Mi Columna
La educación casera
Por Carlos Robles Nava

Anualmente miles e inclusive hasta millones de pesos provenientes de impuestos, se echan fuera de borda por la ausencia de educación u orientación que debe y tiene que darse desde la casa de cada familia.
Esto sucede con los daños e inclusive destrucción total que distintos grupos comunitarios hacen de las obras de esparcimiento o entretenimiento que llevan a cabo las administraciones locales, estatales o federales.
Esto duele hasta la médula en un país como México en donde prácticamente es normal y contados los fondos públicos que se asignan a plazas o paseos públicos y de forma directa a los aparatos de entretenimiento o juegos normalmente para menores de edad.
Decir que la destrucción de esos juegos es causada solo por niños o grupos de vándalos, sería no solo injusto, sino una mentira, ya que en muchos de los casos las afectaciones son de adultos mayores que no respetan la prohibición de que esas áreas de diversión no deben hacer uso de ellas los adultos.
De mucha utilidad resultaría si desde el hogar de cada familia, las mamás y papás recomienden en general se haga uso correcto de esas instalaciones, sobretodo cuidarlas y protegerlas porque una vez que se dañan o destruyen, las autoridades restringen los fondos para ese concepto a sabiendas de que las afectaciones seguirán.
Entre esas recomendaciones debe incluirse a toda la familia, insisto, ya que no son solamente niños y pandilleros los que cometen esos desmanes, sino hay infinidad de adultos que pese a las advertencias de no hacerlo, se trepan o montan en los aparatos que en infinidad de casos no soportan el peso de esas personas y se dañan.
En la mayoría de los casos las autoridades ya no reportan los aparatos destruidos ni tampoco destinan dineros públicos para su rehabilitación, resultando afectada por esas imprudencias y ausencias de colaboración para disponer de juegos recreativos para los niños.
Es bien sabido que la mejor educación es la que da en el seno de los hogares, siempre y cuando ésta sea persistente, siendo necesario que los miembros de la familia sepa y este conscientes de que los dineros con que se compran o posteriormente se rehabilitan esos juegos, son de impuestos de toda la comunidad.
La educación casera no debe ser solo en ciertos casos sino que debe ser en general, pues lo mismo sucede en las afectaciones que se hacen a los planteles educativos como daños a su estructura sean destrozo de cristales, puertas, equipo pedagógico, daños a los muebles sanitarios, pizarrones, etc.
Las comunidades deben saber y estar conscientes de que el gasto hecho en dotar de lugares de diversión comunitario se llevan a cabo con los impuestos que se paga en distintos renglones que proceden de los distintos sectores, por tanto debe ser una obligación colaborar en el cuidado que deben tener todos los ciudadanos en lo que se hizo con su propio dinero, debiendo entenderse que los gobiernos de ningún nivel regala o sus titulares ponen de su bolsa para hacer llegar bienestar a las comunidades. (www.intersip.org)

