Mi Columna
Muerta Ley anti marchas
Por Carlos Robles Nava

El lamento de los mexicanos es que en el país no hay libertad de expresión y nos la vivimos eternamente “gritando” que nuestros gobiernos reprimen las manifestaciones públicas que realizamos para protestar y exigir tal o cual cosa, empero, en los hechos ocurre todo lo contrario.
No hay que buscarle “seis patas al gato”, una sencilla muestra nos la da la propia historia, tanto a los jóvenes de hace muchos ayeres como a las generaciones de la actualidad.
En el muy pasado, están las agresivas muestras de inconformidad que mostraron grupos sindicalizados que pasaron a olvido como los ferrocarrileros, petroleros, los maestros del S.N.T.E., los “Vallejistas” por mencionar algunos casos concretos.
Esa eterna lamentación de que no hay libertad de expresión y menos de manifestarse públicamente, ha sido una falsedad siendo la mejor muestra los hechos reales y el problema que los promotores u organizadores de esas “salidas a la calle” es el vandalismo que se comete durante el desarrollo de éstas, ya que se confunde el desfilar pacífico, con saquear a comercios, agredir física y verbalmente a los transeúntes, lanzar insultos a las autoridades y otras irregularidades más.
Libertad de expresión la hay, lo que no se permite es el desorden, la rapiña, falta de respeto al resto de los ciudadanos, bloqueos de calles, carreteras, secuestro de camiones de pasajeros locales y foráneos, etc.
Quien dude de esa maravillosa libertad que vivimos los mexicanos, solo es suficiente dedicar breves minutos a los espacios noticiosos para enterarnos de las atrocidades que se cometen en diferentes comunidades de los diversos Estados del país, sin importar el tamaño del municipio, sea pequeño, mediano o grande y como ejemplo están los daños materiales y económicos que se han cometido afectando a particulares y comerciantes entre éstos al sector turístico de poblaciones donde ese es su principal atractivo e ingreso económico, no faltando las comunidades que han vivido eternamente del turismo.
Aunque ya no con tanta regularidad, no pueden olvidarse las atrocidades cometidas por familiares, amigos y simpatizantes de los normalistas asesinados con la bandera de “se los llevaron vivos y los queremos vivos”, refiriéndose a los 43 estudiantes victimados.
Otro caso lo fueron los “maestros” de la Coordinadora General de Trabajadores de la Educación, que por mucho tiempo fueron una “pesadilla” para el gobierno federal y que por un tiempo se retiraron y ahora en últimas fechas han retornado de nuevo exponiendo sus exigencias presionando con bloqueos, toma de carreteras, saqueos a comercios, enfrentamiento con la policía, etc.
A raíz de ese alocado desenfreno de dar rienda suelta a su coraje con o sin razón, el Congreso de la Unión, promulgó la Ley Anti Marchas que dará paso libre a cada Estado para que realice las medidas para impedir que terceros o sea el prójimo, aquellos que no la deben, sufran daños materiales y físicos, además de robos en sus negocios.
Sin embargo, el decreto ha quedado en letra muerta, no conociéndose hasta ahora Entidad que haya promulgado ley alguna sobre el particular y si ya lo hizo no se dan señales de ejercer esas facultades legales dadas por el Congreso de la Unión.
De siempre he sostenido que todos los mexicanos tenemos la libertad y derecho de manifestarnos por una y otra cosa, pero siempre y cuando no se afecten los intereses de terceros o sea del prójimo.
Y, como bien se dice, cada quien puede opinar según sus intereses y filosofía, aunque pertenezcan a la o las mismas instituciones, como es el caso de la iglesia que como en toda agrupación los hay “contreras” de todo, así como los tolerantes y mesurados.
Sobre esta ley anti marchas, voceros de la iglesia católica han expresado que mientras no se afecte el derecho a la manifestación libre y a terceras personas, la medida es acertada, aunque esto no sucede porque el desorden y atrocidades son la identidad de estas marchas.
El clero también hizo mención a que las manifestaciones son el despertar de grupos de ciudadanos que no están de acuerdo en cómo vienen trabajando las instituciones oficiales o gubernamentales y reiteró su aceptación de que deben permitirse las manifestaciones sin violencia y que no causen daños a terceros.
Remata su opinión este influyente sector con “podemos manifestarnos de manera pacífica como personas civilizadas, pero no llegar a la violencia o al daño patrimonial de otros, evitando actos delincuenciales”.
Sin embargo, la otra cara, es decir, aunque de la misma Iglesia, pero de otra Diócesis y me refiero a Raúl Vera López, Obispo de Saltillo, como es su tradicional estilo bravucón y anti gobiernista, condenó la ley anti marchas, asegurando que coartaba la libertad de expresión. (www.intersip.org)

