OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
No todo a la Divina Providencia

Cuando los católicos nos encomendamos a Dios y a las once mil vírgenes, debemos tener muy claro que las bendiciones no caen del cielo como por arte de magia, ni llegan solas desde un solo rumbo. Es bueno llevar siempre bien grabado en el alma y en la mente aquel dicho tan sabio y mexicano: “ayúdate que yo te ayudaré”.
No se trata de desconfiar de la Providencia, sino de entender que la fe verdadera va de la mano con la acción responsable, con poner de nuestra parte lo que humanamente podamos. De un tiempo para acá y ya van varios años, la verdad, la delincuencia se ha metido de lleno en la vida diaria de todos los mexicanos, sin importar si hablamos de la llamada delincuencia organizada o de la que anda suelta por las calles, la de a pie y sin grandes estructuras.
Cada día sube el número de robos a mano armada o sin ella: en comercios grandes y pequeños, en casas habitación, a transeúntes que van solos por la calle, en bancos, gasolineras, farmacias, minisúpers etcétera.
Los grupos de alto calibre, esos que las autoridades señalan como “organizados”, por lo general no pierden el tiempo en hurtos menudos; ellos van por cargamentos grandes, por extorsiones millonarias o por otros negocios más oscuros. En cambio, los robos a viviendas, a negocios medianos o chicos, a personas que andan trasnochando o despistadas, esos los cometen los de siempre: los oportunistas, los adictos, los que buscan salir del paso con lo que puedan agarrar rápido.
Afortunadamente, no han faltado los dueños de negocios y de casas que no se han quedado cruzados de brazos esperando que todo lo resuelva el Todopoderoso. Han decidido actuar con sentido práctico: instalar sistemas de alarma, cámaras de circuito cerrado, reflectores con sensor de movimiento y otras herramientas modernas que, aunque no detienen al ladrón en el acto, sí sirven para detectar, grabar y, sobre todo, identificar. Porque gracias a esas grabaciones que son cada vez más modernas con su alta definición y múltiples ángulos se han podido captar rostros completos, placas de vehículos, ropa, manera de caminar, todo.
Y como estos malandros suelen ser más conocidos que el agua tibia en sus colonias o en sus barrios, la policía, cuando recibe el material, no tarda mucho en tenderles la red. En muchos casos, la captura llega en cuestión de horas o días, no de meses. Lo mismo pasa con las alarmas en casas y comercios. Poco a poco se han ido instalando más y más, y aunque insistimos en que no atrapan al ratero físicamente, sí hacen algo muy valioso: alertan de inmediato. Suena el pitido estridente, se encienden las luces, se manda la señal a la empresa de monitoreo o directamente a la policía municipal, y al mismo tiempo despierta a los vecinos. Esa advertencia temprana muchas veces hace que el ladrón salga corriendo sin llevarse nada, o que lo detengan en rápido al que irrumpió la propiedad antes de que escape lejos, porque no hay que olvidar que en muchos de los casos existen negocios que se encuentran conectados con el Código Rojo de la ciudad.
Es una forma concreta de prevención, de no dejar todo al azar. Dejarles toda la carga y toda la responsabilidad a las policías sería injusto, y sobre todo sería no querer ver la cruda realidad de nuestro país. En casi ninguna ciudad o estado de México se llega ni remotamente al estándar internacional recomendado de policías por cada mil habitantes. Según las cifras oficiales más recientes, en promedio andamos alrededor de 1 policía estatal por cada mil personas, y en muchas zonas ni eso. Países como Estados Unidos o Canadá no se quedan solo en confiar en sus cuerpos policiacos: los ciudadanos se protegen entre sí, instalan alarmas conectadas, cámaras en las fachadas, apps de vecindario que avisan en tiempo real, iluminación adecuada, rejas, candados reforzados y todo lo que ayude a disuadir o a documentar. No lo dejan todo a la Divina Providencia; entienden que la seguridad es cosa de todos.
Aquí en Coahuila, para no irnos tan lejos, hay ejemplos muy claros y recientes. En Saltillo, hace poco tiempo, gracias precisamente a las grabaciones de varios minisúpers, se identificó a un sujeto al que se le adjudicaban alrededor de 180 robos en igual número de establecimientos de ese tipo. El tipo entraba, se llevaba lo que podía y salía como si nada; pero las cámaras lo delataron una y otra vez, hasta que la policía armó el rompecabezas y lo detuvo.
En Torreón, las videograbaciones han servido para sorprender en flagrancia a decenas de “farderas” y “farderos”, es decir, esas personas que aprovechan un descuido del cajero o del encargado para meterse la mercancía entre la ropa, en la bolsa o hasta en el pantalón. Muchas veces, al ver las imágenes, los mismos dueños del negocio reconocen al ladrón porque ya lo habían visto rondando antes.
Y en Monclova, por poner otro caso concreto, en una joyería ubicada en la calle Hidalgo, entre Abasolo y Miguel Blanco, se filmó clarito el momento en que un joven se “enchalecaba” una esclava de oro. La grabación fue tan nítida que de inmediato se difundió su rostro en boletines policiacos, en redes sociales, en medios de comunicación y entre los mismos elementos de seguridad. En cuestión de poco tiempo, el muchacho ya estaba identificado y, en muchos de estos casos, termina enfrentando las consecuencias.
Podríamos seguir enumerando ejemplos: el robo frustrado en una casa de la colonia Las Luisas en Torreón, captado por cámaras cuando el tipo intentaba forzar una ventana; o el de la camioneta robada frente a un domicilio, también grabada y que ayudó a rastrearla.
La lista es larga y sigue creciendo. Pero todos apuntan a lo mismo: no basta con rezar el rosario y encomendarse a los santos, sino que hay que poner el hombro, hay que ayudarnos entre nosotros para que el Todopoderoso nos eche la mano. Al final de cuentas, esa es parte esencial de la fe católica: creer que Dios actúa, pero también entender que nos dio inteligencia, manos y recursos para defendernos y proteger lo que Él nos ha confiado. No se trata de desconfiar de Él, sino de corresponder a su gracia con obras concretas. Porque si nos quedamos nomás esperando el milagro sin mover un dedo, corremos el riesgo de que el milagro tarde mucho… o de que nunca llegue. Mejor prevenir, grabar, alertar y colaborar con las autoridades. Así, entre todos, hacemos más llevadera esta realidad que nos toca vivir. Y quién sabe, tal vez con el tiempo logremos que los “rateros de dos patas” lo piensen dos veces antes de intentarlo. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org


