Desde la existencia del hombre moderno, éste siempre ha tenido la necesidad de satisfacer su entorno comenzando por sí mismo y qué mejor descripción la teoría de Maslow en las que habla sobre sus diferentes etapas graduales para llegar a la autorrealización.
OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Mejor solidaridad no es cerrando, sino orando
Desde la existencia del hombre moderno, éste siempre ha tenido la necesidad de satisfacer su entorno comenzando por sí mismo y qué mejor descripción la teoría de Maslow en las que habla sobre sus diferentes etapas graduales para llegar a la autorrealización.
Y aunque en ella no venga textualmente la necesidad de creer, se puede contextuar de manera implícita para poder llegar hasta el último escalafón de la pirámide de Maslow que es la autorrealización.
El hombre tiene esa necesidad de creer en un ser superior intangible como una necesidad inherente al ser humano sin tener que personalizarlo con la palabra de un Dios.
En las antiguas civilizaciones antes de la era cristiana el hombre trató de justificar a fenómenos naturales que para aquel entonces eran desconocidos y al tratar de encontrar explicación a ello la necesidad de creer en algo los llevó a pensar que se trataban de seres supremos a él y que su manifestación de enojo o bendición siempre era los cambios climatológicos. Por mencionar los truenos y relámpagos simbolismo de enojo y la lluvia sin caer a un diluvio una bendición para sus cultivos.
En la medida en que los seres humanos se fueron organizando y creciendo su comunidad a la vez, se fue haciendo más complejo y estructurado la creencia de los seres supremos o dioses y existe una gran evidencia de las religiones primitivas alrededor del mundo en donde éstos testimonios están repletos de edificios y santuarios como una casa o un santuario dedicado a un ídolo o un dios, pero también existen aquellos que creen que los espíritus viven en los árboles, las rocas, cuevas o bosques sagrados. Los egipcios vieron como deidades a los cocodrilos, gatos, vacas, aves y escarabajos. Los griegos y los romanos asignaron a sus dioses grandes mansiones y palacios como sus lugares de residencia.
Pero el Dios revelado en la Biblia, es totalmente diferente a de los dioses de las naciones, él no necesita casa o templos para morar ya que el universo es la casa de Dios y aunque existen pasajes bíblicos en donde se hace referencia que el verdadero Dios que hizo el mundo no habita en templos hechos por el hombre.
Y aunque a pesar de éstas claras enseñanzas existe una paradoja dentro de la misma Biblia en que Dios no habita en edificios hechos por el hombre, sin embargo, en el Monte Sinaí dio instrucciones específicas a Moisés acerca de la construcción de una tienda de campaña notable o tabernáculo, en la que, Él, el Dios Altísimo habitaría. Con el tiempo se fueron anclando estas tiendas durante casi 400 años y no fue hasta su edificación del primer templo conocido como el Templo de Salomón, quien Dios aprobó éste edificio y lo aceptó como su casa es más que evidente en el registro del servicio de dedicación del templo.
Todo esto viene a colación para justificar la edificación de los templos o iglesias católicas en donde si bien es cierto que no se necesita un edificio en donde vive Dios ya que Él está en todas partes como creador del universo, también es cierto que la necesidad de creer en un ser supremo requiere de un lugar específico para la adoración y el cómo debemos adorar o tenemos la capacidad de hacerlo en nuestros hogares o en un contexto de descentralizados, reuniones voluntarias informales. Y aún más, sí necesitamos escuchar los sermones de sacerdotes especiales para obedecer los comandos de la Biblia para exhortarnos unos a otros y discutir las Escrituras.
Hebreos 10:25 da una orden clara: No abandones a la reunión de nosotros mismos, y exhortamos unos a otros. Parecería, entonces, que la pregunta, ¿Es nuestra obligación moral de asistir a la iglesia?, su respuesta es más que obvio. ¡Por supuesto!
Dicho lo anterior resulta más que incongruente la decisión tomada por Diócesis de Saltillo en cerrar templos en la capital de Coahuila el próximo sábado y domingo para dizque en solidaridad con las familias de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero, como forma de protesta por los resultados insatisfactorios para los afectados por parte de las autoridades sobre el caso.
Decisión sin pensar, un tema que se politizó lamentablemente a la Diócesis de Saltillo, en donde tristemente llegó a lo que llaman la casa del Señor cerrando las puertas de los feligreses, lugar en donde se edifican la vida espiritual y recinto en donde como dice la Biblia, “Si alguno habla, hable conforme a los oráculos de Dios, si alguno ministra, ministre que lo haga conforme al poder que Dios da para que Dios en todas las cosas sea Dios glorificado por Jesucristo”.
Incongruente el por qué la existencia de los templos e iglesias católicas que hoy en día son utilizados malamente por sus dirigentes para influir sobre los creyentes recursos económicos y decisiones políticas en lugar de practicar la espiritualidad y en donde el mejor acto solidario no solo para los desaparecidos en Ayotzinapa, Guerrero, es la oración para que esas almas sean encontradas o en su defecto para que encuentren una paz y luz para aquellos cuerpos calcinados a quienes no se les ha identificado aún, pero no por eso dejan de ser seres humanos.
Hipocresía o doble moral la supuesta propuesta por la Diócesis de Saltillo que ni siquiera cerraron las puertas para los 300 desaparecidos de su propia entidad Coahuila en el municipio de Allende, pero que tampoco se justifica por ningún motivo cerrar los templos sino todo lo contrario, enseñar a los creyentes los caminos de Dios, para provocar entre sí el amor y las buenas obras, aunque el mensaje que dejan claro es simplemente echarle más leña al fuego cuando ni siquiera pueden apagar su hoguera con tantos delitos de abusos sexuales por miembros de la Iglesia a niños, niñas y la misma discriminación hacia las mujeres que practican en la misma Iglesia al no permitirles escalar a diferentes posiciones dentro de la religión como es el sacerdocio y no se diga el papel de una mujer Papa en el Vaticano que solamente una sola vez una mujer llegó al más alto nivel de la Iglesia en Roma a base de engaños haciéndose pasar por hombre hasta que fue descubierta por un embarazo y conocida como Papa Juana, historia no solo escondida en sus registros históricos sino también sepultada con ladrillo y cemento, igual que muchas monjas fueron enterradas vivas y embarazadas en sus monasterios. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org


