Noticias Coahuila, Lideres de Opinión, Reportaje SIP

Guillermo Robles

Balón del 2026 y los que quieren pararlo

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Balón del 2026 y los que quieren pararlo

Después de cuarenta años exactos desde aquel 1986, el balón mundial regresa a México y uno siente que el país entero debería estar celebrando como en las cantinas de Monclova, con el acero aún caliente y la gente derecha aplaudiendo. Pero no. Apenas hoy, primero de junio, la CNTE ya salió a las calles con su huelga nacional indefinida, marchas en Reforma y plantón en el Zócalo, y no es la única.

Y es que varios grupos han visto en esta Copa del Mundo, la tercera que organizamos, la primera que seremos sede de tres; una palanca perfecta para apretar al gobierno federal, a los estatales y hasta a los locales.

Reclamos que, aunque legítimos en el fondo, parecen calculados para sacar provecho justo cuando el mundo nos mira. ¡Ande no!, pero fíjese nomás: si dejaran que la fiesta fluya sin tanto bloqueo y tanto ruido, la derrama económica que viene sería para todos, no solo para unos cuantos.

La cosa empezó a calentarse en las últimas semanas de mayo. Maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación rechazaron el nueve por ciento de aumento que ofreció el gobierno, dicen que en realidad son apenas cuatro punto tres en el sueldo base, y exigieron casi el cien por ciento, más la abrogación de la Ley del ISSSTE del dos mil siete y la reforma educativa de Peña Nieto.

Hoy mismo plantaron sus banderas cerca del Estadio Banorte, el que antes era el Azteca, donde México debutará el once de junio. Entiendo el coraje. Pero ceder del todo costaría un dineral fiscal que afecta a todo el sector público, sentaría precedente para otros sindicatos y dejaría las finanzas públicas tambaleando entre programas sociales e infraestructura del propio Mundial.

Lo mismo pasa con los controladores aéreos del SINACTA. Emplazaron a huelga contra la SICT y la SHCP por déficit de personal, turnos que no dan ni para ir al baño y equipo que pide mantenimiento a gritos. Alertan riesgos de seguridad con el aumento de vuelos por el torneo. Imagínese usted: retrasos o cancelaciones justo cuando llegan aficionados, selecciones y turistas a las tres sedes. El gobierno puede ofrecer nombramientos y mejoras, pero una huelga total choca con la austeridad y con la obligación de mantener servicios mínimos.

Los transportistas de la ANTAC y los campesinos del Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano no se quedan atrás. Amenazan con bloqueos carreteros, accesos a estadios y hasta aeropuertos si no les resuelven seguridad en las vías, acuerdos pendientes desde noviembre y una crisis estructural en el campo que va más allá de subsidios. Ya lo hicieron en Reforma. Sus demandas son reales, pero cambios profundos en política agropecuaria requieren tiempo y dinero que el gobierno no puede soltar de un jalón sin afectar otras prioridades.

Y ni hablar de los taxistas. En el AICM bloquearon terminales uno y dos en marzo, abril y mayo; en Guadalajara hicieron caravanas y en Monterrey la bronca es igual. Protestan contra las aplicaciones, defienden sus concesiones y ven el Mundial como la oportunidad de oro para que el gobierno regule más duro. Crítico, porque miles de visitantes llegarán por avión y cualquier caos en el traslado aeropuerto-hotel-estadio genera quejas internacionales y mala imagen. FIFA ya anda preocupada por la movilidad.

Mientras tanto, el sector hotelero jugó su propio partido. Desde finales del año pasado subieron tarifas hasta trescientos por ciento en días pico, habitaciones que valían doscientos dólares pasaron a trescientos o cuatroscientos dolares, esperando la gran derrama. Luego, ante cancelaciones y sobreprecios, bajaron drásticamente, a veces hasta cincuenta por ciento. Especulación pura, como pasa en todos los megaeventos, pero al final deja sabor amargo entre los turistas que se sienten estafados.

La presión sobre la presidenta Claudia Sheinbaum es máxima. Ofrece diálogo por la Secretaría de Gobernación, minimiza riesgos y hasta ha dicho que “ahora ya todos quieren impedir el Mundial”. Resiste concesiones totales porque el costo fiscal es enorme, porque ceder a chantajes en plena fiesta global incentivaría más protestas oportunistas y porque México quiere proyectar estabilidad ante el mundo y la FIFA. Imagen internacional, inversión, turismo… todo en juego.

Pero mire usted, aquí viene la otra cara, la que desde el norte vemos con más claridad. Este no es cualquier evento. México se convertirá en el primer país de la historia en albergar tres Copas del Mundo. Trece partidos en tres sedes: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

Y la derrama económica, según estimaciones actualizadas de mayo, anda entre dos mil quinientos setenta y cuatro mil cincuenta millones de dólares solo en las tres ciudades. Eso equivale a punto trece-catorce por ciento del PIB nacional durante el torneo, un empujón que puede subir el crecimiento del uno punto tres al uno punto cuatro por ciento.

Más de cien mil empleos temporales en turismo, hotelería, gastronomía, transporte y servicios. Más de cinco millones de visitantes extra. Modernización de estadios, el Banorte incluido, mejoras en aeropuertos, transporte público y movilidad urbana que quedarán como legado permanente.

Yo, que nací y crecí entre el calor de la Laguna y las mañanas frescas de Saltillo, recuerdo cómo en mil novecientos ochenta y seis la gente se pegaba a las pantallas de muchos hogares.

Aquel Mundial dejó orgullo y recuerdos. Este puede dejar mucho más: infraestructura que beneficia a la gente común, promoción de Pueblos Mágicos, cultura y gastronomía que viajan por el mundo, inversión extranjera y un posicionamiento que dura años.

Honestamente desde mi punto de vista son más las cosas positivas. Si estos grupos dejaran de intervenir con bloqueos y amenazas que generan caos vial, retrasos aéreos y malas imágenes, la derrama fluiría de verdad: hoteles llenos pero a precios justos, carreteras transitables, turistas contentos que regresan y recomiendan.

Los reclamos pueden seguir su camino en mesas de diálogo, como debe ser, sin secuestrar la fiesta que tanto nos costó organizar. Porque al final, el Mundial no es solo de la CDMX, Guadalajara y Monterrey; es de todo México, incluido el norte que siempre ha sabido esperar con paciencia y trabajar con ganas. Que ruede el balón, pues. Y que la fiesta sea para todos. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) ww.intersip.org