Mi Columna
¿ Y los nuestros qué?
Por Carlos Robles Nava

Ha crear políticas públicas para proteger la movilidad humana y para que el país se preocupe más por los migrantes y las personas que transitan por nuestro territorio, está pidiendo la Arquidiócesis de la Iglesia Católica de México, a través de su semanario “Desde la Fe”.
La publicación hace una reflexión respecto a los niños migrantes que han sido separados de sus padres por el gobierno de los Estados Unidos y pide a las autoridades nacionales evitar situaciones similares.
El título que destaca este llamado es: “El buen juez por su casa empieza: Debe convertirse en un país que vea por sus migrantes”.
La arquidiócesis encabezada por el Cardenal, Carlos Aguiar Reyes, estima que al ser víctimas de violencia, deterioro social y malas políticas de sus gobiernos, las familias se ven obligadas a salir de sus países de origen en busca de un mejor futuro.
Estoy de acuerdo parcialmente en la recomendación de la Iglesia Católica, sin que desconozcamos ni ignoremos que si bien hay familias pobres y otras que viven miserablemente en otras Naciones, nuestra Iglesia Católica puede hacer mucho por las miles de familias desamparadas y desprotegidos que viven en México y c umplir con su precepto editorial de “el buen juez, por su casa empieza”.
Estoy de acuerdo en ayudar y proteger a los migrantes y reitero, pero como dice el título de este editorial semanal “Desde la Fe”: El buen juez por su casa empieza y esto en razón de que en México hay muchísimo que hacer por los que no tienen nada, por los maginados o llamados también desarrapados.
Aquí en nuestra Entidad hay ciudades que tienen sus “cinturones de miseria” en los que mucho podría hacer nuestra Iglesia Católica; son gente desempleada y el que tiene un empleo es muy raquítico sin sobre pasar el mínimo, niños, jóvenes y adultos enfermos sin acceso a la salud pública, habitando sectores sin luz eléctrica, en casas con trechos de cartón o lámina, calles de tierra y con demasía carencia de lo más elemental, familias a las que aún no llegan las política públicas del gobierno mexicano.
En esos sectores mucho puede y debe hacer la Iglesia Católica y, claro, si le sobra tiempo y recursos ver por la casa ajena, por los de enfrente que como humanos tienen derecho a ser protegidos-.
Soy católico, pero antes que nada soy realista y México es un país con demasiadas carencias sin ser suficientes los “escamoteados” y manoseados recursos económicos que a través del tiempo han destinados los gobiernos centrales o federales.
Insisto, en nuestro amado México, hay aún demasiado que hacer por los desventurados de las supuestas políticas públicas “creadas” por los gobiernos en turno.
Volteemos a ver la cara a los nuestros, digo. (www.intersip.org)


