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Carlos Robles

No llenan a los “fregados”

Recuerdo de niño que en la pequeña miscelánea, conocidas también en aquel entonces como abarrotes o “tienditas de barrio”, mis padres tenían una a la que acudía gente del “barrio”, igual así conocidos los sectores ahora denominados “colonias”.

Mi Columna

No llenan a los “fregados”

Por Carlos Robles Nava

Recuerdo de niño que en la pequeña miscelánea, conocidas también en aquel entonces como abarrotes o “tienditas de barrio”, mis padres tenían una a la que acudía gente del “barrio”, igual así conocidos los sectores ahora denominados “colonias”.

Algunos de los clientes de mis padres, recibían beneficios gubernamentales de aquellos años consistente entre otros artículos,leche en polvo en envases de cartón que luego esos beneficiarios vendían entre las familias de mí barrio de la “Ocho” de mi querido terruño Torreón, Coahuila, otrora capital de la mayor economía de los 38 municipios, gracias a ser el punto estratégico de la Comarca Lagunera, por su entonces enorme potencial en la agricultura y explotación ganadera, particularmente lechera.

Esas operaciones comerciales de vender la leche en polvo por las familias de menores recursos del barrio de la “Ocho”, no las entendía por mi niñez de entonces y preguntando a mi madre o padre, ya fallecidos, me respondían: Es que hijo, esa leche la cambian por dinero, para comprar otras cosas”, sin explicarme si eran necesidades alimentarias, material escolar de sus hijos o para otra carencia.

Fui creciendo hasta mi adolescencia en mi querido barrio de las calles Eugenio Aguirre Benavides y Matamoros, precisamente entre el inolvidable bosque “Venustiano Carranza” que nació y duró por muchos años sin bardas y la alameda “Zaragoza”, en esos ayeres los dos lugares que más visitábamos los domingos, pues sí había a donde más acudir, lo que no había era “fiducia” como se refería el Lic. José de las Fuentes Rodríguez, para simbolizar al dinero o lana.

Ya joven, fui sabiendo que aquellas familias que vendían, por los motivos que fuesen, los apoyos gubernamentales, en algunos casos eran no precisamente para cubrir otras necesidades, sino para que el viejo tuviese para las “chelas” que en mis tiempos las conocíamos como “birrias”.

Estoy hablando de situaciones presentadas hace 60 años y hago esos recuerdos, porque lamentablemente seguimos los mexicanos sin cambiar, pues resulta ahora que el famoso programa del gobierno federal denominado “Oportunidades” y que se identificó por entregar tarjetas con determinada cantidad de dinero que lamentablemente aunque que no todas las familias hicieron buen uso de ese dinero que supuestamente era para comprar alimentos nutritivos para sus hijos, ya que en lugar de eso, las compras preferenciales fueron para adquirir alimentos o productos chatarra que disparó la obesidad en comunidades del país donde no se había presentado el problema de la gordura.

Lo anterior, al menos se desprende por el reciente testimonio dado por la lideresa nacional, Paula Hernández Olmos, del nuevo programa “Prospera” que busca a través de cambios radicales que realmente las tarjetas “Prospera” sean para alimentar sanamente a la familia y no para darles de desayunar papitas, churritos, conchitas u otros alimentos chatarra con su “peisi” o “coca”.

Ahora las tarjetas “Prospera” no serán para compras al arbitrio, sino que solamente serán válidas en las tiendas “DICONSA” por alguno de los 14 artículos previamente instituidos y entre los que figuran: Harina de trigo, harina de maíz, leche en polvo, chocolate, frijol, maíz, arroz, avena, aceite, atún, chiles, sardinas, café y huevos.

El siguiente paso es realizar visitas a los hogares de las comunidades beneficiadas, para hacer revisiones de peso y talla a los beneficiarios, buscándose de esa manera que los que menos tienen, no sigan abusando de las bondades de los programas oficiales.

En otros países del mundo, más no en nuestro México querido, en donde todo se puede hacer y está permitido hacerlo, se sanciona con encarcelamiento a quien y quienes hagan uso incorrecto de las acciones gubernamentales que cuestan tanto dinero que no hay duda alguna son impuestos canalizados para sacar de pobre a los pobres y no para quienes siguen defraudando al gobierno federal comprando alimentos chatarra o para aquellos que no les tiembla la mano canjean esas tarjetas por míseros pesos para adquirir productos que luego son vendidos a precios que dejan buenas ganancias, sin lograr reducir el hambre a los más fregados.(www.intersip.org)