Mi Columna
Deben aprender
Por Carlos Robles Nava

Las jovencitas y los jóvenes de ahora o esta generación, “suelen” perderse en la primera oportunidad que ven, aunque lamentablemente para “pachanguearse”, irse de juerga o simplemente para dar rienda suelta a sus deseos de emborracharse hasta perderse.
Si fuésemos directos, nada tiene que ver si consideramos que cada ser humano hace de su vida lo que mejor le plazca o como se dijo en un tiempo entre los viejos de ahora y jóvenes en el pasado, cada quien “su calzón” o su “cuento””.
Lo distinto de una época u otra, sin hacer comparaciones porque éstas son odiosas, es que cada familia que traía “pérdido” a su ser amada o amado, se las arreglaba por si solos y directamente para buscarlo principalmente recurriendo por información a los familiares cercanos, vecinos y hasta con los conocidos de las amigas o amigos del “extraviado”, para a final de cuentas y después de mover “a todo el mundo” encontrar al extraviado.
Lo diferente de unos años a otros es que en los actuales lo primero que hacen los padres de familia es recurrir a la policía y ésta dejar de cubrir algunas de sus obligaciones de vigilancia o medidas para resguardar y darle seguridad a ciertos sectores.
Se acepte o no, bajo ninguna circunstancia es correcta la conducta de esas y esos jóvenes que por irse de “francachela” o sea de “juerga” afecten a terceros y más criticable es que se abuse de la disponibilidad de las fuerzas policiacas para mover algunos de sus elementos y equipos para aparecer los “extraviados” excusándose graciosa e irresponsablemente que se fueron de “peda”, disculpando la palabra.
No faltan los casos tratándose de chavas que se fue con el novio haber que se “sentía” dormir en otra cama o para divertirse perdiendo el juicio por la embriaguez y ocurre justo lo mismo con los chavitos que sin medir consecuencias para sus papás y de las corporaciones públicas que dejan de cubrir otras obligaciones más importantes que andar rastreando a “borrachitos”.
Un caso muy sonado fue a fines de septiembre pasado cuando una joven esposa recurrió a los medios informativos para dar con el paradero de su esposo que llevaba ya tres días sin reportarse, igualmente y alarmada porque su esposo “nunca” se había ausentado varios días del domicilio, fue a las oficinas policiacas de Saltillo para pedir se le auxiliara en la búsqueda.
Sin más que decir cuando “dio señales de vida”, el “extraviado” e irresponsable joven, Víctor Arriaga Aguirre, con la mayor de las simplezas al ver a su mujer, le dijo sencillamente que se “topó” con unos compañeros de estudios del Instituto Tecnológico de Saltillo, en donde cursa la carrera de ingeniería industrial.
Si es cierto que lo importante es que el “perdido” apareció sano y a salvo, aunque haya provocado la movilización innecesaria de la gendarmería que hubo de distraer sus obligaciones en el resto de la ciudad por cuanto hace a vigilancia.
Estos insensatos y criticable conductas deben y tienen que ser sancionadas para ir haciendo conciencia no solo entre los jóvenes, sino igual en los adultos, pues de todo da “la viña del Señor”, es decir que no hay edades para cometer esos errores que provocan gastos al erario público, pero lo principal que por cuestiones “infantiles” e irresponsables se distraen servicios públicos como es la vigilancia policiaca para atender imprudencias de jóvenes o adultos con comportamientos indecentes y de niños. (www.intersip.org)


