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Carlos Robles

La riegan y les vale

No me sorprendió ver y leer una noticia en un diario matutino de la capital coahuilense, sobre el hecho de que un camión de transporte de material para construcción a lo largo de muchas cuadras fue regando o esparciendo buena parte de su carga sobre la carpeta asfáltica del bulevar Isidro López Zertuche y aún cuando el chofer de esa unidad se daba cuenta de que iba regando esos desperdicios…

Mi Columna

La riegan y les vale

Por Carlos Robles Nava

No me sorprendió ver y leer una noticia en un diario matutino de la capital coahuilense, sobre el hecho de que un camión de transporte de material para construcción a lo largo de muchas cuadras fue regando o esparciendo buena parte de su carga sobre la carpeta asfáltica del bulevar Isidro López Zertuche y aún cuando el chofer de esa unidad se daba cuenta de que iba regando esos desperdicios, jamás se detuvo para poner remedio al mal que venía causando por su irresponsabilidad de no colocar lonas u otro materia encima de la carga para evitar el mal que iba causando a los conductores detrás de él.

Lo peor de todo, además de la indolencia de ese chofer materialista, es que hasta una camioneta pick up con policías abordo de su caja o parte trasera, dieron fe de la arbitrariedad y no fueron capaces ni les nació el detener el citado vehículo, sino ya para infraccionar, al menos llamarle la atención.

A esa indolencia y cierre de ojos de “a mí que me importa que la vaya regando el materialista”, hay que agregar la apatía e indolencia de decenas de peatones que vieron el riegue que iba haciendo el citado chofer y nadie fue capaz de reportar esa anomalía.

El reglamento de transporte municipal, estatal y el federal, establecen sanciones para todo aquel vehículo que transporte desperdicios de cualquier tipo y no asegure que vaya regándolos por las calles que transite, con lonas u otros materiales, bien atados para evitar irregularidades como la vivida en días pasados.

Esta anomalía no es nueva, ni tampoco exclusiva de Saltillo, pues existe en todas las ciudades de la Entidad, además de la ceguera de las autoridades locales, pues jamás intervienen.

En lo personal y por mis viajes por las carreteras de Coahuila, he vivido esa situación en repetidas ocasiones, cuando viajo a La Laguna, a la Región Centro, la Carbonífera o Norte de Coahuila, en el caso de los trailer´s y camiones de carga que transportan carbón, minerales u otro tipo de materiales que sin  ninguna protección buena cantidad de ese materia lo van esparciendo a lo largo de su recorrido, causando problemas e indicios de peligro a los conductores que van tras esa unidad.

A éste y otros muchos problemas que diariamente padecen las diferentes comunidades de los 38 municipios integrados por el Estado de Coahuila, hay que sumar la indiferencia no solo de las autoridades, sino también de los mismos ciudadanos que seguimos ignorando la cultura de reportar esos hechos y todos los que de una u otra forma causan problemas comunitarios.

Esto también se registra en camiones que transportan líquidos, preferentemente aceites o combustibles cuyo derrame en las carreteras o calles de las ciudades, han causado graves y hasta mortales percances cuando sobreviene el derrape de los neumáticos por la naturaleza de los mismos combustibles “regados” sobre el asfalto de calles y carreteras.

Han existido infinidad de casos en que la peligrosidad de estas “regazones o riegues” de materiales varios que ha sido necesario interrumpir la circulación de vehículos dentro y fuera de la ciudad, ante la amenaza que representa cualquier material extraño sobre el camino.

Como si fuese poco, esto no es solo en las carreteras libres, sino la problemática se ha extendido hasta en las carreteras de cuota del Estado, cuya responsabilidad de las empresas que cobran por su uso, no se tibian y menos se acongojan por mantener permanente vigilancia para tan pronto haya un derrame de cualquier líquido o material.

Somos, sin equivocarme, un país sin leyes, pues aunque éstas se promulgan, publican y dizque se ponen en vigor, además de que los ciudadanos no las acatamos, las autoridades no las aplican y ejecutan, siendo más el riegue de ignorancia y apatía que demostramos los ciudadanos junto con nuestras pasivas, tolerantes y pachorras autoridades.(www.intersi.org)