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Guillermo Robles

Pascua en cuotas: cruz, conejo y pagos

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Pascua en cuotas: cruz, conejo y pagos

El próximo domingo 5 de abril de 2026 concluye la Semana Santa con el Domingo de Resurrección, o Pascua de Resurrección, como le dicen muchos. Fíjese ustedes. Estas primeras vacaciones del año, al menos así las ve el sector comercio, son fechas simbólicas y representativas de la religión católica.

La verdad es que, el domingo 29 de marzo, arrancó todo con el Domingo de Ramos. Pero ya se siente el cierre, porque la Pascua, la verdad, no tiene mucho que ver con Jesús en su origen. Es el inicio de la primavera, el equinoccio que celebraban los antiguos.

Hoy en día hay una cultura secular que festeja eso, el renacer de la naturaleza. Mientras que la cultura religiosa celebra la resurrección del Hijo de Dios. La Iglesia, pragmática como siempre ha sido, aceptó esas prácticas paganas de hace siglos. Y ahí se puede disfrutar de ambos mundos, ¿sabe qué le digo?

La historia lo cuenta clarito. Por un lado, la muerte del hijo de Dios y su renacimiento. La superación de la oscuridad, de la maldad. El sacrificio de Jesús por la salvación de la humanidad. Por el otro, la celebración pagana donde un conejo esconde huevos coloridos para anunciar la llegada de la primavera. Todas esas cosas divertidas que no dejan de ser fiestas antiguas.

En la actualidad, la Pascua se celebra con tarjetas, regalos y la novedad de productos que la mercadotecnia pinta como imprescindibles. Pero que, honestamente, no sirven para nada. En ambas situaciones tanto la religiosa y la pagana, la comercialización se adueñó de todo. Celebradas en el mundo entero, cada nación con su estilo. Y en México, como siempre, le ponemos sabor propio.

Piense nomás en la comida. En los mercados de cualquier rincón, desde el norte hasta el sur, hubo un gran incremento en la venta de filete de pescado y toda su variedad. Predominando el cazón del golfo, las mojarritas, el robalito, huachinango, turbina, hasta los huesos y cabezas para el sabrosito caldito. Y la variedad de camarones, claro.

Aunque en todos los puestos los dueños juran que es producto fresquito, que se siente el aroma del mar y que todavía se mueve porque lo pescaron esa misma mañana.

Para los que no son muy de mariscos, ahí estaban las espinacas, los cabuches, la flor de palma, lentejas, habas y chicales. Y para darle el toque bien mexicano de Cuaresma no podía faltar la sopa de nopales, esa que ayuda a los estreñidos por la alta fibra, con chile poblano, epazote y todo. Sin olvidar las tortitas de camarón, de pescado, de papa y los romeritos.

El postre que se llevó las palmas fueron las capirotadas tradicionales. Para las nuevas generaciones que ya no saben ni qué son: pan con canela, queso, tomate verde, piloncillo, pasitas y ralladura de naranja. O de queso, según el antojo de cada casa.

Esto es solo una prueba de lo que pasa en la gastronomía. Restauranteros, puesteros, vendedores ambulantes… todos aprovechan la verbena de Semana Santa. Es una muestra nomás. La verdad, yo he visto en mis más de cuarenta años recorriendo mercados del norte cómo la gente compra como si no hubiera un mañana.

Y en esta Cuaresma 2026, según reportes recientes de la ANPEC, los precios de pescados y mariscos subieron hasta un 14 por ciento. Pero las ventas siguen fuertes. La gente no deja de buscar su caldito.

Pero hay un sector que se benefició todavía más. Uno o dos días antes de que arrancaran estas vacaciones, en las plazas comerciales ya se veían esos módulos turísticos atendidos por una o dos personas. Filas enormes. Gente preguntando por los mejores paquetes para las costas, balnearios y pueblos mágicos. El sector hotelero, según las proyecciones de Sectur para Semana Santa 2026, reporta una ocupación que va por encima del 63.85 por ciento a nivel nacional. En playas como la Riviera Maya se espera hasta 78.5 por ciento, Puerto Vallarta 78.2, Los Cabos 77.9 y Cancún 75.1.

Algunos destinos presumen cifras más altas todavía. Y todo esto genera una derrama económica de 55 mil 890 millones de pesos solo por hospedaje, con 4.03 millones de turistas esperados. Un incremento del 2.6 por ciento respecto al año pasado. Es ahí donde uno se rasca la cabeza. Porque desde hace un par de años se ha venido hablando de una crisis que arreciaba. Inflación, incertidumbre económica, todo eso que nos tiene con el cinturón apretado. Y sin embargo, las filas para comprar paquetes vacacionales no disminuían. Balnearios abarrotados, pueblos mágicos llenos. Uno se pregunta: ¿dónde quedó la crisis? ¿Cómo le hace la gente para pagar?

Pues en pagos chiquitos. Doce mensualidades, dieciocho, hasta más. Tarjetas que se calientan, plazos que al final suman una bola grande. A la gente parece no importarle. Y mucho menos al comercio, a los restauranteros, hoteleros y todo lo que gira alrededor de estas fechas. Porque la comercialización, la publicidad y la mercadotecnia convierten lo religioso y lo pagano en una sola cosa: fiestas de consumismo total.

La neta es que duele un poco verlo. Yo recuerdo, hace unos años, cuando cubría estas mismas vacaciones desde Torreón. La gente iba a misa, comía algo sencillo en familia, paseaba sin gastar de más. Ahora las plazas parecen centros de operaciones. Módulos de viajes, ofertas de “Pascua inolvidable”, descuentos que invitan a endeudarse con una sonrisa. ¿Y sabe qué le digo? No es que esté mal celebrar. La fe tiene su lugar, el paganismo su encanto antiguo y la comida mexicana su gloria. Pero cuando todo se reduce a cuánto se vende y cuánto se gasta, algo se pierde por el camino. La Pascua se vuelve un negocio más. El Resucitado compite con el conejo de chocolate. Y el verdadero sacrificio, el de la billetera, lo cargan los que menos pueden.

Por eso, mientras se acerca el 5 de abril y estas vacaciones de primavera 2026 llegan a su fin, uno se queda pensando. En esa mezcla rara de cruz y tarjeta de crédito. En cómo México siempre encuentra la forma de convertir lo sagrado en oportunidad. Y en que, al final, la verdadera resurrección quizá sea la de nuestra economía… aunque sea a base de plazos y conejos de peluche. La verdad, yo he visto de todo en estas fechas. Y cada año la cosa se pone más interesante. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org