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Carlos Robles

Farol de la calle…

MI COLUMNA

Farol …

Por Carlos Robles Nava

Carlos Robles

Sería injusto que no reconociéramos los esfuerzos y toda la labor realizada por nuestras autoridades municipales y estatales para brindarles hospitalidad, apoyo humanitario, empleo, atención médica y alimentos a los migrantes que llegan a nuestro país, que por cierto, cada vez son más grandes los contingentes que abandonan  sus países de origen por la inexistencia de seguridad, trabajo y otras circunstancias adversas que no les da la oportunidad suficiente para proteger a los suyos.

Es laudatorio e innegable, insisto, lo realizado por nuestras autoridades al implementar en poco tiempo las condiciones de las áreas en donde se acoge a estos desafortunados grupos de centroamericanos, sin embargo, no hay que “ser farol de la calle y oscuridad de tu casa”.

Lo menciono porque aquí en nuestro propio terruño, hay mucho que hacer por las grandes masas vulnerables de hermanos mexicanos y concretamente de coahuilenses.

Los que por distintas circunstancias tenemos la oportunidad de recorrer las orillas de nuestras ciudades conocemos y nos damos cuenta de las carencias y necesidades elementales que tienen cientos de familias.

Esas miles de familias ubicadas en las “orillas” de las zonas urbanas carecen de todo y sus condiciones de vida son lamentables desde la falta de alimentos para más o menos dar de comer a sus hijos pequeños; sin energía eléctrica, ni agua potable que tienen que acarrearla desde una toma comunitaria hasta su dizque vivienda que ocupan, sin empleo, ni atención médica.

Su pobreza les impide ser “clientes” del transporte público urbano para desplazarse al resto de la comunidad, hay total ausencia de escuelas para los chiquitines, predomina la inseguridad que se acentúa por las noches ante la falta de atención policiaca.

Esos alejados de la mano no de Dios, sino de las autoridades de los distintos niveles, habitan “remedos” de casas hechas a base de entarimados que recogen de los basureros o que imploran en las fábricas de su rumbo con techos de lámina que ya es mucho decir, pero en general esas protecciones arriba de sus techos de sus “hogares”  son de cartón que de nada sirven con la primera llovizna que se registra.

Las atenciones de salud por parte del sector público, les “corresponde” a esas familias vulnerables cuando los mandos municipales o estatales promueven y realizan “ferias” de la salud que más que eso, son escaparates y aparadores de exhibicionismo político.

Hay en esos lugares marginados, mucho por hacer que no se hace porque allí no hay reflectores que den la imagen que por meses y hasta años no tuvieron de esos desprotegidos de todo y nada.

No se trata de comentarios egoístas, sino de dar luz de bienestar y apoyo a nuestra propia casa en lugar de darle luz a la casa ajena, pues no es justo y menos correcto predicar ejemplos en casas ajenas y negarlo a la propia.

Estoy consciente de que en el mundo hay muchos países con más o menos miseria que México y en particular Coahuila, pero hay que recorrer las periferias de las ciudades de nuestra Entidad para darnos cuenta que tenemos olvidados a infinidad de nuestros hermanos. (www.intersip.org)