Noticias , Saltillo, Coahuila, Lideres

Guillermo Robles

Indicadores contrario a la percepción

La inseguridad de un país o de una localidad tiene muchas connotaciones detrás de ésta palabra y contrario a los discursos que puede tener cualquier funcionario cuando hablan del bajo índice de criminalidad o delitos cometidos. Palabras que no solo se las lleva el viento sino también la incredibilidad de la población quienes sufren los estragos de los delitos de éste rubro.

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Indicadores contrario a la percepción

La inseguridad de un país o de una localidad tiene muchas connotaciones detrás de ésta palabra y contrario a los discursos que puede tener cualquier funcionario cuando hablan del bajo índice de criminalidad o delitos cometidos. Palabras que no solo se las lleva el viento sino también la incredibilidad de la población quienes sufren los estragos de los delitos de éste rubro.

Para la ciudadanía el crimen organizado tanto del narcotráfico al igual que extorsionadores y la delincuencia común no existe diferencia alguna. Todos son iguales distinguiéndose por el mismo factor en común que es la violencia.

Lo que antes se conocía el arte de robar pasando desapercibido ante la víctima y las autoridades desapareció por completo. Situaciones en donde quien había sufrido el despojo de sus pertenencias se percataba tiempo después pero sobre todo sin haber sufrido un episodio traumático.

Los indicadores oficiales sobre el tema de seguridad carecen de sustento real cuando es bien sabido por parte de las autoridades que la mayoría de los robos o asaltos dejaron de ser denunciados por el temor de ser víctima de alguna represalia  traumatismo causado por el crimen organizado de los grandes capos del narcotráfico y la desconfianza de la población a las autoridades administrativas de seguridad al igual que la participación de los diferentes elementos de seguridad pública tanto municipal, estatal y federal en donde dichos hechos han quedado al descubierto y exhibidos ante los medios de  comunicación pero sobre todo en grabaciones particulares y subidas en las redes sociales.

La fobia de la inseguridad no ha sido algo que salió por una explicación de la teoría de la generación espontánea sino fue formando por el olvido e indiferencia de quienes nos gobiernan en donde su principal prioridad son sus propios intereses económicos con su gran habilidad para convertir lo transparente en un gran hueco lleno de sospechas, dudas, explicaciones insatisfactorias y escándalos públicos sin resolver.

Detrás de la palabra inseguridad existe también una proyección de la debilitada economía que presenta nuestro país en donde la economía frenada principalmente por dos factores. La carencia de estímulos fiscales que su único objetivo es recaudar el poco ingreso que puede tener una familia en promedio de clase media hacia baja, impedimento y temor para emprender un nuevo negocio y por el último el delito común que no tiene distinción entre el crimen organizado o de policías corruptos.

Por hoy el aumento en los robos a domicilios en Saltillo, Torreón, Piedras Negras y en el resto de los municipios cada vez son más, viéndose mal e impotentes los policías municipales a detener y combatir a los rateros. La habilidad de los amantes de lo ajeno se han hecho cada vez más sofisticados siendo eficaces sus estrategias de robo donde la participación ya no es de una persona sino de varias.

Esta mini organización comienza desde el albañil, que estudia los movimientos de los miembros de la familia, como son el horario de entrada y salidas de la casa, quién la cuida, cada cuando salen los fines de semana o vacaciones.

También existen en el caso de los fraccionamientos privados que los informantes resultan ser precisamente a quienes se les confían el resguardo de la residencia, es decir, los vigilantes de las casetas de entrada a estas colonias bardeadas alrededor de todo su perímetro.

Otro de los participantes es gente que se infiltra dentro de los negocios de mensajería y carteros, que también se da cuenta si algún hogar se encuentra deshabitado o qué tipo de sistema de seguridad cuenta.

También los famosos mochileros haciéndose pasar por albañiles, lava coches o mecánicos automotrices ofreciendo sus servicios timbrando en las viviendas y dándose cuenta quienes abren o no como indicativo si están o no en su interior.

Cada vez es mayor la manera inimaginable que éstas ratas de dos patas pueden sacar la información hasta haciéndose pasar como pordioseros pidiendo un taco y cuando se les da se enojan teniendo todavía la desfachatez de pedirte dinero y tirando la comida al suelo.

Pero no solamente ha crecido los robos sino también para que no se diga que no hay igualdad en géneros, cada vez es más recurrente observar que las mujeres participan al igual que los hombres en éste tipo de raterías y tampoco se andan con rodeos sino hasta en ocasiones son más bravas, violentas e inteligentes para planear el robo.

Obviamente que a todos les toca una parte desde la persona que lleva la información para marcar el domicilio a robar hasta las patrullas de que se dan sus rondines, o simplemente se hacen de la vista “gorda” prefiriendo estar ligando a las chicas que trabajan de limpieza en las residencias o están haciéndole de galán con las chicas repartidoras de periódicos.

Una vez neutralizada la ineficiencia de seguridad pública cometen su robo perfecto llevándose todo aquello vendible en el mercado negro pero para abaratar costos en la operación ilícita son involucrados menores de edad por la sencilla razón que no les pagan mucho, son más agiles para correr y por su tamaño caben en boquete chiquito o alguna ventana la cual fue vencida por medio de un gato hidráulico que por muy anclado que esté en la pared primero destroza el muro antes de vencer la herrería de protección, agregando la “protección” que les dan nuestras leyes que por ser menores de edad, no pueden ser sujetos a proceso como adultos, aunque delinquen como mayores de edad.

La situación es tan alarmante que las propias autoridades ya no saben qué hacer al respecto y la tensión empieza a dominar a los coahuilenses que ni en sus propias casas existe la sensación de seguridad. Cada vez aquellos negocios que se pensaban que nunca serían víctimas de algún robo se encuentran dentro de la lista de atracadores. Desde negocios de cadenas nacionales, centros comerciales hasta carnicerías y la famosa tiendita de la cuadra. Ante éste negro panorama es imposible que los coahuilenses sientan la percepción de la seguridad que pregonan los políticos en cualquiera de sus discursos porque mientras tengan sus escoltas en su mundo la inseguridad no existe. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org