Mi Columna
Nadie le hace caso
Por Carlos Robles Nava

Es doloroso aceptarlo y decirlo y más lastimoso si esto viene del titular de cualquier dependencia u oficina oficial que se trate, que es el caso del actual Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Coahuila, Javier Diez de Urdanivia Fernández, al hacer público que a la Comisión nadie hace caso a las recomendación que hace llegar como resultado de una denuncia o queja.
En otras palabras “suaves”, Javier Diez de Urdanivia, de hecho consideró y así lo han interpretado muchos coahuilenses que es su oficina es de adorno o un cero a la izquierda.
En los viejos tiempos, hubiese dado vergüenza decirlo públicamente a todo funcionario gubernamental y lo primero que habría dicho: Renuncio, estoy de simple monigote”, pero ya no existen esos hombres honestos que preferían dejar la chamba que ser ignorados.
Sobran en la actualidad los amigos cercanos que su primer “consejo” a darle a un funcionario quejumbroso como es el ejemplo actual que le sugerirían “para que renuncias a ti que te valga diez de mayo si te hacen caso o no, te están pagando tu buena fiducia ¿no?”.
Pero para algunos, no muchos que desempeñan un puesto público no se trata de renunciar sino de dignidad, más que de vergüenza y sobre todo tratándose de personajes que en cargos anteriores demostraron su profesionalismo y decencia y que han cumplido de sobra en el cargo.
Javier Diez de Urdanivia Fernández, es un abogado completo con grandes conocimientos jurídicos mostrados en otros cargos públicos que le han confiado y los que nos jactamos de conocer sus antecedentes ha llamado la atención su queja pública que lo deja muy mal parado no solo en el círculo oficial, sino también ante la comunidad en general al cuestionar eso de “no te hacen caso y te tiran al Lucas”, porque tu Javier vales más y lo haz demostrado.
Conocí a Javier de manera casual cuando en los años 80´s viajaba constantemente a mi Torreón natal por razones de estar trabajando en Saltillo y tener mi domicilio familiar en la Perla de La Laguna.
Fui asiduo al restaurante “Josefina” ubicado en la carretera que converge con el camino que lleva a General Cepeda, punto en que invariablemente los sábados era parada obligada para saborear las exquisitas empanadas de mermelada a base de tomate y otros panes caseros especialidad de ese lugar, además de la barbacoa o “barbacha” como dicen paisanos de este columnista.
Si no mal recuerdo y una disculpa si ocurre, Javier era en esos años encargado del sistema educativo de secundaria abierta o algo así.
Como todo torreonense, tardaba más en acceder al restaurante “Josefina” que en saludar a los pocos comensales o parroquianos que se me adelantaron para desayunar y a partir de allí se fue tejiendo una bonita y fuerte amistad que ya en los últimos años del presente por cosas que suceden, fue aminorando, aunque sigo con interés su trayectoria.
He sido un empedernido que rechazo dar consejos y en este caso específico me concretaré solo a decir: ” Javier, si no te hacen caso, renuncia, no te exhibas porque tu vales más que eso”. (wwwintersip.org)

