Gracias a Dios y a mí edad, viví elecciones en las que votaban los muertos, es decir, se aprovechaban las antiguas boletas o tarjetones color verde que era la forma como “controlaba” las votaciones lo que fue en ese entonces el Registro Federal Electoral, ya que todavía no nacía la nueva tecnología del plástico y demás, ni mucho menos el IFE o el ahora rimbombante INE que es una simulación del reciente pasado con el único cambio de las siglas.
Mi Columna
Qué más falta
Por Carlos Robles Nava
Gracias a Dios y a mí edad, viví elecciones en las que votaban los muertos, es decir, se aprovechaban las antiguas boletas o tarjetones color verde que era la forma como “controlaba” las votaciones lo que fue en ese entonces el Registro Federal Electoral, ya que todavía no nacía la nueva tecnología del plástico y demás, ni mucho menos el IFE o el ahora rimbombante INE que es una simulación del reciente pasado con el único cambio de las siglas.
Para nuevas generaciones resulta extraño escuchar las expresiones en el sentido de que años atrás votaban en las elecciones hasta los muertos.
¿ Cómo lo hacían ?. Una vez fallecida o fallecido la o el ciudadano a quien perteneció esa tarjeta o boleta, lo aprovechaban no pocos, sino muchos líderes de colonias y dirigentes de partidos políticos que no pasaban de tres a cuatro, tradicionalmente el PRI, Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, (PARM) que no era otra cosa que un satélite del tricolor como lo son en la actualidad varios de la llamada “chiquillada”; el Partido Acción Nacional y en ocasiones el llamado Partido Comunista y era todo.
Ignoro si fuera de mi pueblo Torreón o Coahuila, existían otros partidos políticos más a los mencionados en esta columna.
El sistema era sencillo y simple, pues sobraban aquellos que a petición de su líder del sindicato si es que eran militantes de alguno o bien militantes de un partido político de preferencia del PRI, que se prestaban para acudir a las urnas y depositar el voto “identificándose” con la famosa boleta o tarjetón que si bien llevaba grapada la foto de a quien perteneció, las argucias para sustituirla tenían muchas variantes.
Igual fui testigo por mi trabajo como reportero de El Siglo de Torreón, del robo de urnas completas de líderes de ese entonces que a punta de pistola llegaban a la casilla y atemorizaban a quienes estaban recibiendo los votos, para consumido el hurto electoral huir en algún coche que ya los esperaba metros distante.
En aquellos aciagos años, pero no tan trágicos como los de ahora, al menos en la Perla de La Laguna, los principales “operadores” el día de las elecciones eran los legendarios y reconocidos líderes del transporte público urbano local de pasajeros Jesús Ayala y Severo Ortiz de la Rosa, el primero regenteaba un sindicato de autobuseros y el segundo de coches llamados en ese entonces “ruleteros” por estar enclavados en un círculo que comprendía la zona urbana de Torreón, pues eso de taxis es algo más moderno o de años posteriores a mi época de periodista.
Hago esta analogía por las elecciones del presente que ha aterrorizado a muchos mexicanos, a otros les ha creado una enorme inseguridad, sin faltar quienes rechazan los actuales sistemas o desarrollo de las campañas, etc.
Sobrada razón hay en las expresiones de rechazo que estamos viviendo los mexicanos y que llaman, malamente, democracia, pues si eso es democracia, entonces que es lo que se está viviendo en los casi tres a cuatro meses desde el inicio de las pre campañas y luego las campañas formales en donde lo que han sobrado las difamaciones, insultos, descartes, asesinatos de candidatos postulados, bloqueos, robos y saqueos a comercios, agresiones físicas entre grupos de distintos partidos, balaceras, secuestro de autobuses y destrucción en casetas de autopistas, destrozos en juntas distritales electorales, la participación de dizque 121 candidatos independientes que no se trata más que de chapulines o chaqueteros que al ya no tener cabida en ningún partido político, se lanzan de “libres”, probablemente porque extrañan los saqueos de dinero públicos que cometieron y quienes no han participado en comicios, es posible que deseen probar las mieles de la corrupción.
A esto hay que agregar la pasividad y tranquilidad como simple “observador” del gobierno federal de Enrique Peña Nieto, ante el desenfreno delictivo, pues no es otra cosa, de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, teniendo a su principal protagonista al Secretario de la Sección 22 de Oaxaca, Rubén Núñez, que además de latrocinios en negocios se ha dedicado a la quema de papelería electoral amenazando y gritando a los cuatro vientos que ellos se encargarán de que no haya elecciones dizque para “manifestarse” contra de la reforma educativa.
¿ Falta algo más por ver y conocer los mexicanos en materia de la “democratización” del país que no ha sido otra cosa que un mal ejemplo para la actual y futuras generaciones ?. (www.intersip.org)

