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Carlos Robles

A dónde vamos

Más vale tarde que nunca o bien, ahogado el niño, hay que tapar el pozo, sin embargo, reconozco la medida anunciada por la Secretaría Estatal de Educación, al disponer sin excepción la rechazada varias veces en el pasado, “operación mochila”, por el asesinato de un chavalo de 15 años de edad, en la Secundaria 5 “Otilio González”, por otro joven de la misma edad, que asistía a clases con una daga o cuchillo oculto entre sus ropas.

Mi Columna

A dónde vamos

Por Carlos Robles Nava

Más vale tarde que nunca o bien, ahogado el niño, hay que tapar el pozo, sin embargo, reconozco la medida anunciada por la Secretaría Estatal de Educación, al disponer sin excepción la rechazada varias veces en el pasado, “operación mochila”, por el asesinato de un chavalo de 15 años de edad, en la Secundaria 5 “Otilio González”, por otro joven de la misma edad, que asistía a clases con una daga o cuchillo oculto entre sus ropas.

A través de su Departamento Jurídico, la SEDU hizo el anuncio de la revisión a la entrada de todos los planteles educativos secundaria y preparatoria del Estado, para evitar que los alumnos acudan con algún tipo de arma.

En otras ocasiones y años atrás, las autoridades educativas de Coahuila, han querido imponer la revisión en las mochilas, sin lograrlo principalmente porque se han opuesto algunos grupos de padres de familia.

La obstinación decisión de ciertas mamás y papás ha motivado, inclusive, la intervención de la Comisión de Derechos Humanos de Coahuila, dizque porque se violentan los derechos de los adolescentes.

Tienen razón de las autoridades de Derechos Humanos, como también sucede con las autoridades educativas que están obligadas a garantizar la seguridad de los escolapios. Las mamás y papás debemos dejar de apapachar a los hijos sobreprotegerlos no invocando sus derechos como adolescente para colaborar y participar con la SEDU no solo en la famosa y rechazante “operación mochila”, sino para amortiguar el creciente número del tan mal desarrollado bulliyng.

A diarios los medios sacan a la luz pública, actos grabados con celulares o cámaras de video de peleas o luchas violentos ya no con precisamente con jovencitos, sino ahora hasta con mujeres, liándose a golpes, rodando al piso, una encima de otra y aventando patadas o puntapiés, como vulgares mujerzuelas, disculpando la definición, pues en años muy atrás, solo las pupilas o mujeres de la calle, resolvían sus diferencias como ahora lo hacen las chavalas de secundaria, particularmente.

Estas rivalidades nada ejemplares entre mujeres y hombres en edad estudiantil, deben detenerse y los padres de familia no oponerse a medidas disciplinarías que tomen las autoridades.

El problema está creciendo en demasía, al grado de que en la actualidad en muchos lugares comienza a desbordarse y salir de las manos de las autoridades que se auto atan las manos por temor a reclamos de las mamás o papás que luego acuden hasta las autoridades no solo educativas, sino de justicia a denunciar que a sus hijas o hijos se les está coartando sus derechos.

Los padres de familia deben también, de vez en vez, dejar la comodidad del vehículo para de simple y sencillamente dejar a sus peques o hijos adolescentes en la banqueta del edificio escolar, por cierto, lo más cerca que se pueda para que no camine mucho la niña o niño o el ya hijo adolescente.

Hay mamás y papás que no conocen tan siquiera la entrada del centro educativo donde estudia su hija o hija, menos a las maestras o maestros, colaborando y siendo partícipes de la comunicación perdida que ha tenido padres y maestros.

En el caso de la tragedia en la Secundaria 5, su Director acepta que el pandillerismo en ese sector ha crecido y se muestra impotente para actuar cuando ingresan como alumnos jóvenes que se sabe pertenecen a esas pandillas.

A dónde vamos, es la pregunta obligada, sin evadir la obligación de los padres de acercarse cada vez a la escuela de sus hijos..

Qué tiempos aquellos en que los padres acompañaban a sus hijos niños y adolescentes hasta la entrada del plantel educativo y dejarlos en la mera puerta.

En tiempos más lejanos, aquellos en que se convocaba a asambleas o juntas con los padres de familia, faltaban sillas por la gran concurrencia.

Lo que está sucediendo en la actualidad, no son tiempos perdidos, éstos pueden recuperarse asumiendo responsabilidad y compromiso, porque no todo se da en las escuelas, sino en el seno del hogar, con los padres que cada vez se alejan de sus obligaciones para con sus hijos.

Será por eso que ahora los chavos llevan armas, especialmente y ahora punzo cortantes y más tarde serán de fuego.(www.intyersip.org)