Mi Columna
No más chicle, por fa…
Por Carlos Robles Nava
El “pegadero” o “embarradero” de chicles en los pisos de las banquetas de las calles de las ciudades de Saltillo y en especial en su centro histórico, no solo es por cuestión de imagen, sino por higiene, pues es toda una verdad que son verdaderos problemas de salud pública.
De acuerdo con las autoridades Sanitarias, un chicle, cada uno de ellos que se arroja en la vía pública contiene 50 mil bacterias que por lógica y debido a diferentes circunstancias llegan al cuerpo de las personas cuando se tiene contacto directo, por alguna situación, siendo más proclive en pequeñines que sin saber los riesgos que se corren, lo levantan con sus manos y aunque no se lo lleven a la boca, en principio ya llevan algunos miles de las bacterias.
Otro caso común es cuando algún transeúnte o paseante por el centro histórico se “embarra” la suela del calzado con alguno de los miles y hasta millones de chicles que los “cochinones” arrojan al piso de las calles. Esa persona que por accidente se llevó en la suela y a su casa un chicle, es común que al darse cuenta pretende quitárselo con las uñas o yemas de los dedos atrayendo consigo las bacterias acumuladas en esa goma de mascar.
De acuerdo a investigadores y autoridades de Salud, los microorganismos son unicelulares procariotas que llegan a causar en caso de no atenderse oportunamente enfermedades como tuberculosis, cólera, sífilis, escarlatina, difteria y tifus, dependiendo del contenido de microorganismos del chicle ajeno con que se llega a tener contacto, pues no hay que olvidar y tenerlo siempre en la mente, que todo este producto contiene saliva que bien puede venir de gente sana, pero lo peor e impredecible que pudo haber sido arrojado al piso, no por un simple “cochinón”, sino para acabarla, un enfermo o contagiado por alguna de las enfermedades mencionadas líneas arriba.
La goma de mascar tiene casi 150 años de que salió comercialmente de la sabia de árboles de selvas tropicales de América y de años muy atrás a la fecha, predominan los chicles producidos a base de plástico neutro y acetato polivinílico.
Por otro lado y de acuerdo a opinión de dentistas, el masticar chicle además de no ser sano, causa disfunciones en la dentadura al grado de que es necesario reemplazar piezas dentarias por la caída de éstas, particularmente muelas o bien se tiene que recurrir a usar guardas, causando su masticar en demasía caries, desgaste de los dientes, gastritis por laceración extra de saliva, enviando burbujas de aire al interior del organismo provocando gases aparte de complicaciones intestinales.
El pasado sábado 12 de este mes patrio, desde temprana hora de la mañana, chavas y chavos de diferentes escuelas del Colegio de Bachilleres de Coahuila, así como del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos de Coahuila, de la Secretaría de la Juventud en el Estado, de la Secretaría de Salud y del DIF Estatal, emprendieron fuerte “talacha” para con cuchillas o espátulas ir quitando chicle por chicle y a lo largo de la calle Victoria en el Centro Histórico, en un acto loable y encomiable porque a ellos si les da vergüenza lo que hacen los “cochinones” y por respeto a la salud de adultos y pequeños que por descuido tienen contacto con uno de esas contaminantes gomas de mascar.
Inclusive, la señora Carolina Viggiano, Presidenta del Voluntariado del DIF en Coahuila, personalmente anduvo con espátula o cuchilla en mano, uniéndose así a esta noble tarea en beneficio comunitario.
Fue tanta cantidad de gomas de mascar retiradas por la de Victoria que de haberse tenido la intención de recogerlas en una sola unidad y pesarla, es un hecho que se hubiera roto un récord Guinnes, premio vergonzoso que hubiese quedado para la historia y fama de la “Atenas del Norte”.
Muchos de esos chicles por su resistencia de ser retirados de las banquetas, aún quedan sus vestigios en remarcadas manchas que simulan lunares o pecas convirtiendo a la de Victoria como la calle más “pecosa” de Coahuila.
Sino no ayudan, no estorben “cochinones” arrojando al piso sus chicles, sin olvidar que por azares de la vida, por tu culpa y la goma de mascar que avientas sobre el piso de las banquetas, puede resultar contagiado de tus microbios algún familiar cercano. (www.intersip.org)

