Si en este momento usted caballero o usted dama, está disfrutando un rico burrito de deshebrada o un corte de carne de “primera”, no descarte que el bistec sea de burro; es correcto, de ese semoviente de grandes orejas paradas y mirada triste.
OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Disfrutan carne de burro
Si en este momento usted caballero o usted dama, está disfrutando un rico burrito de deshebrada o un corte de carne de “primera”, no descarte que el bistec sea de burro; es correcto, de ese semoviente de grandes orejas paradas y mirada triste.
Son amplias las posibilidades de que lo anteriormente descrito le esté sucediendo a usted en éste momento o ayer en la cena y más si vive en alguna de las colonias del oriente del municipio de Saltillo, pero no siendo exclusivo de ésta capital de Coahuila, porque en la mayor parte de las cabeceras municipales de la entidad, aunque sobre todo en aquellas zonas o colonias más abandonadas en donde ni siquiera puede entrar una patrulla por no contar con calles pavimentadas o son sectores conflictivos tienen el mismo problema.
En este caso en la “Atenas de México” en los asentamientos ubicadas en las faldas de la Sierra Zapalinamé, han venido funcionado desde hace ya varios años y ante la complacencia de las autoridades por no existir una denuncia o al menos eso es lo que se dice necesitar para intervenir hay aproximadamente dos lugares en los que cada mes se sacrifican un promedio de 20 y hasta 30 burros, cuya carne se comercializa en las carnicerías del sector.
Los pobladores cercanos tienen conocimiento de la matanza de burros, pero se trata de un secreto a voces, es algo que ocurre desde hace muchos años los vecinos del sector ya están acostumbrados a observar las camionetas que suben repletas de animales.
El kilo de la carne de burro cuesta como unos 80 pesos y aunque su color es muy roja ya una vez bien guisada, comentan los pobladores de alrededor, agarra un buen sabor en donde toda una familia disfruta la carne de burro en tacos y un buen refresco de “cola”.
Los residentes de esas colonias quienes prefieren conservar su anonimato, señalan que uno de los rastros clandestinos se encuentra en la calle principal, casi donde termina ese núcleo habitacional e inclusive tienen establos donde guardan los animales por varios días, luego los sacrifican y al parecer hasta cuentan con cuarto frío.
Los jóvenes del sector también han observado cuando hacen la matanza de los burros, las personas que se encargan del sacrificio de los animales, una vez que son destajados los asnos, las pezuñas y las vísceras se tiran a los arroyos del sector, donde los perros callejeros y los animales del monte se encargan de desaparecer esos restos.
Afirmando los jóvenes que en la parte de arriba casi en la sierra es donde tiran los restos de los animales, los perros y coyotes que bajan de la sierra, así como las aves de rapiña se encargan de desaparecer cualquier evidencia de lo que queda de los animalitos.
Tan acostumbrados están los pobladores de ese sector que consideran la matanza de burro como algo normal comparándola al igual que se hace con una res o un puerco, al animal le encajan el cuchillo en el cerebro y muere al instante. Están conscientes de que la piel de burro es muy dura y tardan algo de tiempo para destazar al animal.
La mayor parte de la carne es vendida a taqueros que vienen desde Monterrey y Parras de la Fuente, bajo la convicción de que nunca se imaginan lo que se come la gente y de ser muy sabrosa y nutritiva esa carne puesto que no hace daño el comer carne de burro no afecta a la salud o al menos a tanto consumo a la gente le conviene pensar de esa manera.
Uno de los dueños de esos rastros clandestinos sobre todo el que ubican como en la calle principal los mismos vecinos lo consideran como “bien raza” porque son muy discretos en no denunciarlo y en Navidad regala dulces y piñatas a los niños de la colonia quienes son muy humildes a través de ese gesto de solidaridad, sobre todo de amistad, se gana el aprecio de los vecinos. Pero no solamente la solidaridad de los vecinos sino también le da sus moches a los inspectores de Salud Pública en donde bien abusadillo es parte del “business”. Así querido lector si algún día usted se ríe o eructa como rebuznando, seguramente ya comió carne de burro. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org

