Mi Columna
Los dos México
Por Carlos Robles Nava

En territorio nacional hay en realidad y en los hechos, dos México, el del sur y el Norte, muy distintos ambos, no por su economía, sino sus usos y costumbres.
No estoy de acuerdo y como mexicano difiero de esa “canonjía” dada por los legisladores que en su momento aprobaron las reformas constitucionales para que si bien es cierto viene de cientos de años atrás, no es sano y menos “justiciero” en especial para el mal llamado género débil que en Sur, vaya que se ejerce.
La justicia con sus propias manos o porque en esos pueblos sureños el Comisariado Ejidal o cabeza de la comunidad indígena “sentencia” o lo decide que así conviene para los pobladores en general, protege y alienta actos barbaries ante el cruce de brazos de las autoridades reglamentarias que se encargan del resto que no son conglomerados indígenas.
En su “ley”, si es que puede llamársele de esa manera, sus usos y costumbres van desde la quema vivos de “sospechosos” de quienes ni siquiera se preocupan comprobarles los hechos de que son simplemente acusados, se quema vivos a los que sus “jerarcas” deciden porque así lo marcan sus usos costumbres.
Y, no se diga de los acusados de violadores y de ladrones tan común en el resto de los Estados o sea en el otro México en el que se sujeta a los acusados, antes que nada a una investigación ministerial y legal, para una vez si se comprueba turnar a un Juez y sea éste conforme a nuestros códigos penales aplicar y anunciar la sentencia a que se hace merecedor el responsable, pero antes que nada hay que someterlo a un juicio y mostrar la comprobación del o los delitos de que es denunciado como responsable.
Aunque no todos los casos son con apego a nuestros códigos penales, en su mayoría así se procede y este es el caso del México norteño.
Se ha hecho común, como lo instituyen ancestralmente los “usos y costumbres” en los estados sureños los castigos por un supuesto comportamiento mal o distintos a lo que ellos acostumbran, la muerte a palos, quemados en leña verde, colgados de un árbol en la Plaza Principal o cercana a ella y, lo peor, en presencia de sus habitantes.
Dicen los jerarcas indígenas que esa forma de castigar los delitos es para que sus pobladores sepan y conozcan lo que les sucederá si violan sus usos y costumbres, además de que también dicen que es para bajar la delincuencia en general.
En los hechos y conforme a estadísticas, los objetivos que tanto pregonan los “jefes” de los indígenas hasta ahora no han logrado parar la incidencia delictiva.
Recién en días pasados se publicó en los medios impresos la “quema” de una familia completa por problemas en la tenencia de la tierra.
De acuerdo a lo informado, las investigaciones de la Procuraduría de Nayarit, conoció de los culpables de este crimen familiar, pero se abstuvo de actuar porque serán los caciques indígenas y conforme a sus usos y costumbres, quienes hagan “justicia” a su muy propia manera.
Hay mucho que decir sobre los usos y costumbre como son las formas en que se “castiga” a los pertenecientes a una religió diferente a la instituida por los jefes “indígenas” que fortalece indebidamente la existencia de dos México. (www.intersip.org)
