OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
El carril que nadie quiere soltar

Fíjense ustedes, uno sale a la carretera en estos días de julio y lo primero que se topa es esa fila larga de camionetas, todas con placas de Texas o Arizona, una detrás de otra como si fueran un solo cuerpo. Cinco, seis, hasta ocho pickups juntas, a veces más. Van por el carril izquierdo como si fuera propiedad privada.
Uno les prende las luces, les toca el claxon con respeto, hasta les hace la seña con la mano desde la ventanilla y nada. Siguen ahí, a su paso, sin apuro, sin mirar el retrovisor. Y cuando por fin se dignan a moverse, lo hacen con cara de pocos amigos, como si uno fuera el intruso.
La verdad es que esto no es nuevo. Hace ya muchos años un funcionario federal en Torreón lo dijo claro durante el arranque de lo que entonces se llamaba Programa Paisano: que los connacionales que regresaban de Estados Unidos se quedaban en el carril de rebase y eso provocaba accidentes.
Lo dijo sin rodeos, frente a autoridades y gente del ramo turístico. En ese entonces era verano de 2010 y la queja sonaba fuerte porque coincidía con la temporada de vacaciones escolares. Hoy, en 2026, el programa sigue existiendo, aunque ahora le llaman Héroes Paisanos y opera todo el año con módulos en los cruces fronterizos y operativos especiales en verano e invierno. La intención sigue siendo la misma: que nuestros paisanos viajen seguros y sin contratiempos. Pero esa recomendación básica de tránsito, la de no adueñarse del carril izquierdo, parece que nunca llegó a calar del todo.
Yo he recorrido estas carreteras del norte de Coahuila más veces de las que puedo contar. Saltillo a Torreón, Saltillo a Monclova, el tramo hacia Piedras Negras o Acuña, pero muy en especial Saltillo a Monterrey. Siempre ha habido de todo: traileros que van concentrados, familias que viajan despacio, gente que se distrae con el celular. Pero esa costumbre de los grupos de camionetas texanas de viajar en caravana y plantarse en el carril izquierdo es de las que más llama la atención.
No es que vayan a exceso de velocidad siempre; a veces van a velocidad normal o incluso un poco baja para lo que permite la carretera. El problema es que no se mueven. Se quedan ahí, obcecados, como si el hecho de venir de allá les diera derecho a bloquear a todo el que viene atrás.
Para quienes no manejan mucho en carretera pueden imaginarse; usted va con prisa, tiene que llegar a una reunión en Ramos Arizpe o a ver a la familia en Monclova, y de repente se topa con esa fila. No hay manera de rebasar sin meterse al carril contrario en tramos donde no se ve bien. Y cuando por fin logran que uno de ellos se cambie, los demás siguen pegados como si fuera una procesión.
Pues la cosa es que en Estados Unidos las carreteras tienen más vigilancia, más patrullas, más cultura de que el carril izquierdo es solo para pasar. Aquí, en cambio, muchos sienten que pueden relajarse. O tal vez es el efecto grupo, es decir, viajan juntos por seguridad, porque allá se enteran de cómo están las cosas en México, y entonces se protegen entre ellos. Pero esa protección se convierte en un riesgo para los demás.
No es solo una impresión mía. En los últimos años han seguido saliendo reportes en Coahuila de accidentes donde aparecen vehículos con placas americanas. Algunos por exceso de velocidad, otros porque invadieron carril, otros porque no alcanzaron a frenar a tiempo. No todos son paisanos, claro está. Pero la percepción de la gente que viaja seguido por estas vías es que ese comportamiento en caravana sigue ocurriendo, sobre todo en temporada alta.
Y lo que más molesta no es solo el peligro, sino la actitud; esa molestia visible cuando alguien les pide que cedan el paso. Como si el hecho de traer placas de otro país los pusiera por encima de las reglas de aquí.
La ley en México es clara desde hace décadas: en carreteras de dos o más carriles por sentido, el izquierdo es para rebasar, no para quedarse todo el trayecto. Rebasar por la derecha está prohibido salvo contadas excepciones. Eso lo sabe cualquier conductor que haya sacado licencia o que maneje con regularidad.
Sin embargo, en la práctica, en muchas autopistas federales del norte la gente se queda donde quiere y nadie dice nada. La vigilancia es escasa en tramos largos, los operativos de la Guardia Nacional y Tránsito se concentran más en ciertos puntos y en ciertas fechas. Entonces el que viene de fuera, acostumbrado a que en su país lo multan rápido si se queda en el carril rápido, aquí prueba y ve que puede hacerlo sin consecuencias inmediatas. Y se queda.
Uno entiende el cariño por la tierra, el gusto de venir en grupo, de traer la camioneta nueva que allá compraron con tanto sacrificio. Eso no se discute. Lo que sí se puede discutir es si esa forma de manejar, esa terquedad de no ceder el carril, esa molestia cuando alguien les pide paso, es algo que traen de allá o algo que les sale aquí porque sienten que “nadie vigila”. Porque si así manejaran en Texas o en Arizona, con las patrullas que hay y las multas que caen, no creo que duraran mucho sin que los detuvieran. Entonces la pregunta incómoda es: ¿aquí se sienten más libres… o más dueños del camino?
El Programa Héroes Paisanos hace un trabajo importante en muchos sentidos; módulos de atención, información sobre seguridad, auxilio en carretera. Pero tal vez le falte insistir más, justo cuando los paisanos cruzan el puente, en esa cultura básica de tránsito que salva vidas. No solo “maneje con cuidado”, sino “el carril izquierdo es para pasar, no para vivir en él”. Porque al final los que pagan las consecuencias no son solo los que viajan en esas caravanas. Son familias enteras de aquí, de Coahuila, que van a trabajar o a visitar a los suyos y se topan con un riesgo que no buscaron.
Al final del día, manejar en estas carreteras del norte siempre ha sido un acto de confianza mutua. El que viene de lejos y el que vive aquí tenemos que compartir el asfalto. Cuando uno se niega a ceder, cuando se pone terco, cuando viaja como si el camino le perteneciera solo a él, esa confianza se rompe. Y lo que queda es puro peligro, el mismo de siempre, solo que ahora con más camionetas y más placas de fuera. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org



