No hay peor pérdida en la vida que un ser cercano y querido como generalmente sucede con una hija o hijo, la esposa, los padres, hermanos, etc.
Mi Columna
Quien financia a los 43
Por Carlos Robles Nava
No hay peor pérdida en la vida que un ser cercano y querido como generalmente sucede con una hija o hijo, la esposa, los padres, hermanos, etc.
De ninguna manera soy insensible al dolor ajeno, aunque sería hipócrita y más que mentiroso decir que no reconozco el sufrimiento que trajo para los padres y demás familiares cercanos de las víctimas del artero y vil asesinato de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en Guerrero, pues entiendo por las que se pasa cuando se nos adelanta en el camino cualquier familiar y más siento de mucha cercanía y particularmente tratándose de una hija o hijo, aunque el dolor es en todos los casos.
Estamos a escaso dos días y un mes de cumplirse un año de lo que se ha llamado los 43 normalistas “desaparecidos”, aunque en lo personal no estoy de acuerdo en esa definición, pues sin ser cruel, pero si realista, para mí estos desafortunados chavos futuros maestros, más que desaparecidos, están muertos.
No tengo pruebas y menos elementos para decirlo así tan abiertamente, mi razonamiento está basado en los argumentos esgrimidos por los diferentes grupos que se han unido al peregrinar de padres, familiares y amigos de estos “desaparecidos” y a la invocación permanente hecha en las marchas de “se los llevaron vivos y los queremos vivos”, así como la suposición de que los tenían retenidos en algún cuartel militar del país o bien de que alguna autoridad policiaca los mantenía secuestrados.
Sobre esas convicciones de los parientes de los 43 normalistas, siempre me pregunté: ¿Y para qué retener o secuestrar a 43 personas, que definitivamente hay que emplear la lógica, cómo movilizarse sin ser vistas las maniobras, para tantos meses darles no solo techo, sino alimentos, cobija y para que retenerlos?.
Infinidad de interrogantes se vinieron a mi mente durante todo el 2014, después del 26 de septiembre en que sucedieron los dolorosos y lamentables hechos, dudas y preguntas que se multiplicaron los primeros meses del 2015 y no aparecían los “desaparecidos”.
Yo también deseo y pido al Todopoderoso que esos 43 jóvenes aparezcan o los entreguen vivos, aunque no sé cómo habrán de hacerlo, en este caso las autoridades policiacas y militares señaladas como quienes participaron en la, para mí, matanza, suceso que los mexicanos en general consideramos que así fue.
Esta semana leí en la prensa que los padres de los 43 convocarán el 26 de este agosto, una huelga nacional, sin más razonamientos de cómo paralizarán al país, así como otros pormenores.
La matanza o desaparición de los 43 normalistas ha servido y esto esta testimoniado en los hechos, para la realización de marchas, mítines y manifestaciones en las que los ganadores han sido grupos que buscan obtener “ganancia en el pastel”, como se dice en esos movimientos.
Esas movilizaciones igual han sido para saquear comercios, incendiar y destruir oficinas públicas, arrasar o robarse computadoras, equipo de oficina, etc., es decir, se convierten en actos de rapiña, sucediendo igual con el cierre o bloqueos de carreteras para “extender el bote” de recolección de la ayuda “voluntaria” de los conductores de vehículos que les tocó la mala suerte de encontrar tomadas las casetas de cobro de las autopistas de cuota o paga.
Así como del otro lado o sea de los 43 desaparecidos hay múltiples preguntas, dudas e inquietudes, también del lado de los ciudadanos comunes y corrientes, llama mucho la atención y no encuentra respuesta esa movilización internacional que han hecho padres, familiares y normalistas.
Los medios de comunicación nos han hecho saber de la aparición de familiares de los 43, en la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York; en varias capitales de entidades norteamericanas, en Canadá y como si fuese poco, en España, Bélgica, Italia, Inglaterra, Holanda, Francia, Gibraltar y otras naciones del viejo y nuevo mundo, sin faltar su presencia en Estados de la República Mexicana, incluyendo a Coahuila, particularmente Torreón y Saltillo. Además del sostenimiento de las familias de los desaparecidos, pues los jefes de familia y algunas madres que andan en este peregrinar, es decir, para vivir y sobrevivir hay que trabajar, pues no conozco otra forma.
Me llama la atención de donde salen los recursos, quiénes los aporta, de que fondo provienen y más cuando estos lamentables hechos ocurrieron en momentos en que el dólar dejó su variante cambio de moneda pasando de un promedio de 13 dólares hasta septiembre y octubre del 2014 a un vaivén y volatilidad de un dólar que ha promediado desde los 15 y 16.50 pesos mexicanos, sin sumar el incremento no solo en las tarifas áreas, sino en alimentos y albergues, hostales, posadas u hoteles de “medio pelo”.
Los padres de estos 43 desaparecidos son gente sana del campo y pregunto: ¿Estarán detrás de esto, otros intereses que son quienes costean los gastos de esta extraordinaria movilización?. Disculpen lo incrédulo que soy, la vida así me ha hecho. (www.intersip.org)

