para acabar definitivamente con este problema al menos reducirlo para que ya no haya más pequeños, jóvenes y adultos atacados por esos dizque animales de “pelea”. (www.intersip.org)