Mi Columna
El hubiera no existe
Por Carlos Robles Nava
Como buenos mexicanos, seguimos anteponiendo la palabra de “hubiera” para encubrir nuestros errores y lo socarrones que somos, no dejando a un lado nuestra tradición de tapar el pozo, una vez ahogado el niño.
De las cosas que me causan más dolor, aunque ni siquiera haya tenido el gusto de conocer en persona a la o las víctimas de sucesos trágicos, es cuando se trata de recién nacidos, así como niños y jóvenes, aunque la muerte duele a cualquiera de los deudos, en lo personal, no hay peor desgracia que el saber que se nos adelantan al camino sin regreso, chavos que no alcanzaron a disfrutar las mieles de esta vida terrenal.
Recuerdo tristemente sucesos del pasado aunque no haya conocido a los que se nos adelantaron en el camino final que fue el caso de una balsa o lancha de reducidas dimensiones en la que se treparon más personas que la capacidad de ese vehículo de agua sucedida en la presa “Centenario” a 25 kilómetros de Ciudad Acuña, ahogándose seis miembros de una sola familia, entre ellos un bebe de dos años y otro menor; así como en Saltillo la inesperada muerte de dos hermanos adolescentes motociclistas que le “hubieran” metido menos velocidad a sus motos para no encontrar la muerte y el deceso, también en la capital coahuilense, de una pequeña de once años de edad, en accidente automovilístico ocurrido, según el decir de las autoridades de vialidad debido a la embriaguez del conductor que era el papá de la infortunada chavalita.
Eso si duele hasta las entrañas, aunque todas las muertes pegan en el corazón, pero insisto, en lo personal más tratándose de niños y chavalos.
Y, aquí es cuando surge la palabra el no se “hubiera” trepado tanta gente a la endeble y ligera lancha allá en “El Centenario”; el no “hubiera” tomado chelas o vino el papá de la chavalita que resultó víctima de una imprudencia de su señor padre, pues “hubiera tomado y esperado mejor llegar a su casa e ingerir toda bebida etílica deseada” y, finalmente, si los dos hermanos motociclistas no “hubieran” acelerado tanta velocidad a sus “caballos de acero” y si se “hubieran” puesto sus respectivos cascos protectores, probablemente seguirían en este mundo de sacrificios y del que casi nadie queremos dejar.
Es lamentable, pero es una realidad que el “hubiera” se antepone ante todo final funesto, como son las enfermedades terminales que en infinidad de los casos su origen viene desde la prevención para no decir, se “hubiera” hecho a tiempo tal o cual examen, análisis, estudio, pronóstico, etc.
El “hubiera” no solo se ha antepuesto en circunstancias oscuras, también en las buenas, en las felices, como es el caso de los adictos de la Lotería Nacional, entre los que me incluyo en lo personal de “hubiera” comprado mejor tal o cual billete con terminación del número que salió premiado.
Cuando acompañado de mi esposa y acudo a comprar un billete de la casi doblemente centenaria institución de beneficencia que en México ha hecho más hogares felices, generalmente mi mujer me sugiere comprar tal o cual terminación y como todo marido, no hago caso, pese a lo mandilón que soy y reconozco, Al día siguiente ni a reintegro le atinamos, viene de inmediato la eterna cantaleta “hubiera” comprado el número con terminación que me dijo mi mujer.
¿Cuándo dejaremos de ser socarrones y hacer a un lado el “hubiera” y hacerlo dándole así sepultura al fatídico “hubiera”.
Disculpando la redundancia del “hubiera”, nuestra sana intención es el de tomar el camino de la prevención y respetar lo más posible las recomendaciones oficiales que nos pueden permitir una mayor vida, en lugar de “hubiera” hecho tal o cual cosa.(www.intersip.org)

