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Carlos Robles

A la alza la beodez

Mi Columna

A la alza la beodez

Por Carlos Robles Nava

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El consumo diario de bebidas alcoholizadas entre la población mexicana de los 12 a los 17 años de edad, subió del 0.2 por ciento al 2.6 por ciento, lo que representa ocho veces más entre los años del 2011 al 2016.

Este porcentaje fue el resultado de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco, correspondiente al período 2016-2017, enmarcándose en la misma que en el caso de los hombres la incidencia de la beodez o sea la alcoholizada, creció más de seis veces al pasar del 0.4 por ciento al 2.5 por ciento.

Por cuanto hace a las mujeres, la misma encuesta reporta que en el período del 2011 al 2016 fue  menor del 0.1 por ciento, para subir en el 2016 al 2.5 por ciento.

Es preocupante que el consumo de alcohol en mujeres adolescentes se elevó en el año 2016 del 2.2 por ciento, al 7.7 por ciento, significando tres veces más.

La mencionada Encuesta no da razones ni motivos de estas alzas, aunque sinceramente no hay que buscarle mucho al observar lo contradictorio que han sido las campañas contra el exceso de alcohol llevadas a cabo por nuestras autoridades locales y estatales.

Resulta risible y ridículo que por un lado los jerarcas de la Entidad y principalmente de los municipios, se desviven difundiendo un sinfín de acciones para contrarrestar y restringir el consumo de bebidas embriagantes para adultos como menores de edad cuando que ellos mismos son factores en el crecimiento de bebidas alcohólicas.

Al margen de que el otorgamiento de esas concesiones ha sido considerado como un importante ingreso de recursos a las arcas públicas, la población es testigo silencioso de que con el disimulo y pretexto de que se trata de restaurantes con permiso para vender cerveza y toda clase de vinos y licores, esos establecimientos de dizque solo alimentos, se convierten más en simples cantinas.

Sobra decir que el otorgamiento de estas concesiones también ha servido para enriquecerse funcionarios de los mismos departamentos que tienen entre sus funciones la revisión para el cumplimiento de los requisitos exigidos de palabra, más no de hecho y menos con supervisiones personales de las direcciones y sectores a donde se está concediendo el permiso de apertura.

Esto ha ocasionado protestas e inconformidades de vecinos que son afectados con la apertura de antros de vicio disfrazados con el concepto de venta de alimentos.

También han sido recurrentes las aperturas de esos antros en cercanías de escuelas, iglesias o templos, pese a que la ley y reglamentación es clara y precisa sobre su prohibición en la proximidad de dichos puntos.

A todos estos señalamientos sobre las violaciones cometidas para “legalizar” el funcionamiento de esos también llamados coloquialmente “aguajes”, hay que sumar la protección que reciben de las corporaciones policiacas que como justamente se dice “con dinero baila el chango perro”, al “perdonar” clausuras por venta de alcohol a deshoras, por sorprender en su interior a menores de edad, por peleas de parroquianos o bebedores en su interior y otras violaciones en que se incurre y que son solapadas por las autoridades policiacas.

Las autoridades municipales y estatales deben ser más estrictas y severas para no seguir plagando de tantos expendiosde alcohol disfrazados de restaurantes. (www.intersip.org)=